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VIII 100 KM de Caldes "Corre Pels Que no Poden"


Los 100 kilómetros de Caldes son una prueba 100% solidaria con la Asociación Afanoc y la Casa dels Xuklis, en circuito de pista con poco desnivel y 2.500 metros por vuelta, completando la distancia en 40 repeticiones.

El año pasado, el director de la prueba le escribió a mi padre en Facebook pensando que era yo y así descubrí la prueba, pero era muy precipitado organizar el viaje y estaba tocado tras el Spartathlon.

Este año sin embargo tenía claro que participaría, como así lo hice el pasado fin de semana.

Casualidades de la vida, tenía amigos en común con Paco Robles, el director de carrera, como Paco Contreras y de hecho, le había estado haciendo el seguimiento en los 6 días de Francia de 2018.

Me llamó mucho la atención verle correr con una camiseta con agujeros en los pezones así como con una gorra de colores con lunares y sobre todo, su actitud calmada y positiva ante las inclemencias de la prueba.

Lo reconocí de inmediato en las 24 horas de Barcelona 2018, donde compartimos docenas de vueltas y muchísimas horas en aquella pista azul.

Sin haber hablado nunca con él desde el primer momento supe que era una gran persona, además de un gran ultrafondista, como certificó mejorando su marca en 24 horas.

Volvimos a coincidir este año en el Gran Festival del Ultrafondo Pedestre de Murcia, en la que ambos participamos en las 48 horas y de nuevo, tanto él como su equipo de apoyo, nos ayudaron a mi hermana y a mi en todo momento, como si nos conociésemos de toda la vida.

Por eso, aunque familiares y amigos estaban muy preocupados por los disturbios mostrados en los medios de comunicación en Barcelona a raíz de la sentencia del procés y no querían que viajase, no dudaba en que todo iría bien.

Caldes está a cerca de un maratón de Barcelona y como confirmé al charlar con mis amigos catalanes, ni la situación es tan mala como la pintan ni es igual en todos los puntos de la capital.

Además, una semana antes de la prueba contactó conmigo Juan Calderón, corredor del Club Atletismo Torremolinos que quería estrenarse en 100 kilómetros en ruta con objetivo de hacer la mínima para entrar en el sorteo del Spartathlon 2020.

Viajaríamos juntos, conviviríamos juntos y correríamos juntos, no quería perderme la experiencia.

Es verdad que no contábamos con la huelga general del viernes, pero como íbamos con tiempo (aterrizamos en Barcelona pasadas las 3 de la tarde), llegaríamos bien.

Normalmente la frecuencia de los Rodalíes (cercanías) es de 20 minutos, pero con motivo de la huelga, pasaban cada hora aproximadamente.

Cogimos el nuestro a las 16:30 con idea de bajarnos en Clot y coger el autobús E9, directo a Caldes, donde nos esperaría Paco, pero tras algo más de 40 minutos esperando, la web nos indicó de que la línea había quedado cortada.

Contactamos con Paco y nos dijo que cogiésemos tren a Mollet, donde vendría a por nosotros, así que tras almorzar volvimos a la estación y estuvimos esperando una hora larga en un andén abarrotado.

Desde nuestra posición, Juan y yo veíamos otro andén donde el tren se fue dejando a bastante gente fuera y al igual que nosotros, todas las personas a nuestro alrededor lo vieron.

Hubo un momento tenso en el que todos nos aproximamos al borde del andén justo cuando llegaba el tren, pero al final y tras mucho apretarnos, no se quedó nadie en tierra.

Cogimos el tren a las 6 y media, llegamos a Mollet a las 7 y nos recogieron Jade y Fito, amigos de Paco alrededor de las 8.

Constantino, que venía en coche desde Galicia, me llamó camino a Caldes y finalmente llegamos casi a la vez a Torre de Marimon, donde nos esperaba la autocaravana que como cada año, Paco cedía a los corredores que veníamos de fuera.

Además acoge en su propia casa a corredores, pero desde que la vi en Murcia yo estaba enamorado de la caravana; Cons dormiría en ella por tercer año consecutivo, por algo sería.

Tras instalarnos y dejar las cosas entramos al circuito, donde Santi, otro de los organizadores, ultimaba los detalles para dejarlo todo preparado y nos fuimos a casa de Paco.

Allí estaban ya Isaac Barragán, ultrafondista asturiano al que ya conocía (aunque de noche me costó reconocerle) y su mujer, a quien no conocía pero era un amor de persona, como él.

Tras presentarnos a su mujer y sus hijos nos invitó a cenar y por mi parte me hubiese quedado charlando hasta el amanecer, pero el viaje había sido largo y los 100 kilómetros comenzarían a las 7 de la mañana, por lo que habría que descansar.

El ambiente fue muy distendido, intercambiando anécdotas sobre nuestras pruebas y aventuras, recomendándonos carreras y charlando sobre la vida en general.

Volvimos con Cons a la caravana y tras otro buen rato de charla y una vez lo dejamos todo listo, puse la alarma a las 5:50 de la mañana y caí rendido en la litera superior de la parte trasera.

Cuando sonó el reloj y me incorporé me di cuenta de que se escuchaba ya movimiento fuera y mientras terminaba de desayunar, una naranja y un mollete de pan, los primeros corredores fueron llegando al circuito y encendieron la música.

Hacía algo de fresco aunque no era muy desagradable, por lo que decidí ponerme una camiseta de manga larga y guantes para las primeras vueltas.

Isaac no había cogido frontal, pero en previsión de que pudiese pasar algo así, había llevado dos; por mala fortuna las pilas estaban agotadas, pero Paco tenía, así que solventamos el problema.

Ya veía caras conocidas, como Mia o Yoel algunas en persona y otras de las redes, como el caso de Alberto "Barefoot".

La propia María, mujer de Paco nos hizo entrega a mi y mi tocayo de nuestros dorsales (allí todo el mundo se implica en la prueba) y nos fuimos integrando con unos y con otros mientras la recta de meta se convertía en un hervidero de corredores nerviosos.


Recogida de dorsales

Preparando los agujeros para el portadorsal

Concentración...

Momentos previos al inicio de la prueba

Briefing de los 100 km

¡Salida!
Finalmente comenzamos varios minutos después de las 7 de la mañana, a fin de que ningún rezagado se quedase en tierra, todos preparados con nuestro frontal para recorrer las primeras vueltas en oscuridad hasta el amanecer.

La carrera comenzó a un ritmo frenético y nada más salir del campo de fútbol me comencé a quedar descolgado, pero casi lo prefería, ya que 100 kilómetros dan para mucho y así podía correr a mi ritmo desde el principio.

Sabía que Juan venía fuerte, como demostraron sus 2:37 en el pasado maratón de Sierra Nevada, y aunque le faltaban kilómetros, confiaba en que lograse la marca para correr en Grecia el año que viene.

Del mismo modo, Isaac venía hecho un toro, con idea de rondar 8:30, así que con corredores conocidos, al menos de inicio, no podría rodar.

Intentaba prestar atención a los giros del trazado y al firme con idea de recordarlos de cara a las posteriores vueltas, pero la verdad es que entre la emoción de la salida y la concentración en ritmo y respiración, completé la primera vuelta casi sin darme cuenta.

Llevaba ya los guantes en la mano y la camiseta de manga larga remangada; iba ya sudando, así que en la siguiente vuelta lo dejaría todo.

Una vuelta completada, ¡quedan 39!
Notaba que la primera vuelta me había dejado llevar con el ímpetu de la salida, así que aproveché el paso por la segunda vuelta para dejar la camiseta de manga larga y los guantes y distanciarme un poco más de los frontales que llevaba delante.

Por instinto, aceleraba en los tramos con pendiente a favor para unirme a ellos, así que si los perdía de vista podría correr más relajado.

Escuchaba desde detrás como se acercaba Israel con su handbike y me apetecía rodar una vuelta con él, pero cuando pasamos por la derecha de la depuradora lo fui perdiendo, por lo que continué mi avance en solitario.

El amanecer ya se intuía pero el frontal aun era necesario, así que decidí dar una vuelta más y parar un momento a beber y a soltarlo.

Completé una vuelta solo y tras parar un momento en la recta de meta, retomé la marcha a un ritmo un poco más tranquilo.
Ya sin frontal...
Saliendo el campo de fútbol me sorprendió una voz muy conocida, que me preguntaba si me había venido arriba hacía un par de vueltas, ya que iba tratando de cogerme y no había manera.

No conocía al corredor, pero tenía la misma voz y la misma forma de hablar que Daniel Cruces García, primo de mi pareja.

Me cayó fenomenal al instante y empezamos a charlar sobre los ultras, el Spartathlon y nuestras propias vidas en general.

No se que tiene el ultrafondo pero te abres de forma que pocas veces lo haces con personas a las que apenas conoces y las amistades que se forman en carrera son siempre especiales.

En este caso además, nuestro encuentro parecía una conspiración del destino, ya que este corredor, Mateo García, era el padre de Jade, la chica que nos recogió la tarde anterior.

Él iba a correr el maratón, pero en el equipo de su hija y su yerno, Fito, faltaba un componente, así que finalmente decidió correr con ellos y hacer el primer relevo.

Además, casualidades de la vida, la familia de su mujer es de Periana (en Málaga, yo tengo familia en Mondrón, a 5 kilómetros) y tenían un cortijo en Alhama de Granada (el pueblo de mi madre).

Avituallamiento sincronizado

Repostando...
Estuvimos corriendo juntos y pasando un muy buen rato hasta las 2 horas de carrera, cuando le hizo el relevo a Fito y me dijo que hablase con Jade cuando hiciese el relevo, ya que ella viajaría el domingo a Málaga también y podría irme con ella.

También me insistió en que bebiese más justo antes de abandonar el circuito, ya que veía que invertía poco tiempo en el avituallamiento.

Bebo poco cuando corro y especialmente cuando le echo cosas al agua, como el Maurten en este caso, que junto a barritas Triforza serían los pilares de mi nutrición en carrera, pero trataría de beber más.

No había prestado atención al ritmo hasta ese momento y me sorprendió ver que había recorrido ya 23 kilómetros, muchos más de los que esperaba llevar tras 2 horas corriendo.

Aun así o todos habíamos salido muy rápido o el circuito era muy veloz, ya que ya me habían doblado ya Mia Carol y Antoni Badia, que me saludaron efusivamente al alcanzarme, Juan Calderón e Isaac Barragán, entre otros.

De noche todos los gatos eran pardos e imaginaba que el resto de corredores que me habían doblado pertenecían a los equipos de relevos, pero tampoco era algo que me preocupase, ya que yo iba a hacer mi carrera.

Ahora que correría "solo", me puse a ritmos de entre 5:30-6:00 minutos el kilómetro, un ritmo que aunque aflojase en los segundos 50, me permitiese intentar el asalto al sub 10 horas.

Pero en mi fuero interno sabía que era poco probable que lo consiguiese, especialmente tan cerca del Spartathlon y tras haber pasado una semana parado por la bursitis infrarotuliana que desarrollé en la cita griega.

Iba, ciertamente, con un poco de miedo de que volviesen los dolores a la rodilla izquierda, pero sin embargo, lo que me sobrevino en el kilómetro 30 fue un pajarón de aúpa.

Llevaba las piernas completamente muertas, sin dolores raros en ningún lado, lo que por un lado me preocupaba, ya que quedaba aun el 70% por delante, pero por otro era un alivio, ya que iba camino al primer maratón y la rodilla iba fenomenal.

Esa cara de sufrimiento-alegría...
Ahora que iba mucho más lento, al menos, podía disfrutar del circuito, que era una auténtica pasada.

Cierto es que podía ser más llano, pero en comparación con el circuito de Santander, mis primeros 100 km en ruta, era mucho más llevadero.

Además, me recordaba mucho al circuito de las ya extintas 24 horas solidarias de La Breña, una de las pruebas que me conquistó y me introdujo de lleno en el ultrafondo.

Los dos tramos de pinar que atravesábamos me transportaban de nuevo a la marisma gaditana donde tan mal y tan bien lo pasé en las dos ediciones en las que pude participar.

El tramo de meta era una fiesta y bueno, la recta larga tras salir del campo de fútbol siempre había alguien con quien charlar.

En su segundo doblaje, mi tocayo Juan Calderón me animó a unirme a él, pero debía ir a un ritmo cercano a 5 minutos el kilómetro y yo ya solo bajaba de 5:30 en los tramos de pendiente a favor, así que le animé a continuar.

Me dijo que iba notando el paso de los kilómetros, pero quería continuar fuerte hasta pasar el ecuador de la carrera, cambiarse de zapatillas y bajar el ritmo con idea de entrar por debajo de 10 horas.

Isaac, Mia y Antoni, entre otros, me animaban cada vez que me pasaban, preocupados por si me pasaba algo, pero lo bueno era que no, simplemente no tenía fuerzas para correr más rápido, pero como no tenía prisa, sabía que tarde o temprano, completaría las 40 vueltas.

No tardaron en unirse a nosotros los corredores del maratón y con los ánimos de más amigos del ultrafondo como Mayte o Mario, las vueltas se hacían muy amenas.

Cuando no coincidía con Luis, a quien conocí en las 48 horas de Murcia y con el que me iba adelantando lo hacía con alguno de los corredores de cabeza que me doblaban o, doblaba yo a otros que fuesen a un ritmo más tranquilo como a José Alfonso, a quien conocí también en Los Alcázares.

Iba prestando atención al terreno para contener el ritmo e incluso caminar en algunas de las subidas y a la alimentación, tratando de tomarme al menos una barrita por hora y bebiendo aunque el cuerpo no me pidiese agua.

Pasé el primer maratón en 3h 53 y el ritmo ya iba en picado, caminando consistentemente durante cerca de un kilómetro por vuelta de los 2.500 metros que teníamos.

Trotaba todas las zonas a favor y algunas en contra, especialmente si ello me permitía charlar brevemente con algún corredor, por lo que aunque ya promediase 6:30-7:00 minutos el kilómetro, las vueltas iban cayendo.


Apretando un poco al oír pasos...
Aprovechando un momento de mejores sensaciones la vuelta después de comerme una barrita, me puse a trotar casi a cerca de 6 y me sorprendió ver a mi tocayo caminando.

Llegué hasta él y le pregunté como iba y me dijo que llevaba las piernas muertas, le estaban molestando las zapatillas y ahora que comenzaba a apretar el calor empezaba a tener molestias estomacales.


La recta se hacía más larga conforme apretaba el sol
Había estado corriendo con Cons cuando comenzó el maratón (y de hecho lo había acabado dejando atrás) pero ahora estaba en un momento delicado.

Le animé a continuar y caminamos juntos, pero me dijo que iba a apretar hasta el 50, cambiarse las zapatillas y ver si el estómago mejoraba, tras lo que aceleró y se perdió al trote camino a la meta.

Antoni me había dicho en una de las veces que él y Mia me habían doblado que luego echaría un trote conmigo y poco después de pasar yo el kilómetro 50 (4:50:28) y hacer una rápida parada para cambiarme de las Vivobarefoot a las Stone, comenzamos una vuelta trotando juntos.


Mucho mejor...
Notaba ya un poco de molestia en el empeine izquierdo pero con las sandalias iba genial, así que lo alcancé y me puse a trotar a su lado.

Me comentó que al final, por una cosa u otra, siempre acababa haciendo varias vueltas caminando en esta prueba, por lo que aprovechaba los primeros 2 kilómetros para trotar y ascendía caminando los 500 metros que separaban el inicio de la única cuesta de verdad del recorrido con la entrada al campo de fútbol.

Llevaba muy buen ritmo, pero en el tramo que hacíamos caminando podía recuperar fuerzas para volver a trotar otros dos kilómetros.


Con una liebre de lujo
Estuvimos charlando sobre pruebas como el Spartathlon, los 100 km de Pía, las 100 millas de Alemania, los disturbios de Barcelona...

Fueron unas 10 vueltas consecutivas a su lado si mal no recuerdo, quizás alguna más o quizás alguna menos.

Como paraba menos que él en el avituallamiento, le esperaba caminando hasta que me alcanzase, normalmente antes de salir del campo de fútbol, pero hubo una vuelta en la que se tomó un gel y salió a muy buen ritmo.

Yo llevaba un rato con molestias estomacales y me costaba seguirle, pero pude alcanzarle y acabar esa vuelta con él.

Le pregunté qué gel era porque le veía muy entero y mucho más animado y me enseñó el envoltorio, uno de Powerbar, pero no quería arriesgarme a tener que parar de emergencia para ir al baño, cosa que al final, sucedió.

Fue en el kilómetro 68,5 aproximadamente, al final de la recta larga tras el campo de fútbol...

Me dio el apretón al principio de la misma y tuve que ponerme a andar, mientras buscaba desesperado algún lugar apartado donde evacuar.

A la derecha tenía un sembrado y a la izquierda los cultivos experimentales del IRTA, rodeados con una cinta electrificada, por lo que ahí, desde luego, no era opción.

Aguanté hasta el final de la recta, rodeé los árboles del margen del camino con la esperanza de encontrar algún bosquecito o algo apartado pero había otro sembrado, así que me acurruqué entre los árboles para obrar.

Salí mucho más ligero y encontrándome mucho mejor, me lancé en la bajada hacia el giro de la depuradora y de repente, noté un pinchazo en el gemelo izquierdo que me hizo parar de golpe.

Probé a continuar caminando y nada, cero dolor, así que decidí completar la vuelta andando y volver a trotar al comienzo de la recta larga de la siguiente vuelta.

Completé los 70 kilómetros, llegué al inicio de la recta y probé a trotar de nuevo, pero otra vez, aunque con algo menos de intensidad, me molestaba el gemelo.

Repetí el proceso en las vueltas siguientes y decidí que acabaría andando la distancia que me quedaba, siempre y cuando no tuviese molestia ninguna al andar.

A una semana de la primera Backyard en España no iba a ganar nada corriendo con dolor y así al menos podría entrenar el andar, que sin duda me sería necesario para completar el mayor número de bucles posible.

Me animaba ver que caminando a mi ritmo iba adelantando a otros corredores, a los que animaba a seguirme, como Yoel, que tras unos primeros 60 kilómetros a muy buen ritmo completaría los 100 kilómetros caminando como parte de su entrenamiento o Alberto, entre otros.

Incluso Paco Robles daba una vuelta de vez en cuando para acompañar a los corredores que veía más tocados.

De hecho, cuando me vio parado quitándome las calcetas y me preguntó que pasaba, fue a por crema fría mientras completaba la vuelta y vino corriendo a dármela a la salida del campo de fútbol, un detallazo.

Durante la siguiente vuelta me adelantó Isaac otra vez más, que pese a tener problemas en la rodilla estaba haciendo un tiempazo y me preguntó si Juan se había retirado finalmente.

Lo había visto regular desde que había comenzado a apretar más el calor, pero esperaba que al menos continuase en carrera.

Finalmente no fue así, completó 77,5 kilómetros en 7:08:50 pero echó números y ahora que se encontraba tan mal y solo podía andar, no le salían las cuentas para bajar de las 10 horas que se exigen como mínimo para entrar en el sorteo del Spartathlon.

Paré un momento para avituallarme mientras hablaba con él y Cons, que ya había finalizado el maratón, me echó un poco de réflex en el gemelo izquierdo y en la rodilla derecha, que al intentar trotar comenzaba a molestarme un poco por la compensación.

Probé a trotar de nuevo tras varias vueltas, pero como el pinchacito seguía, me resigné y eché números yo también.


Pensativo...
Como mucho se me iría a 12 horas y media y como andando me encontraba bien, seguí adelante.

Pasé el segundo maratón en 9:44:02 y ya solo quedaba descontar, 6 vueltas y media y estaría todo listo.

Conforme los corredores del maratón y de los equipos fueron finalizando sus respectivas pruebas el circuito comenzó a quedarse más vacío.

Entre eso y los corredores de los 100 km que o bien habían acabado ya o se habían retirado, cada vez pasaba más rato solo en el circuito, pero entre los ciclistas y las familias que se acercaban al circuito a pasear, no había vuelta que no me cruzase con varias personas.

Además, la familia García volvía al circuito, con Jade encargándose de los relevos.

Las vueltas fueron cayendo a la par que el sol, que a cada paso por meta se iba ocultando más y más.

Como me había prometido, Mateo se unió a mi penúltima vuelta y la completamos juntos, dejándome en la meta para que me gustase en la cuadragésima vuelta al circuito.

Tras dejar atrás la recta de después del campo de fútbol la sombra cayó sobre el circuito por completo y tuve que quitarme las gafas de sol, entrando a meta mientras la oscuridad se cernía sobre Torre de Marimon, dando paso a la noche.


Feliz
Para mi sorpresa, pese a caminar (a buen ritmo eso sí) durante las últimas horas, había conseguido el tercer puesto senior.

¡Meta!
Hubo muchos abandonos, sobre todo debido al calor, por lo que al final, como rezaba el eslógan de la Breña, "quien resiste, vence".


Trofeo y medalla, muy originales
Tras ponerme una camiseta de manga larga en la autocaravana, acudí a la zona de masaje donde Cons estaba terminando con Jade y después se empleó a fondo con mis piernas.

Mi pierna izquierda estaba bastante cargada pero en la derecha apenas notaba molestias en los puntos gatillo.

María se ofreció a llevarnos a mi y a Juan a su casa para ducharnos y tras volver, echamos una mano en lo que pudimos para dejarlo todo lo más recogido posible.

La carrera había terminado pero la experiencia continuaría más allá de la cena que compartimos con Paco, María y Santi aquella noche, ya que a la mañana siguiente habían reservado las termas del balneario.

Por desgracia (o por suerte), nosotros nos levantaríamos a las 5 de la mañana para que Fito nos llevase junto a Jade al aeropuerto y así terminaba nuestra aventura.

Es verdad que ha sido una paliza de viaje para recibir otra paliza física, pero como dicen, sarna con gusto no pica y yo repetiré encantado en cuanto tenga la ocasión.

Eso si, para la próxima, las termas no me las pierdo, tengo que ampliar la hora de retorno.

Muchas gracias a Paco, María, Santi, Mateo y todos los responsables de sacar adelante este pedazo de evento, hace falta más personas como vosotros.

¡Hasta pronto!

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