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VI 24 Horas Solidarias La Breña Xtreme


Algo agotado aun tanto física como mentalmente de la titánica experiencia vivida este fin de semana en Barbate, comienzo esta crónica, en la que trataré de narrar lo más fielmente posible mi experiencia por el Parque Natural La Breña y Marismas de Barbate.

No me extenderé mucho en los detalles para no perderme en ellos, ya que fueron muchas horas corriendo por los mismos caminos y tengo dudas con respecto a qué pasó antes o después en algunos momentos y con quien me fui cruzando; tras esta breve introducción entremos en materia.


Este año mi objetivo era el mismo de la anterior edición, pero llegaba con todo entrenado, preparado y organizado.

A las 8 y media pasadas aparcábamos mis padres y yo en la explanada cercana al polideportivo, retirábamos el dorsal y, tras degustar un excelente atún encebollado (por mi parte), nos fuimos al hostal a dormir.

Me había reencontrado con Antonio, que el año pasado me trasladó del segundo punto de control al polideportivo en mi cuarta vuelta, o con Francisco Valencia, que este año no disputaría la prueba por primera vez, al encontrarse como organizador (entre otros muchos), y me pareció por un momento que el tiempo se había detenido en el polideportivo, justo en mi retirada el año anterior.

Mientras preparaba todo mi padre decidió que correría conmigo la primera vuelta (siempre viaja con la ropa de deporte y las zapatillas preparadas), y aunque traté de disuadirle debido a la dureza del circuito, la previsión de calor y el hecho de que sigue con quimioterapia, él estaba decidido.

A la mañana siguiente, tras dejar mi maleta con todo preparado en el polideportivo y depositar los kilos de alimentos no perecederos, se inscribió y nos preparamos para tomar la salida.

Padre e hijo, antes de la salida
No quería dejarlo solo, pero tenía en mente que quería rondar 3 horas en la primera vuelta, por lo que cuando vi al grupo de Susmuráis me acerqué a saludar (nos saludamos mutuamente), y, casualidades de la vida, uno de los Susmurái, que me conocía, al igual que mi padre, había sufrido un linfoma no Hodgkin.

Estaba algo más tranquilo porque sabía que ya conocía a gente (aunque para eso mi padre no tiene problema) y que si necesitaba una mano tendría gente con experiencia y muy buena voluntad cerca.

Como el año pasado, en mi debut en la prueba, los corredores del Trail Bronce Solidario (28 kms) tomarían la salida junto a nosotros, que en la primera vuelta compartiríamos camino y en las demás evitaríamos el bucle, completando 25 kilómetros por vuelta.

Vuelta 0 - 00:00 horas en carrera, kilómetro 0

Nos colocamos en una posición adelantada, a la derecha del arco, donde nos encontramos al camarero que nos atendió en la Peña del Atún la noche anterior (excelente servicio y delicioso atún), y con muchas ganas e ilusión, tomamos la salida, medio en falso, al tardar en explotar el cohete que la señalizaba.

Estábamos en movimiento; y así debería permanecer durante al menos 23 horas para lograr mi objetivo.

Por ello, había planeado una primera vuelta en 3 horas, similar al tiempo que quería tardar en la segunda, pese a tener 3 kilómetros y bastante desnivel menos, para ir recordando el circuito y no desgastarme en exceso.

En cuanto llegamos al pinar, que llevaba semanas recorriendo en sueños, le dije a mi padre que afrontásemos la cuesta andando.

Muchos corredores decidieron subir al trote, alguno incluso corriendo, pero al llegar a la segunda cuesta la arena comenzaba a hacer mella en alguno de los más audaces, que ya se echaban las manos a los muslos y, resoplando, bajaban el ritmo.

Nosotros habíamos decidido atacar con cabeza y ritmo desde abajo y adelantamos a alguno, aunque no quería alargar la zancada para dejar a mi padre atrás, cuando, al coronar una de las lomas y notar el terreno más duro, comenzó a correr, zigzagueando entre los demás corredores, y me obligó a cambiar el ritmo para seguirle.

La escapada no duró mucho (hasta que el suelo, duro, volvió a tornarse arenoso), y lo alcancé sin demasiado problema.

Ese es uno de los retos más importantes, tanto del Trail Bronce Solidario (menos), como de las 24 horas (vital): dosificarse adecuadamente en los tramos arenosos (más de un tercio del recorrido) y en las pendientes, especialmente pronunciadas en la primera mitad del mismo.

Para los que no conozcan la prueba de 24 horas (formato muy raro de encontrar en España), el recorrido es el más duro y exigente que conozco en una prueba de sus características (y he investigado mucho), ya que suelen limitarse a circuitos prácticamente llanos de entre 1 y 3 kilómetros donde las necesidades nutricionales del corredor están limitadas al milímetro.

Así, no es extraño que un corredor "estándar" supere las 100 millas en 24 horas, y los élites más de 225 kilómetros, pero esta prueba combina el atractivo de las pruebas de 24 horas con el espíritu del Ultra Trail.

Son 24 horas en un circuito inmenso, laberíntico, con un terreno muy exigente y en carácter de auto suficiencia, lo que hace que, según el planteamiento de carrera individual, haya que portear hasta 3 y 4 kilos encima desde el primer minuto (2.300 gramos en mi caso).

Ahí estábamos, dejando atrás el cartel del kilómetro 3, a 25 de completar yo mi primera vuelta y mi padre su no poco exigente competición, justo cuando mi padre me dijo "avanza un poco, que ahora te alcanzo", y mantuve el trote camino a "La Trampa", el tramo arenoso más exigente del circuito.

La Trampa, vista desde arriba.

El año pasado había llovido previamente y la arena estaba bastante compacta, pero este año además de la escorrentía, al cumplir la función de cortafuegos natural, La Trampa se había rastrillado para evitar que creciese en él vegetación, con lo que la arena estaba más movida que nunca.

El año pasado la presencia de la arena había sido todo un quebradero de cabeza, y mi lucha contra este molesto elemento derivó en mi prematura retirada debido a problemas circulatorios.

Raro era el corredor que no llevaba zapatillas lo más gruesas posible, con polainas y recubiertas con calcetines de ejecutivo, en contraposición con mis pies, que este año calzaba las Nunche 2.

"Si no puedo luchar contra la naturaleza, me uniré a ella", fue mi pensamiento cuando opté por ellas como calzado principal para la prueba.

En ocasiones la decisión más simple es la más eficaz, y pese a que en los primeros kilómetros tenía algunas dudas, ahora me sentía completamente seguro de que había acertado con mi decisión.


Llegando al kilómetro 4, deslizándome por La Trampa
Sin ánimo de dar la brasa con una charla espiritualista o "hippie", al correr con huaraches me sentía conectado a La Breña; correr era algo fácil y ligero, y volver a los caminos que el año pasado me quedé a medio recorrer me hacía muy feliz.

Poco después pasaría mi padre, que sin necesidad de polainas ni calcetines de ejecutivo pero sin ser "fan" de las "chanclas", avanzaba con una tenacidad de hierro, tras mi estela.


Mi padre, señalando a Cudeca, a quien queremos dar visibilidad por su labor
Sabia que estaba bien, así que aunque mantuve un ritmo en llano cercano a los 6 minutos el kilómetro, en los primeros descensos (aun "enarenados"), me fui deslizando presto por los carriles, con la cabeza fría en el desgaste muscular.

Los ascensos los realizaba andando a buen paso, pero tras las primeras subidas por las lomas ahora la pendiente jugaba más a nuestro favor, y sin darme cuenta, llegué al primer punto de control, donde varios voluntarios se afanaban para que no se formasen tapones.

Probé el melón y bebí un poco de agua, pero como no vi a mi padre acercarse por el camino de tierra compacta seguí adelante.

Iba muy contento, sonará raro y es difícil de explicar, pero conforme más corría más feliz era; aun así, como no quería excederme y sabía muy bien qué había pasado en la primera edición, iba echando un ojo al pulso, frenándome cada vez que excedía las 150 pulsaciones por minuto.

Tras dejar atrás una zona arenosa y volver al pinar de nuevo vi a un corredor orinando en uno de los recovecos, y me di cuenta de que a mi también me apetecía, pero sabía que podía aguantar un poco más.

La carrera había comenzado a estirarse y dio la casualidad de que enganché con un corredor que llevaba el mismo ritmo que yo, a quien se nos unió posteriormente el corredor que acababa de parar a orinar, que me apodó "el chanclas" nada más saludarme.

Tenían buen ritmo y buena charla, así que decidí parar a orinar para realizar en compañía la primera vuelta al menos, de forma que los kilómetros, que ya de por si estaban pasando fugaces, pasasen más rápido aun.

El muchacho que me rebautizó se llamaba Francisco, del otro corredor no recuerdo el nombre, y fuimos presentándonos y charlando sobre el recorrido y nuestros planes para con la prueba durante el tramo que nos llevó hasta el Cerro de la Plata, por una pronunciada subida que no recordaba de la anterior edición.

Ascenderla fue como subir una escalera, con pasos cortos, potentes y firmes, para evitar que los huaraches se deslizasen y la fuerza se disipase en la arena que acariciaba mis pies.

Llegamos hasta un carril firme, por el que trotamos a buen paso (nuestro compañero comenzó a destacarse, ya que él participaba en la primera vuelta solo), y casi a finales del carril, un Susmurái en bicicleta nos desvió a la derecha, hacia el bucle.

Tampoco lo recordaba del año anterior, y me pareció una experiencia trepidante, con muchas subidas y bajadas a buen ritmo entre pinares.

Mi compañero conocía la zona y eso me daba mucha seguridad, ya que, sin excederme en exceso de mi previsión de ritmo (+- 6 minutos el kilómetro), comenzaba a dejarme llevar y avanzaba sin mirar las balizas.

En el descenso desde el punto de control, donde certificaron nuestro paso con un permanente, si nos dejamos caer un poco, volviendo a coger al otro corredor antes de llegar al segundo avituallamiento, donde nos preguntaron a Francisco y a mi si éramos pareja (de corredores).

Dediqué algo más de tiempo a comer y beber, aunque no me apetecía mucho, y mientras Francisco saludaba a sus padres, me adelanté, crucé la carretera y paré de nuevo a orinar, muy clarito; buena señal, todo estaba yendo bien.

Desde ahí hasta el tercer avituallamiento el camino discurría principalmente entre pinos hasta llegar al Mirador de Trafalgar, una esbelta torre de piedra, y de ahí hasta el puesto, por un camino de tierra dura y empedrado que descendía dejando a la derecha el acantilado con una preciosa vista del atlántico y el puerto de Barbate al fondo.

Me sentía completamente fresco, muy tranquilo, pese a que entre charla y risas estábamos adelantando a varios corredores del trail.

Subimos trotando el breve repecho anterior al búnker, previo a la localización del avituallamiento y nuevamente dediqué un rato a comer y beber, aun sin demasiadas ganas.

Tocaba una subida exigente, con dos tramos consecutivos de pendiente arenosa, pero no tan empinada como para subirla en "modo escalera", así que le echamos paciencia y ganas y desde arriba nos deslizamos hacia La Trampa.


La arena comenzaba a estar calentita, pero no molestaba y su roce era agradable

Rebosando alegría en el tramo final de la primera vuelta

Dejando atrás La Trampa; gracias, Agustín Bernal,  por las imágenes
Sentí nostalgia al dejar atrás La Trampa, no porque no fuese a pasar más por ella, que no era el caso, sino porque el sol se encontraba en su cenit e iluminaba con una luz especial todo el recorrido desde esa posición.

Es una de las cosas que más me gustaron en mi primer año en Breña, como la luz cambia radicalmente los paisajes de una vuelta a otra.

Descendimos a buen paso el tramo por carril duro, aprovechando que las piernas "volaban" ahora, acostumbradas a la arena, y comenzamos el descenso a Barbate, este año por el mismo camino de ascenso.

Me despistó un poco, pero rápidamente me quedé con la copla para posteriores vueltas; me gustó el cambio, así en otras vueltas puedes cruzarte con la cabeza de carrera y plantearte la estrategia de otra forma.

Llegamos juntos a Barbate, donde saludé a mi madre y entré en el polideportivo.

Vuelta 1 - 02:54 horas en carrera, kilómetro 28

Había llegado a meta 7 minutos más rápido que el año anterior, pero con la sensación de estar casi totalmente fresco y con muchas ganas de continuar; pese a ello, me "obligué" a pasar por el polideportivo, beber y comer un poco antes de continuar.

Francisco también había decido parar y aun no estaba listo, pero tenía que continuar; ya nos veríamos más adelante, lo presentía.

Le pregunté a mi madre si había viste a mi padre y le dije que cuando llegase me avisase al móvil; ya habían pasado las 3 horas de carrera y no debería tardar mucho más en aparecer...

Subí trotando la calle y ascendí por segunda vez las enarenadas lomas por donde bajaban, dándome ánimos, multitud de corredores del Trail Bronce Solidario y las 24 horas, algunos procurándome vítores y otros mordaces comentarios con respecto a mis huaraches, pero todos buscando animarme.

Reconocí multitud de caras conocidas, del Media Trail Mijas, del Carmona Páez, del Marathon Barbate... sobre todo de los corredores de las 24 horas, prueba en la que una gran mayoría éramos reincidentes...

Y bajando por una de las lomas a gran velocidad, salpicando arena a diestro y siniesto... ¡mi padre! "Qué, campeón, que no creías que fuese capaz de completar la prueba ¿eh? ¡esto no es nada con bajar de 2:50:00 en un maratón!"

Increíble, ¡que energía! y hace un año no era capaz de levantarse de la cama o vestirse solo... ver para creer...

Ese derroche de energía y optimisto fue contagioso, y reservando en la subida, apreté en la bajada, completamente tranquilo ya y concentrado en la vuelta que tenía por delante.


Kilómetro 32; como si estuviese en la primera vuelta aun

Saludando al fotógrafo

Me dieron recuerdos para él en el primer avituallamiento, donde se sorprendieron por la velocidad a la que había completado la primera vuelta, y me comunicaron que me encontraba entre los 5 primeros corredores.

El cuarto me acababa de pasar justo antes de llegar al carril de tierra dura, diciéndome que había perdido bastante tiempo en la primera vuelta, pero que iba con fuerza; al tercero lo alcanzaría poco después, José, colaborador con Manuel en Sables.

Si no hubiese corrido el año pasado en Breña me hubiese venido arriba, pero ya sabía que hasta la caída de la noche los puestos no sirven de nada, y aun de noche, cuando las vueltas se alargan las posiciones pueden variar decenas de veces en una misma vuelta.

Iba con la cabeza fría y las ideas bien claras, cuando de repente, una voz me sacó de mi ensimismamiento... "¡chanclas! ¿no pensarías que te ibas a despegar de mi, ¿no?!

Había estado un rato siguiendo las polainas de Raidlight de José y sus pasos camino al segundo avituallamiento, con un ritmo muy bueno para una prueba de 24 horas... pero la conversación, el manejo del terreno y el remolino de energía de Francisco me revolucionaron y acabamos escapándonos juntos.

De nuevo, al llegar al segundo avituallamiento, pensaron que éramos pareja... "nos estamos conociendo", dijo Francisco, que se disculpó por tener que apretar el ritmo, pero su mujer también participaba y quería alcanzarla para correr un tramo con ella.

No iba pendiente a ritmos, pero sabía cuando me pasaba de rosca porque lo notaba en el pulso, aun sin mirar el pulsómetro (al que no estaba haciendo mucho caso)... y el tramo con Francisco en esa segunda vuelta sufrí bastante desgaste, no lo notaba aun, pero sabía que podía pasar factura, por lo que al avanzar de nuevo en solitario fui con más calma.

No sé si fue llegando al mirador o después, pero coincidí con un corredor de naranja de Villanueva del Trabuco, que ya conocí el año pasado en la misma prueba, lo que me vino bien para recuperar un buen ritmo, ya que me había puesto demasiado "reservón", y aunque no tenía prisa por acabar la vuelta, sabía que podía exprimirme más.

Poco después me adelantaron dos corredores del "Más que Pádel"; a uno lo había conocido en el polideportivo, minimalista en potencia, y al otro lo conocí el año pasado, en el que creo que fue campeón por parejas.

Nos vimos por primera vez en ese mismo punto, en esa misma vuelta, el año anterior, y estuvimos charlando mientras bajábamos a buen ritmo; no le veía igual que el año pasado, y pasado el avituallamiento y subiendo la pendiente hacia La Trampa lo verbalizó.

Me dio bastante pena porque, sin conocerlo apenas, sé que es buena persona y un gran deportista, por lo que le dije que andando, por mi experiencia del año pasado, se podía dar una vuelta en poco más de 5 horas, por lo que podía descansar y seguir luego; poco a poco me fui quedando solo, aunque vi a un corredor a lo lejos descendiendo por la duna y me acerqué a él.

Me dio por echarle cuentas al reloj, y vi que apenas pasaba las 5 horas y veinte... algo no me cuadraba, pero me di cuenta de que estaba yendo demasiado rápido y me controlé en la bajada por el carril de tierra y en las posteriores zonas con arena, por las que me deslizaba con una facilidad inusitada.

Realicé trotando el breve tramo urbano que separaba la zona de la entrada de la rotonda del ancla y el polideportivo y me encontré a mis padres sentados bajo el arco de meta del exterior del mismo.

Entré corriendo con mi padre, que me dijo que había ganado un trofeo, y saludé a José (Cai.man), bajo el arco de meta.


Mi padre y yo, entrando al polideportivo

Vuelta 2 - 5:45 horas en carrera, kilómetro 53

Me di cuenta de que iba muy rápido en cuanto eché un vistazo a la chuleta con los tiempos del año pasado... ¡había remontado casi 11 minutos al crono en la segunda vuelta!

Estaba tranquilo porque físicamente me notaba muy entero, pero preferí pasar más tiempo "descansando" entre esta vuelta y la siguiente, y, con mucho gusto, me eché algunas fotos con José y mi padre y comí y bebí bastante, sobre todo agua con sales e isotónica, ya que hacía mucho calor.


Con José (Cai.Man), mi padre y uno de los fotógrafos ;)

Cogí también un plátano y un vasito con frutos secos, y le pedí a mis padres que me acompañasen hasta la entrada al pinar, ya que se irían en breve y no los volvería a ver en lo que quedaba de prueba.

Mi padre me contó su vuelta en ese medio kilómetro, así como el galardón que había recibido "al pundonor y superación personal", y tanto él como mi madre me pidieron que tuviese mucha cabeza en lo que quedaba de prueba, y les llamase si me pasaba algo.

Tras despedirnos y ascender en solitario hacia el primer avituallamiento, comencé a notar algo de fatiga.

Era normal tras casi 55 kilómetros encima, pero además me notaba el pulso bastante elevado, a 140 andando por la subida, por lo que decidí que al completar la vuelta dedicaría más minutos a descansar y me armaría con los bastones; desde ahora, menos corretear y más andar...

Estuve apurando al máximo cada tramo de sendero arenoso o en contra para no correr, "descansando" la musculatura sin dejar de avanzar y con la cabeza centrada en cada mini-objetivo (llegar a La Trampa; al llegar, salir de ella; al salir, recorrer la bajada trotando hasta el árbol con las dos balizas...).

Acompañaba con imágenes mentales del recorrido mi paso por el trazado, auto-motivándome y recordando como el año anterior realicé andando casi totalmente la tercera vuelta.

Ahora andaba mucho, así, pero porque quería, y en las cuestas a favor no tenía problema alguno en alargar la zancada y bajar trotando.

Sin darme ni cuenta me planté en el carril duro que bajaba hacia el primer avituallamiento, donde me encontré con Francisco acabándose el almuerzo, y llegamos juntos al punto de control.

Nos felicitaron por el buen ritmo que llevábamos y la posición (2º y 3º absoluto respectivamente), y nos recomendaron cabeza fría y cautela, ya que estaba haciendo mucha calor y estábamos forzando demasiado; aun así, nos dijeron que nos vieron "más tranquilos" que el primero, que llegó muy apurado y abandonó el puesto de inmediato, en busca de 7 vueltas.

Bastante tendría yo con 6 como para plantearme 7 en un circuito tan duro, al menos, con la preparación que tenía este año... el líder momentáneo (en una prueba tan larga nunca se sabe que puede pasar) de la prueba debía ser semi profesional como poco, o eso pensábamos Francisco y yo, líderes improvisados de la prueba, junto con él.

En el descenso por la zona con mesas de piedra hacia la subida de arena "en escalera" se fue quedando un poco atrás, debido a un flato que le aquejaba, pero tras el ascenso puso un ritmo muy competitivo, que por momentos me costaba mantener.

Apuraba a la perfección el trazado, discerniendo las zonas más firmes de las arenosas y avanzando por las zonas con menos pendientes y vegetación, por lo que, aunque me quedé un poco atrás, decidí no perderle la estela y memorizar sus pasos para economizar la energía en vueltas posteriores; no tenía nada que ver correr sobre tierra a correr sobre arena.

Por tercera vez nos preguntaron si éramos pareja al llegar al segundo avituallamiento (ni haciéndolo a propósito hubiésemos sincronizado tan bien las llegadas).

Poco después de salir del avituallamiento, tras dejar atrás el descenso por el tramo con arena y comenzar el descenso por el pinar, Francisco me dijo que tenía que parar a quitarse arena de las zapatillas, que siguiese si quería.

Le dije que seguiría andando, que no se preocupase, y con gusto recorrí medio kilómetro andando hasta escuchar sus pasos, casi precipitados, a mi espalda.

Me dijo que el corredor de naranja se estaba acercando, pese a que habíamos realizado el tramo entre el primer y segundo avituallamiento a un ritmo demoledor para estar ya en la tercera vuelta.

No me preocupaba mucho, ya que yo estaba "a mi carrera", con mi objetivo de 6 vueltas, pero para no quedarme atrás le seguí el ritmo, notando ya las piernas bastante pesadas.

No tardamos demasiado en escuchar un "clac...clac..." lejano... Era el corredor de Villanueva del Trabuco, que había coincido con nosotros en el primer avituallamiento... había dosificado a la perfección y correteaba acompañado por sus bastones, a muy buen ritmo.

Poco a poco nos fue alcanzado, y yo, que veía que me estaba alejando mucho del ritmo objetivo, dejé que Francisco se alejase y me pegué a mi paisano malagueño.

En la bajada posterior al mirador me dejó atrás, así como una pareja cuyos integrantes llevaban una mochila Salomon, y otra pareja, de fosforito, que me pilló en el repecho previo al búnker.

Había realizado los últimos 3 kilómetros caminando, con el gemelo derecho acalambrado y bastante cansado... el objetivo de las 6 vueltas comenzaba a estar en el aire, pero aun quedaba mucho para eso; primero, el avituallamiento; después la primera subida por arena; después la segunda; después el descenso a La Trampa..."

Fui completando objetivos mentales, acompañado por la pareja de fosforito hasta la cima de la duna de La Trampa, donde nos echamos una fotografía con las espectacular panorámica.

Ahí los dejé atrás, y luego ellos a mi en el carril hacia Barbate.

Al llegar al asfalto no me sentí con fuerzas para trotar hasta ver la entrada al polideportivo, donde me arranqué unos metros, notando una tensión bastante fuerte en mi gemelo derecho.

Vuelta 3 - 09:29 horas en carrera, kilómetro 78

Había recortado casi una hora a mi tiempo del año anterior en completar la tercera vuelta, pero no estaba para celebrarlo...

Encendí los datos del móvil y contacté con mi familia mientras comía y bebía en el polideportivo, introduciendo una carga de hidratos por primera vez en el transcurso de la prueba: bocadillo de tortilla.

No suelo comerlos en pruebas de ultra distancia para no elevar la glucosa en sangre e inhibir la lipólisis (sigo una dieta prácticamente cetogénica y entreno a ritmos bajos, por lo que mi organismo sabe como subsistir a base de la quema de grasas, fuente más poderosa y consistente), pero me sentó bastante bien.

También me cambié de ropa, y me dirigí en busca de la masajista para que me diese un masaje.

Me estuvo dando con hielo, gel de frío y aceite, mientras me contaba como le había ido con mi padre, al que había atendido al final de su vuelta, y me aconsejó pasarme después para pedirle un masaje activador a su relevo.

Tras tomar más sales, con moderación, y retirar los bastones, me despedí de José y me puse de nuevo en marcha, en busca de la cuarta vuelta.

Había perdido más de media hora en esta "parada en boxes", pero había valido con creces la pena.

Me encontraba físicamente renovado, mentalmente mucho más despejado y con mucho ánimo para continuar.

Con una facilidad inusitada ascendí las pendientes con ayuda de los bastones, decidí ponerme música, y avancé al ritmo que me marcaban mis temas "Runner's High" (ya confeccionaré una recopilación en una entrada posterior).

La luz del atardecer confería un aspecto diferente, algo amenazador, al recorrido, pero ahí avanzaba yo, bastones en mano, al son de la música.

Al pasar por La Trampa noté la arena, más fresquita, bajo mis pies, y tras dejar atrás el primer avituallamiento, alcancé a una pareja.

Mis pies se movían al ritmo de la música y con los bastones no había pendiente que se me resistiese... por lo que recorrí trotando, íntegramente, el trayecto hasta el segundo avituallamiento (salvando la subida "en escalera" por la arena), sintiéndome Luis Alberto Hernando y recuperando posiciones y minutos.

Comenzaba a anochecer, pero quería apurar al máximo para sacar mi frontal en el avituallamiento, con luz, ya que tenía los dedos algo insensibles del roce con los bastones y no quería que se me cayesen las pilas a la arena.

En las subidas apretaba y en las bajadas me dejaba de ir, controlando de forma magistral con los bastones y persiguiendo un par de frontales lejanos, que alcancé al final del carril duro que precedía a la subida sobre arena, pertenecientes a una pareja, a los que me pegué.

Llegué al segundo avituallamiento en el mismo tiempo que había empleado en la vuelta anterior, pese a haber estado más de media hora "parado"... ¡sin duda alguna, la "inversión" había sido un éxito!

Con menos dificultad de la esperada preparé el frontal y me dispuse a continuar, muy motivado, ya que aun andando, con la ayuda de los bastones iba a realizar una cuarta vuelta mejor aun que la tercera, habiendo superado ya el ecuador que me había marcado para esta edición.

Me crucé con un corredor cordobés de más de 70 años que avanzaba con sus bastones a muy buen ritmo, y, aunque podía acelerar el paso, llevaba un ritmo muy bueno y su compañía y conversación me hacían el trayecto ameno, así que me quedé con él hasta la llegada al mirador.

Ahí me alcanzó la pareja de las mochilas Salomon, a buen ritmo y en persecución de la pareja de fosforito, así que me puse a su ritmo.

Los dejé llegando al repecho previo al Búnker, ya que me estaban poniendo a más de 150 pulsaciones y el desgaste estaba siendo demasiado grande para mis ya maltrechas piernas, así que decidí quedarme atrás y caminar lo que quedaba hasta ese oasis en el desierto.

Pedí una silla al llegar, recuperé el aliento, me tomé un par de puñados de frutos secos, un plátano y uno de mis dátiles (ya casi no me quedaban) y me puse en marcha.

Caminé lo que quedaba hasta dejar atrás La Trampa, donde alcancé a la pareja de fosforito, y emprendí un trote hasta la meta, con renovados ánimos.

Vuelta 4 - 13:45 horas en carrera, kilómetro 103

No había sustituto a la masajista, pero el enfermero me atendió fenomenal, proporcionándome ayuda contra mis problemas más directos, la fatiga y una rozadura que me estaba apareciendo en sendos pies, fruto del roce con el cierre en clic de los huaraches.

Era el primer problema que me ocasionaban en más de 100 kilómetros los huaraches (MMP en 100 km incluida, 13:36:35, en un circuito NADA propicio para ello, incluyendo todas las paradas).


Mis pies... negros, pero casi intactos tras más de 100 km de "tute"
Un par de apósitos y un chorreoncito de réflex y estaba como nuevo, pero quise reponer más, a sabiendas de que cada minuto invertido en el polideportivo podía ser una hora de menos en el recorrido.

Uno de los corredores del "Más que Pádel" junto a otro corredor que también acababa de completar su cuarta vuelta entraron al polideportivo, y, mientras comía, me preguntaron si quería salir a dar una vuelta con ellos.

Sabía que si decía que no perdía dos posiciones y un puesto en el podio, pero preferí recuperar adecuadamente y asegurarme mi nada sencillo objetivo de completar las 6 vueltas y salir vivo de la experiencia.

Terminé de comer, con algo de remordimiento de conciencia, saqué de la SAD Extend los manguitos y terminé de recuperar con caldo de pollo y sales, cambiando el tubo de las mismas al haberse agotado ya el anterior

Cada bote equivale a 5 litros de agua, y fui simultáneando agua con sales con agua "a secas" e isotónica, por lo que llevaba al menos 11-12 litros de líquido ingeridos, con mis riñones funcionando a la perfección y sin muestra alguna de deshidratación.

Al salir del polideportivo me encontré con dos corredores que iban a salir, y les pregunté si querían que saliésemos juntos.

Estaban esperando a otro compañero, y como me quedaba poca batería en el GPS, lo puse a cargar con mi batería portátil, fui al baño y al volver ya estábamos los 4 listos.

Sería su cuarta vuelta, siendo 2 de ellos guardias civiles y el otro José Manuel, tercer clasificado sénior de la pasada edición y novio de la campeona femenina ese mismo año, que me reconoció por el blog, donde leyó mi crónica.

El informático me avisó de que dos de los corredores que iban en cabeza se habían quedado ya en la cuarta vuelta, y me dio ánimos.

Fuimos andando y hablando a un ritmo muy tranquilo, comentando que al ritmo que llevábamos, esa vuelta sería la última, por lo que me fui animando y poco a poco fui apretando el ritmo.

Tanto que en el tramo de La Trampa eché a correr, espoleado tanto por el viento, que comenzaba a soplar con dureza, bastante frío, como por la arena, más fría aun y húmeda por la que estaba cayendo.

Llegué ya entrado en calor y a un ritmo bastante bueno al primer avituallamiento, sorprendiéndome a mí mismo por tener fuerzas a esas alturas de la prueba.

Me avisaron de que había caldo de pollo, y como me había sentado genial el del polideportivo, pedí una tacita; la probé y ¡me escaldé la lengua!

Nunca he sido muy fan de las cosas calientes, pero el caldo estaba hirviendo del todo, no tuve más remedio que dejar caer al suelo el sorbito que había probado y echarme medio litro (sin exagerar) de isotónica helada en la puntita de la lengua y bebérmelo para refrescarme la lengua y la garganta.

Me disculpé y pedí que me lo guardasen para la siguiente vuelta, y con los chorreones de sudor cayéndome por el cuerpo, salí al trote.

Había estado un poco adormilado al salir del pabellón, aunque no sentía que tuviese sueño, pero ahora, entre mi lengua, en ebullición, y un par de temazos de David Guetta que sonaron seguidos, me cargué a tope.

El GPS, en la hora escasa del pabellón al primer avituallamiento, había pasado del 33% al 70% de batería, así que retiré el cargador externo para tener una idea de las pulsaciones que llevaba.

Fui corriendo hasta la cuesta de arena (la que había que ascender como si de una escalera se tratase) en tiempo récord, adelantando a multitud de corredores, entre ellos, al corredor del "Más que Pádel" y su acompañante, y poco después, a Francisco, que no llevaba muy buena pinta por molestias en el aquiles.

Se hizo patente que el que adelanta a un corredor que se está recuperando en lugar de recuperar, acaba "perdiendo" la posición, aunque me dio pena, ya que los 3 son grandísimas personas y me hubiese gustado completar lo que me quedaba de mi particular reto con ellos; habría que continuar en solitario...

En el segundo avituallamiento me informaron de que iba en tercera posición, aunque hacía mucho rato que el primer clasificado había pasado por ahí, y el tercero hacía casi una hora.

Hasta ese momento no me había planteado competir, simplemente estaba siguiendo mi cuidadosamente trazado plan para completar las 6 vueltas, pero ahora que sabía que "de sobra" llegaba, me planteé llegar lo más rápido posible; 1 hora podían ser 6 kilómetros andando, y si yo iba trotando en 12 kilómetros (media vuelta) podría alcanzar a mi paisano de Villanueva del Trabuco... ¡habría que intentarlo!

Mis pies conocían el camino como si hubiese nacido allí, aunque comenzaba a notar la fricción de las correas sobre los apósitos y en el talón izquierdo.

Me crucé con un grupo que se encontraba realizando senderismo nocturno, que me cedió el paso y animó mientas descendía por el arenal, lo que me estimuló para seguir corriendo.

Los pies se me estaban hinchando y las correas me apretaban ligeramente, así que llegando al mirador me las desabroché y aceleré el paso cuesta abajo, recorriendo íntegramente el camino que quedaba hasta el tercer avituallamiento trotando, por primera vez desde la segunda vuelta.

Esta vez no pedí una silla, aproveché para rellenar los soft-flasks con agua y sales, pedí referencias de mis antecesores (me informaron de que el segundo clasificado había pasado haría unos 35 minutos) y me despedí hasta la siguiente vuelta.

Salvo las subidas por arena realicé trotando, con ayuda de los bastones, todo el recorrido hasta la meta.

Vuelta 5 - 17:50 horas en carrera, kilómetro 128

Nada más llegar los encargados del cronometraje me felicitan y me informan de que estoy a 20 minutos del segundo clasificado; me siento con fuerzas y no quiero parar, pero decido pasar de nuevo por enfermería para cambiarme los apósitos y que me echen un poco más de réflex, pido un caldo de pollo y frutos secos en el polideportivo y, en solitario y con energía, decido afrontar la última vuelta.

Tengo 6 horas por delante y he empleado 3:50 en la vuelta anterior, por lo que voy seguro, pero no quiero confiarme.

Al ir a abandonar el polideportivo me desea suerte el compañero de Villanueva del Trabuco; "¿quién va segundo entonces?"

Mientras subo por las arenosas colinas camino del kilómetro 2 de mi última vuelta, me concentro en los corredores con los que me he ido cruzando, y no caigo en quien puede ir por delante...

De repente escucho en un tono mitad incredulidad mitad admiración "¡¿Juan?!"

Es Francisco, al que me alegro muchísimo de ver; me desea suerte y fuerza, y continúo el ascenso.

Me cruzo con otros corredores, que me preguntan si voy primero, pero cuando les digo que voy tercero noto algo de decepción en su respuesta; creo que no por mí, sino porque ello implicaría que había más corredores en cabeza de los que pensaban.

De todas formas no me preocupa, he llegado a la conclusión de que siendo segundo, tercero o decimosexto, he venido a correr, a disfrutar y a dar 6 vueltas, y lo estoy cumpliendo a rajatabla.

La luna, enorme, ilumina la totalidad de La Trampa cuando me adentro, por última vez, en ella, y se me erizan los pelos de la nuca; ese tramo tiene algo especial...

Como si estuviese en la primera vuelta, me deslizo con soltura por los caminos por los que he pasado en 5 ocasiones en las últimas horas, cambiando el trote a marcha en las subidas y a carrera en las bajadas, anticipándome a cada rama, raíz y roca.

Estaba en "la zona", solo escuchaba una música lejana, proveniente de mis cascos, no pensaba, y avanzaba con total consciencia y control de mi cuerpo: La presión de las cintas en mis pies, el sudor bajando por mi espalda, el roce de los bastones en los dedos, mi vista, cansada, que me hace ver en dos dimensiones a efectos prácticos...

En ese estado de concentración total veo unas luces cegadoras a lo lejos del carril compacto que me lleva hasta el primer avituallamiento, que resultan ser de un coche.

Ya en la vuelta anterior un grupo de gente a caballo estuvo a punto de comerse el segundo avituallamiento, y parecía que estos ni eran de la organización ni demasiado amistosos, pero pasaron de largo mientras me echaba a un lado antes de recobrar la carrera.

Pregunté por mi caldo y el muchacho que quedaba me dijo que en efecto, me lo habían guardado, aunque estaría frío como el mármol.

Mientras me lo tomaba (me supo a gloria) me informó de que iba en segunda posición, a cosa de una hora del primero, y que posiblemente venía cerrando la carrera.

El mundo cambió de pronto; "¡llevaba 45 minutos persiguiendo sombras!" no había segundo corredor, los corredores que iban por delante, el líder aparte, iban en busca de completar su tercera o cuarta vuelta...

Algo desilusionado salí del avituallamento; esperaba encontrarme al segundo corredor y compartir con él camino en esta última vuelta...

El frontal cada vez alumbraba menos, y escuchaba, cada vez más cerca, una jauría enfurecida de perros en el tramo pasada la zona de las mesas de piedra.

Espoleado por el frío, cansancio y miedo, al recordar mi experiencia en el Ultra Trail Tabernas Desert, traté de poner la mayor distancia posible entre mi y la fuente de los ladridos.

Los escuchaba cada vez más cerca... por suerte llevaba mis bastones, que me han salvado en más de una ocasión, en mis manos, pero me encontraba tan cansado que correr implicaba un ritmo de 6 minutos el kilómetro con pendiente a favor, y me dolían tanto los brazos que me costaba levantarlos para bastonear eficientemente.

Escuché un ruido entre los matorrales cercanos, perdí la concentración y me giré para ver si algo se acercaba... y con esas mismas choqué contra un tronto, caí de cabeza y rodé varios metros, lanzando un bastón hacia adelante y perdiendo el frontal.

Rodé sobre mí mismo, me reajusté las gafas y vi el frontal, aun encendido, a mis pies; me lo coloqué mientras me incorporaba, cogí el bastón, a un par de metros de distancia, y seguía corriendo, mientras un escozor horrible manaba de mi índice del pie izquierdo.

Corrí como alma que lleva el diablo hasta la pendiente en escalera de arena, mejorando el mejor registro desde las primeras vueltas, llegando muy cansado y con el corazón desbocado.

En el ascenso me di cuenta de que me había hecho una herida en el dedo, que empapaba el huarache, y el dolor era muy molesto al apoyar, pero no suponía problema alguno.

Al llegar a la torre, al inicio del carril duro que llevaba al segundo avituallamiento volví a escuchar ladridos, y hasta que no giré a la izquierda para adentrarme en el pinar no paré de correr.

Por un lado quería andar y dar descanso a mi maltrecho cuerpo, pero por otro, estaba en la última vuelta, y quería acabar cuanto antes para poder relajarme.

Sentí una gran tranquilidad al llegar al segundo avituallamiento, pero no quise detenerme para no relajarme; ahí me había quedado en la cuarta vuelta el año pasado, y no podía repetirlo.

Salí del avituallamiento andando, y andando llegué hasta donde me había cruzado con el grupo de senderistas de la vuelta anterior.

Eché un ojo al GPS; llevaba 19 horas y media en carrera, y tenía 11 kilómetros por delante...

En circunstancias normales, en ese terreno y con ese desnivel, en una hora estaría listo, pero ahora... podrían ser perfectamente dos horas, de ir caminando...

Tomé conciencia por primera vez de que nunca había corrido tantos kilómetros de golpe, pero derivé el pensamiento para no desconcentrarme y continué, medio trotando, medio caminando.

Las cintas de los huaraches me dolían cada vez más, y cada pocos metros paraba para ajustármelas de nuevo y volver a correr...

Ahora tenía la luna, inmensa, preciosa, enfrente mía, y me di cuenta de que ya alumbraba más que mi frontal...

Según las indicaciones su autonomía era de 60 horas con 3 pilas AAA, lo que me chocó mucho, pero certifico que a las 5 horas largas se queda seco...

Cuando llegué al mirador el frontal era apenas un pequeño círculo, al que se reducía mi mundo bidimensional, así que paré para beber, orinar, y cambiar las pilas.

Llevaba a alguien delante; lo sabía porque cada 20-25 minutos (más o menos lo que estaba tardando yo en parar a orinar), encontraba un reguero "fresco", pero no veía frontal ni rastro alguno de corredor...

En mi último descenso al tercer avituallamiento me relajé, disfrutando de las vistas de Barbate, la actividad de los animales nocturnos (aparte de los búhos, arañas, escarabajos, algunos reptiles...) y el olor de salitre del mar, algo más notorio.

El viento continuaba soplando en este tramo, por lo que decidí reanudar la marcha.

Al llegar al tercer avituallamiento pregunté si me había dejado un bote de sales en la vuelta anterior, ya que no lo encontraba, pero me dieron una respuesta negativa.

Me ofrecieron una silla, que como en la vuelta anterior, decliné, y tras comerme un plátano (de lo poco que quedaba ya en el puesto) di las gracias a los voluntarios y crucé por última vez la carretera, hacia la meta.

Ascendí a medio trote las dos primeras colinas y luego lo pagué andando, con gran dolor ya en talones y gemelos, el trayecto desde La Trampa hasta los carriles de bajada a Barbate, donde, consciente de que el final estaba cerca, eché a trotar.

Troté, troté y troté... y crucé la meta. Por última vez.

Vuelta 6 - 21:45 horas en carrera, kilómetro 153

No había nadie a mi llegada, pero tras unos segundos en los que no supe qué hacer, se acercó un voluntario, que me picó en la tarjeta de control, y otro que tomó nota de mi llegada.

Me dieron la enhorabuena; era subcampeón absoluto, ya no había tiempo material para dar otra vuelta y estaban neutralizando a los corredores conforme llegaban a puntos de control.

No sentí nada especial, no me emocionó la llegada a meta, pero tras entrar al polideportivo y ser ovacionado, en silencio, por corredores y voluntarios, me invadió una profunda sensación de calma.

Apagué el GPS, volví a activar los datos del móvil, como tras cada vuelta, y avisé a mi familia y amigos de que el objetivo estaba cumplido.


La "bestia", domada

La cámara del móvil estaba empapada de sudor y no se veía nada, así que le pedí a un corredor una fotografía para plasmar el estado de mis pies en mi llegada a meta.


Un par de rozaduras y algún corte, única secuela de correr 153 km con huaraches

Pedí gel de ducha (tenía de todo menos eso) y tras darme una ducha caliente, cambiarme, y lavarme los dientes, me sentí como nuevo, salvo por la lengua, aun en carne viva.

Muchos voluntarios y corredores se me acercaban para felicitarme y darme la enhorabuena, pero una vez me senté en la silla mi cuerpo se relajó tanto como mi mente y no consigo recordar nombres ni caras... ¡a todos os agradezco muchísimo vuestros ánimos y palabras de aliento, de verdad!

Lo único que me preocupaba ya era saber cuando vería a Mayte, mi prometida, que me había escrito no hacía mucho diciéndome que ya venía... no le podía quedar mucho.

Aun así, decidí comer y beber, ya que el desgaste que había soportado en esas 22 horas tenía que satisfacerse, cuanto antes mejor, por lo que eché mano a los hidratos con una caja galletas de chocolate y unas patatas fritas, que me bebí junto a un Powerade y un softflask de sales.

Una de las voluntarias me informó de que, vuelta a vuelta, se acumulaban regalos, y el de la sexta vuelta (que, de momento, solo dos corredores habíamos conseguido dar, aunque José, de Manuel en Sables, seguía en carrera, con 5 vueltas), sería un arcón con productos de almadraba que se entregaría con los trofeos.

Uno de los organizadores me entregó los regalos, que se sumaban a la camiseta técnica: un buff, precioso y de gran calidad, un par de manguitos, una gorra, una sudadera, que me puse al instante, y el arcón, que quedaba pendiente...

Era muy tarde (o temprano, según se mirase), y comenzaba a amanecer; traté de no dormirme hasta que Mayte apareció por la puerta y comencé a contarle atropelladamente todo lo sucedido en las últimas horas.

Cuando los primeros rayos de luz comenzaron a calentar nos fuimos al exterior del polideportivo y nos sentamos en unas pequeñas gradas de cemento cercanas al podio, donde continuábamos poniéndonos al día.

Cada pocos minutos pasaba algún corredor a preguntarme como me fue y felicitarme, aunque reconocí a muy pocos; ¡que raros estábamos ahora vestidos "de calle"!

Hacen ya dos días de esa entrega de premios donde, por segunda vez en mi vida, me alcé al podio en segunda posición absoluto (la primera fue la semana previa, en Cordobilla), compartiendo un emotivo momento con dos "bestias" del atletismo con una capacidad de sufrimiento y entrega increíble.


Entrega de premios, con las autoridades correspondientes

Los 3 campeones absolutos, únicos de la edición en completar 6 vueltas
La foto para la familia, sin poder disimular ya el agotamiento
Tras despedirme de mis amigos, los "viejos" y los que había hecho en esta edición, pusimos rumbo a casa, con más sueño que cansancio, aunque llevo ya dos días sin rendir tributo a Filípides (y los que quedan...).

La experiencia ha sido grandiosa, he sido consciente de mi cuerpo y mente en todo momento y he realizado mi actuación más inteligente en un ultra trail de mi breve vida deportiva.

Antes de abandonar Barbate, uno de los organizadores me comentó que para el año que viene están pensando variar el formato y hacerlo Ultra Trail.

Sin duda sería un soplo de aire fresco para una prueba que pese a tener un escenario, una organización y un trato al corredor de 10 (con carácter solidario, además), apenas contabiliza 400 corredores entre todas las modalidades.

De cambiar a Ultra Trail, y pensando en aquellos que, como a mi, nos gustan las cosas "heavies", pienso que un ultra con opción a varias distancias que culminen en un 100 millas sería muy interesante, aunque realmente me gustaría volver a participar en la prueba, esta vez, por parejas o equipos.

Para ello trataré de darle la máxima difusión posible, porque la organización se vuelca con cada corredor, porque el trato es exquisito desde que se pisa el polideportivo hasta que acaba la entrega de premios, y porque el recorrido es precioso y, pese a darle 6 vueltas, en ningún momento se me hizo aburrido o tedioso.

Finalizo mi crónica, como siempre, exponiendo qué me ha gustado más y qué creo que se puede mejorar de la prueba; ha sido un inmenso placer formar parte de esta experiencia, muchas gracias a todos por organizarla, participar en ella y acudir a verla o animar.

¡GRACIAS!


Lo mejor

-La posibilidad de elegir distancia y franja horaria, con trail diurno, marcha nocturna y 24 horas, que hace de la prueba un evento accesible a todas las edades y condiciones físicas.

-Los avituallamientos, cargados a reventar de agua, isotónica, fruta fresca, frutos secos... y una cariño y atención hacia el corredor que no tiene precio.

-El carácter solidario de la prueba y el trato familiar y cercano de voluntarios, organizadores y corredores; me sentí rodeado de una pequeña gran familia desde el "cohetazo" de salida hasta que me despedí de todos para volver a casa.

 A mejorar

-El punto que veo más interesante es añadir la posibilidad de seguimiento "en tiempo real" por las redes sociales; es algo que daría mucha difusión a la prueba y permitiría a familiares y amigos comprobar como va su corredor, y con la multitud de apps que hay hoy en día se podría escanear un QR en cada avituallamiento para actualizar la información en carrera, por ejemplo.

-La entrega de premios a parejas, ya que, por ejemplo, en el Ultra 7 Playas, se hacía entrega de un premio para cada integrante de la pareja; como no llegó a entrar en la clasificación ningún equipo no sé como estaba planteada la entrega, pero lo suyo es que, ya que luchan juntos, obtengan todos el mismo premio.

-Para aumentar el número de participantes y que a los corredores no se nos hagan tan largos algunos tramos en solitario por el trazado, podría contemplarse una prueba de 12 horas paralela a la de 24; la pugna por las 4 vueltas sería digna de ver y podría atraer a fondistas veloces pero sin la resistencia para las 24 horas, aunque al requerir un aumento de los premios y carga de los avituallamientos no sé si el beneficio superaría al coste...

Esto ha sido todo, espero volver a veros a todos y poder disfrutar el año que viene de otra edición de esta gran prueba; y recordad, ¡Quien Resiste, Vence!

Comentarios

  1. Eres un fenómeno.
    Enhorabuena a tí y también a tu padre.

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    1. ¡Muchísimas gracias Xavier! la verdad es que no sé qué tiene más mérito, ¡de tal palo tal astilla!

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    2. Para mi fué un placer verte a tí y a tu familia, el compartir escenario siempre es grato, aunque yo esta vez estuve detrás del telón. Un abrazo y enhorabuena por tus logros y tu crónica :)

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    3. ¡¡Gracias Cai.Man!! fue una buenísima experiencia, a ver si en el futuro podemos compartir también camino, con o sin dorsal en el pecho.

      ¡Un abrazo!

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  2. ENHORABUENA Juan Andrés! Reto más que conseguido! Es precioso revivir algunas de las sensaciones y la grandeza de la naturaleza que describes.

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  3. Enhorabuena. Has llegado a un nivel que está al alcance de muy pocos.

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    1. Con esfuerzo y sacrificio yo creo que todos podemos llegar, lo difícil es lo que viene ahora... recuperar bien y mantener el nivel ;)

      ¡Un abrazo José María!

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  4. Magnifica crónica Sr. Errante.
    Te esperamos el año próximo con más y mejores ilusiones.

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  5. Ante todo "chanclas" darte la enhorabuena por ese gran esfuerzo desplegado este fin de semana pasado, 6 vueltas a la breña...demasiado...la crónica, muy bonita, la he leído con detenimiento y he recordado todo lo recorrido juntos y nuestros posteriores encuentros esporádicos, y enfocados desde tu perspectiva. Fué un placer conocerte, y por supuesto lo fué compartir contigo parte de esta experiencia, me gustaría volver a coincidir contigo en alguna otra prueba por supuesto. Por último, y a parte de las citadas por mi en innumerables ocasiones sobre tus "chanclas" he leído algo en esta crónica muy interesante, que llevé a cabo hasta justo una semana antes de la prueba y que abandoné el Viernes 18, el estado metabólico de la cetósis. Me gustaría tratar contigo, si no es molestia, algunos detalles sobre ello. Y nada mas, enhorabuena por lo conseguido en la prueba, por la crónica y por el blog, eres un campeón, y lo de tu señor padre, sin palabras, porque me lo contaste en persona, IMPRESIONANTE.

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    1. Claro, lo que necesites y cuando quieras ;) recuerdo mi segundo +100k en Andorra donde me obsesioné un montón con como reponer carbohidratos en carrera, llevándome geles, golosinas energéticas, tabletas energéticas... y al final cada 4-5 horas y pese a ello tenía una "pájara" de cuidado... la diferencia ahora es abismal, con pasas, dátiles, fruta y poco más puedo aguantar horas corriendo a ritmos "tranquilos" sin problema.

      Muchas gracias por tu comentario, y sobre todo, por tu compañía durante la prueba y tantos momentos juntos, espero que coincidamos pronto de nuevo.

      ¡Un abrazo!

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  6. Impresionante lo de este chaval.
    La mayor satisfacción para un enfermero es saber que el desarrollo de su trabajo ha sido fructifero, más aún siendo partícipe de la superación de un reto tan duro como nuestra Breña Xtrem.Son seis las ediciones que he vivido trabajando, codo a codo con estos grandes corredores y mas aún personas.Pruebas como éstas te hacen valorar más aún el ¿cómo resistir a momentos duros?.
    Errante , sólo decirte que gracias por tu buen hacer , trato y mención tras tantos Kms.
    Saludos y espero verte pronto por nuestro Parque Natural de la Breña.

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    1. Gracias a ti por todo, sin duda alguna, qué pudiese mantener el ritmo durante las últimas vueltas dependió en gran medida de tu atención ;)

      Espero volver pronto, esos parajes me tienen enamorado.

      ¡Un saludo!

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  7. Magnífica crónica, Corredor Errante. Soy Chico el Susmurai del linfoma que además. después inició junto a tí su 4ª vuelta (la 5ª tuya) con una camiseta de la Guardia Civil. No, no soy Guardia como el otro corredor que portaba esa camiseta, simplemente la lucía con orgullo.
    Lo dicho.... Un placer haberte conocido "de cerca" igual que a tus padres.
    Ah! Y magnífica carrera. Enhorabuena!!!

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    1. Ya decía yo que me sonaba la voz... entre que era de noche y que creo que íbamos con ropa diferente no te reconocí jajaja

      Lo mismo digo, 4 vueltas ya son meritorias... el año pasado no pude completar la cuarta yo mismo, sin ir más lejos.

      Un abrazo compañero, ¡espero que coincidamos pronto de nuevo!

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