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Reto 202 Kms Solidarios - Crónica

5/12/2018 10:00:00 a. m.


Hace ya 2 días que completé el Reto 202 Kms Solidarios y todavía se arremolinan multitud de recuerdos, emociones y sensaciones en mi memoria, pero voy a tratar de plasmarlo todo en esta crónica sin dejarme nada en el tintero.

Recordad que hasta el sábado 19 podéis aportar vuestro granito aquí, entrando en el sorteo de una de las 3 camisetas del reto.


El reloj sonó sobre las 8 de la mañana; parecía que todo iba a cámara rápida y tenía la molesta sensación de estar olvidando cosas importantes continuamente.

Saqué a Runner y Yogur, compré un pepito de pollo para desayunar para mí y un serranito de pollo sin pimiento para Mayte y nada más terminar me vestí y me puse a preparar todo.

Esta todo casi listo, pero quedaba ordenarlo, la batería externa grande, el mp3 y el cortavientos para recoger en Ronda, el frontal con las pilas de repuesto para recoger en Marbella, las bebidas, purés de frutas y fruta exprimida para la bolsa de frío...

En ese caos de bolsas y cosas llegaron mis padres y me echaron una mano para terminar de organizarlo todo y llevarlo al coche.

Rafa ya estaba abajo ¡eran casi menos 10! y seguía con la sensación de que algo se olvidaba... pero había que bajar ya.

Aun con sueño, poco antes de la salida
Nada más abrir el portal me llamó la atención la furgoneta de la FTV, y ahí estaba Reo ¡no me lo esperaba!

Había hablado con Pedro para concertar una entrevista, pero como tenía que acumular todas las horas de mis jornadas laborales de lunes a jueves para poder realizar el reto tuvimos que posponerla y no pensé en que vendrían a grabar la salida.

Rafa estaba también, con una bolsa para llevar al coche de mis padres en cuanto volviesen, así como Israel, uno de los mejores corredores populares de la región.

Una de las primeras foto que subí al álbum de FB donde fuimos recopilando los momentos del Reto 202 Kms Solidarios.
No tardó en llegar Antonio, compañero del Club Atletismo Fuengirola que no quería perderse la oportunidad de acompañarnos en los primeros kilómetros y poco después llegaron mis padres del coche y tomamos la fotografía de salida.

De izquierda a derecha, Antonio, Israel, un servidor, mi padre, Rafael y mi madre.
Esa misma mañana había estado hablando con Jordi, uno de los representantes de los 4 colaboradores del reto, La Senda, que junto a Zapatillas Minimalistas, Pies Sucios y el Club Atletismo Fuengirola han colaborado para que el objetivo económico saliese adelante.

Acordamos que pasaría por la tienda para echarnos una fotografía y darle difusión a través de las Redes Sociales, así que eso hicimos y en pocos minutos nos plantamos en la puerta.

¡Muchas gracias a La Senda por estar siempre apoyando iniciativas solidarias!
A continuación bajamos hacia el paseo marítimo, tomando la iniciativa Isra y yo en dirección a La Cala.

El ritmo era muy vivo para lo que teníamos entre manos (6 min/km aproximadamente), pero me sentía fenomenal y tenía unas ganas enormes de llegar a la sierra.

Tras unos 6 kilómetros se despidieron Antonio y mis padres, aunque ellos volverían a vernos en Marbella para avituallarnos.
Estábamos llegando a la Senda Litoral de Mijas, donde se quedaría Israel pero contaríamos con una zona de gran belleza para elevarnos el ánimo.

Lo más feucho llegaría a continuación de ese tramo, ya que para llegar a Marbella el camino transcurre en paralelo a la autovía y no hay gran cosa que ver tampoco.

Con Isra, junto al torreón de La Cala.
Seguíamos a buen ritmo, en llano en torno a 6:30 y aprovechando las cuestas para recuperar caminando mientras bebíamos. 

Ya desde el primer momento la compañía de Rafa fue muy amena, porque al no conocernos personalmente teníamos mucho que contarnos y con la conversación el transcurrir de los kilómetros se fue sucediendo casi sin darnos cuenta.

Aquí kilómetro 18, junto al Pueblo Andaluz.
Es curioso que no hayamos coincidido antes, ya que tenemos muchas cosas en común, pero al final, como suele decirse, "Dios los cría y ellos se juntan".

Él tenía dorsal para los 101, pero cuando vio el vídeo espontáneo que realizamos El Sevilla y yo referente al reto no se lo pensó 2 veces y decidió acompañarme.

Km 21, poco antes de llegar a Elviria.
Avanzábamos con inteligencia, compartiendo experiencias en otras pruebas, mientras el implacable sol caía sobre nosotros.

La parte positiva es que una fresca brisa nos golpeaba de cara a cada rato, lo suficientemente suave como para no frenar nuestro avance y además permitir refrescarnos.

Aun así llevábamos ya varias horas de camino, por lo que en la cuesta del hospital decidimos echar pie a tierra y tomar algo de fruta.

Organizando el auto-avituallamiento
Una de las cosas que me ha proporcionado la experiencia participando en este tipo de retos es que las proteínas te ayudan mucho a recuperar, pero son de digestión pesada.

Para mantener el hambre a raya personalmente prefiero un aporte habitual de hidratos de carbono y vitaminas, cuanto más natural posible, por lo que siempre que puedo prefiero comer fruta al natural, beber puré o zumos e ingerir barritas con granos y frutos secos.

De esta forma no suelo sufrir estrés intestinal, puedo hacer múltiples aportes en un breve espacio de tiempo sin tener sensación de pesadez y noto de forma bastante eficaz los efectos de la comida.

¡Y así llegamos al kilómetro 28!
Otra cosa que me ha aportado la experiencia es a comer lo que me apetezca, sea más o menos nutritivo.

Por mucho que te guste un sabor, una comida o una bebida, si te centras en solo uno o dos tipos, lo aborrecerás antes de acabar cualquier ultra.

Así que pienso que no solo puedes, sino que debes permitirte los caprichos que el cuerpo te pida, con cabeza y teniendo en cuenta si se digerirá bien o no.

¡A esto me refiero con capricho con cabeza!
Si alguien conoce al señor Llaollao, que alguien le pase esta web para que contacte conmigo, ya que podemos hacer colaboraciones muy interesantes.

Bromas aparte, el calor era notable, por lo que un buen granizado con yogur helado y fruta fresca era algo difícil de rechazar y sabía donde encontrarlo, así que hicimos una breve parada técnica para retomar fuerzas y atacar el albero del paseo marítimo de Marbella.

Mis padres estaban ya esperándonos, puntuales como siempre.

Me comentaban que el sistema de seguimiento estaba funcionando a la perfección pero al llegar al puente de Puerto Banús nos dimos cuenta de que por motivos logísticos habían cambiado el punto de encuentro.

Por suerte no necesitamos dar rodeo apenas y en un momento estábamos bebiendo fruta fresca, cambiando los bidones de isotónico, ya casi vacíos, por unos helados y reponiendo las reservas de barritas de las mochilas, además de dar buena cuenta de unas uvas fresquitas sin pepita que estaban deliciosas.

Con mis padres, unos auténticos ángeles de la guarda.
Cargué el track del recorrido que había trazado la semana anterior para ver por donde podíamos engancharlo y tras pasar por debajo de la autovía hicimos una breve parada en un supermercado para comprar fruta fresca.

Se avecinaba la parte más dura y bonita, especialmente dura hasta llegar a la Puerta Verde de Marbella, ya que debíamos atravesar multitud de campos de golf y las Supermanzanas de urbanizaciones.

Km 42, primer maratón de los casi 5 que teníamos por delante.
En esta zona aprovechamos bien las cuestas para recuperar y atender a las redes sociales.

Muchísimas gracias a todos por vuestros mensajes de ánimo y apoyo y en especial a Juande.

Lo conocí en enero, en una quedada que organizó Paco "Eltziar" para hacer Snowrunning en la Sierra de las Nieves y habíamos coincidido también en Fuengirola en la primera de las pruebas del circuito.

Sabía el reto que teníamos entre manos y no se quería perder la oportunidad de echarnos una mano, así que nos pusimos en contacto para quedar en cuanto acabase el turno en el trabajo.

Los llanos del Guadaiza; por fin comienza a vislumbrarse la naturaleza entre tanto ladrillo y hormigón.
Ya casi a los pies de la Puerta Verde de Marbella, ascendiendo una pared de asfalto criminal, nos alcanzó con el patrulla.

Él y Marco, su compañero, nos trajeron una botella de litro y medio de agua que nos supo a gloria.

No nos entretuvimos mucho, de hecho no sé por qué no nos echamos una foto, pero aunque fugaz, el encuentro supuso una inyección de moral y una ayuda logística enorme, ya que hay puntos de abastecimiento de agua en la sierra, pero sinceramente los recordaba bastante más cercanos.

Metidos ya en faena, al fin dejamos el asfalto atrás.
Es impresionante lo que se está construyendo a los mismos pies de la sierra, me da mucha pena ver como cada vez la naturaleza retrocede más y más frente a las ciudades, sería maravilloso si se encontrase la forma de que ambas se integrasen para no perder estos tesoros con que contamos más cerca de lo que pensamos.

Imagen del kilómetro 38, poco después.
El agua que nos había dando Juande nos estaba viniendo fenomenal, ya que entre que bebimos Ad Libitum en el momento, nos quedaba ya apenas un culillo en cosa de apenas una hora.

Menos mal que llevábamos entre los 2 al menos 5 litros de líquidos y sabía que podíamos reponerlos sin problema, ya que el calor estaba siendo la tónica general del día y la brisa brillaba por su ausencia en la montaña.

¡Disfrutando como enanos!
Continuamos nuestro ascenso por la sierra charlando sobre el trabajo, la familia... la vida en general, pero sobre todo de las vistas, que quitaban el aliento.

A lo lejos teníamos Istán, por debajo, el pantano de Río Verde, en el horizonte, Marbella...
Es increíble de lo que somos capaces los humanos cuando se nos mete algo entre ceja y ceja; volvíamos la vista sobre el camino que llevábamos horas recorriendo y parecía increíble que hacía "nada" estuviésemos disfrutando un granizado a pie de playa...

La sierra estaba preciosa, plagada de flores blancas y amarillas, algunas del tamaño de un puño
Por el momento no podíamos consultar las redes sociales al estar traviesa la cobertura al ir rodeando la montaña, pero teníamos la naturaleza para distraernos.

Los tramos con sombra se agradecían, era un alivio descansar de la exposición solar después de tantas horas
Las vistas eran preciosas, las flores bellísimas... todo era paz y estaba en sintonía, hasta nosotros mismos cuando teníamos que hacer alguna parada fisiológica, ¡ni planeándolo hubiese salido así!

No se si se llega a apreciar en la foto, pero había varias cabrillas entre la maleza.
Sabía que ya estábamos cerca del primer manantial, ya que la semana anterior me encontré con un rebaño de cabras en la misma zona y en efecto no tardamos en llegar.

Una de las zonas más bonitas del ascenso desde mi punto de vista.
Aprovechamos para beber agua, echar algunas fotos y grabar un vídeo mientras continuábamos ascendiendo, comparando la longitud y pendiente de los cortafuegos que se extendían a lo largo de kilómetros frente a nosotros en la sierra.

Al comienzo del ascenso hubo alguno que se las traía, pero es que los que teníamos delante ahora podían perfectamente servir de terreno para realizar un kilómetro vertical... o no, porque esas pendientes podían no ser ni corribles.

No se ve bien en la imagen, pero uno de los susodichos cortafuegos recorría de arriba a abajo esa cara de la montaña
Aprovechamos los miradores para echarnos algunas fotos y comer algo, ya que volvíamos a tener hambre.

Probé las barritas veganas de Rafa y estuvimos intercambiando puntos de vista sobre dieta vegana, vegetariana, paleo y otras opciones.

La Sierra de las Nieves, observándonos en la distancia.
La sierra que teníamos detrás de nosotros era en cierto modo la culpable de lo que estábamos haciendo.

O más bien, Paco y Fali "El Coleta", que en 2012 decidieron recorrer los mismos caminos que ahora atravesábamos para completar los primero Cientouno antes de competir en los mismos.

Fue un momento bonito pensar en ello, así como en que quizás algún día alguien quiera emular el reto que Rafa y yo nos traíamos entre manos, sería algo así como un relevo generacional en el ultrafondo, aunque espero que falte al menos un lustro para ello.

Poco a poco íbamos girando, buscando altura y perdiendo cobertura.
Esta imagen es del kilómetro 68; teníamos de nuevo algo de hambre, así que contacté con mis padres, pero estaban ya aparcados en Ronda, por lo que tocaba aguantar con lo puesto.

Apuramos las reservas de comida mientras completábamos el ascenso a buen paso.

Al fondo del sendero, al fin, comenzaría la bajada...
Ya casi se les habían olvidado a nuestros músculos como se hacía para correr, pero nos encargamos de recordárselo estirando las piernas con la ayuda de la pendiente que nos llevaba hasta la Fuenfría.

Otra de mis zonas preferidas del trazado, por la belleza del contraste entre las ruinas y la naturaleza.
Llevábamos horas y horas corriendo, pero como los carriles se prestaban a ello, pusimos un buen ritmito y sin darnos cuenta íbamos nuevamente casi a 6 minutos el kilómetro, ¡como si acabásemos de comenzar!

Km 75; con muy buen ánimo.
Llegamos al camping de Conejeras y a punto estuvimos de desviarnos, ya que en el reconocimiento del terreno iba reconociendo el track de Paco y Fali... de 2012.

Algunos caminos se han perdido, debido al desuso y a la construcción de fincas, por lo que tuve que salirme a la carretera y retomar por aquí; al ir siguiendo ahora mi propio track, por inercia, iba a salir a la carretera, pero me di cuenta a tiempo.

Atajamos campo a través camino a una de las múltiples verjas que tendríamos que aprovechar y avanzamos por un sendero que dejaba a mano derecha el Cerro de la Conejera y me resultaba sospechosamente familiar.

Km 77; carita de cansancio aunque el ánimo estaba intacto.
El sol comenzaba a ponerse y si había pasado por aquí era de día, pero hubiese jurado (y lo sigo haciendo, aunque no he podido certificarlo) que estábamos atravesando los carriles de vuelta a Ronda del Hagua de 2016.

A punto de afrontar una fuerte bajada por terreno pedregoso
Fuera como fuese, no quedaba mucho para enganchar mi propio track, aunque tardé más de lo esperado y se complicó el asunto más de la cuenta, ya que el terreno estaba mucho más complicado de lo esperado.

Duro, sin ser técnico
Por momentos el sendero era realmente estrecho y parecía el empedrado de una calzada romana (quizás lo fuese), con vegetación puntiaguda bastante desarrollada que me clavaba en los pies irremediablemente entre piedra y piedra, por lo que decidí avanzar caminando en ese tramo.

Poco después tuve que meter los pies en un arroyo para poder cruzar, lo que no me importó mucho, ya que el agua fría es un alivio siempre,pero ahora los guijarros que se metían entre huarache y pie se quedaban atascados.

Con el barrillo que formaban el polvo del camino y el agua se crea una película resbaladiza que puede llevarte a tropezar si no avanzas con cuidado, pero eso pasó a ser la última de mis preocupaciones...

Como planeaba estar muchas horas corriendo había preparado 2 baterías externas, de 5.000 y 20.000 mah.

De sobra teniendo en cuenta que mi GPS tiene una capacidad de unos 500 mah y mi móvil de 6.000, por lo que este segundo no tendría ni que cargarlo en toda la duración del reto.

El problema vino cuando el GPS marcó "batería baja" y eché mano de la batería, que llevaba toda la noche en carga y marcaba 100%...

La conecté, apareció el icono de carga en el Garmin y a los pocos segundos se quitó.

Pensaba que el cable se había soltado, pero estaba bien... ¿quizás se hubiese pulsado el botón de apagado con el traqueteo dentro de la mochila?

No era tampoco el caso y lo que me erizó el vello de la nuca fue que del 100% de carga pasó a marcas 0%... ¿¡qué demonios!?

Cerro de Castillejos, si la memoria no me falla... km 81.
Bueno había que mantener la calma por 3 motivos... el primero, que estábamos realmente cerca de Ronda, por lo que a lo mejor el GPS por si mismo aguantaba.

El segundo, para no preocupar a Rafa con la llegada de la noche, que siempre desconcierta un poco al dificultar la navegación...

Y el tercero, para no preocupar a mis padres, que nos esperaban en Ronda con 2 pizzas de atún.

Caída de la noche...
El GPS estaba bajando más rápido de lo que debería su carga, quizás por consultar continuamente el %, así que decidí pasar de grabación por segundo a grabación inteligente.

Pasó un buen rato hasta que bajó otro número, así que decidí desactivar también el Glonass.

Podía con que la ubicación, que llevábamos emitiendo en tiempo real desde el comienzo del reto, no fuese tan precisa ni real, pero no me gustaba nada la idea de que el GPS pudiese dejar de grabar y emitir señal.

Tuve que tomar una difícil decisión, ya que ya no se veía más allá de nuestros frontales, pero tendríamos que seguir sin navegación GPS... y ahí fue donde se complicó todo...

Un par de veces tuve que cargar todo el track de nuevo, con el inmenso gasto de batería que supuso, ya que nos vimos en un par de bifurcaciones dudosas, pero por fin veíamos las luces de Ronda a lo lejos...

Y de repente, nos encontramos con balizas de los Cientouno, que comenzaban la mañana siguiente.

Pensamos que siguiéndolas llegaríamos bien a Ronda, así que nos lanzamos como jabatos por una fuerte pendiente de piedra suelta por la que tuvimos algún derrape y nos plantamos en un vallecillo, a los pies de un arroyo.

Había una nueva bifurcación, hacia la izquierda directamente, o cruzando un puente de madera.

Recordaba que había que cruzar por Río Grande, aunque el puente no me sonaba mucho, pero los carteles de los Cientouno nos llevaban por ahí, así que los seguimos.

Iba mosqueado porque no recordaba que el caudal del río fuese tan abundante y además el terreno estaba horadado por ruedas como de camiones y cuando yo pasé estaba totalmente liso.

Achaqué el caudal a las lluvias y las marca de neumático a La Legión y sus preparativos para la prueba, sin darle más importancia, pero lo que si que recordaba, claro como el día, era que yo había pasado por el margen contraria al río y que desde esa zona ya apenas había desnivel hasta llegar a Ronda...

El punto clave fue un fuerte ascenso en el que Ronda se ocultó tras un nuevo monte que no conseguía ubicar...

Cargué de nuevo el track, ya con la batería del GPS por debajo del 10% y se confirmaron mis temores... nos habíamos perdido...

Coincidió que Paco nos llamó cuando bajábamos la cuesta y le comenté la situación, pero estaba en casa, por lo que poco podía hacer.

Intentamos avanzar por el otro margen del río, pero estaba cerrado porque pertenecía a una finca privada, por lo que tuvimos que desandar todo el camino desde la gran cuesta pedregosa, que si costó bajar, más costaba subir.

La temperatura había bajado bastante, aunque estando en movimiento no hacía frío, pero me preocupaba mucho que Rafa estuviese sudando tan profusamente.

Además, se había quedado sin líquidos, por lo que le di medio bidón de Powerade (me quedaba aun uno de agua entero) y más adelante le di un ibuprofeno y agua, ya que le notaba muy justo de fuerzas.

Una vez desandamos el camino tuvimos que avanzar bastantes metros campo a través hasta que encontramos el camino, que transitaba por una finca.

Rodeamos la valla hasta llegar al camino público, nos abrimos paso a través de la alambrada y avivamos el trote al ver, al fin, la carretera en la distancia.

Estaba más lejos de lo que parecía y ya quedaba un 5% de batería únicamente, pero el teléfono lo tenía casi al 80%, así que aproveché para mandar nuestra ubicación a mis padres y pedirles que vinieran desde Ronda a buscarnos.

Paco ya les había puesto al día pero aunque sabían que estábamos bien pude intuir la preocupación en sus voces.

Rafa avanzaba en piloto automático, sudando a chorros y ya sin líquidos para reponer ni comida en ninguna de nuestras mochilas no podíamos pensar en otra cosa que no fueran las pizzas que nos esperaban a pocos kilómetros.

¡Al fin, la carretera!
Cruzamos, ahora sí, las mansas aguas del río y pasamos por el club de alterne abandonado que había confundido con la finca en el tramo en el que nos habíamos perdido.

Era todo muy parecido y en la oscuridad de la noche todos los gatos son pardos, pero asumo la responsabilidad por habernos perdido; suerte que nos dimos cuenta a tiempo.

Curiosos tanto el nombre como la ubicación del "night-club"
Con el GPS al 1% de batería corrimos a todo lo que daban nuestras piernas hasta llegar a la carretera y en cosa de apenas unos minutos el coche de mi padre se lanzaba hacia el terraplén del otro lado de la calzada para recibirnos.

Llamadme loco, pero antes de comer o beber me puse a cargar el GPS, que llevaba al menos 10 minutos ya al 1%...

¡Que alivio!
Cuando me senté a comerme la pizza y rehidratar con Gatorade Rafa llevaba ya varias porciones, pero tras unos minutos comiendo comencé a notar un poco de pesadez en el estómago, por lo que decidí dejar más espacio para líquidos y continuar con la pizza más adelante.

Estábamos en un punto crucial para el transcurso del reto; Rafa estaba agotado y necesitaba descansar para poder continuar y mis padres, muy preocupados, me pedían que parase a dormir en Ronda o donde quisiese y continuase la mañana siguiente.

Yo me encontraba perfectamente, es normal que se preocupasen porque la noche siempre dificulta la navegación y la sierra puede ser traicionera, pero les convencí prometiéndoles que cambiaría el recorrido y bajaría por asfalto.

En cualquier caso, quedé con ellos en Ronda, en el bar donde desayunamos en los pasados Cientouno (y donde precisamente me llevaron la semana pasada para reconocer el terreno) y allí ya veríamos qué hacer.

No sé si por la pizza, por rehidratarme o por la adrenalina de las emociones que habíamos experimentado desde que nos perdimos, pero me encontraba fenomenal.

De hecho, aunque la primera parte de pendiente camino al campo de fútbol de Ronda, donde daría la vuelta, la recorrí caminando, la segunda la subí trotando, impaciente por completar la mitad del reto.

Era uno de mis hitos mentales, y después de esa primera mitad ya solo quedaría la mitad de la mitad, que puede que recorriese antes de las primeras 24 horas y una vez llegados a ese punto ya estaría el reto casi completado.

Con un optimismo extremo y las piernas llenas de energía llegué al campo de fútbol, donde me eché una fotografía bajo el arco de meta y escribí a mis padres, que estaban aparcando un par de calles más arriba, en el punto de encuentro.

Bajo el arco de meta del campo de fútbol de Ronda, donde se acumularían los aspirantes a Cientounero en unas horas...
Llevábamos un ritmo fenomenal, poco más de 14 horas pese a pasar cerca de una y media perdidos, físicamente me encontraba fenomenal y aunque notaba el estómago un poco pesado, mi cuerpo estaba procesando líquidos con gran facilidad.

Mis padres, sobre todo mi padre, querían que descansase unas horas, pero le di mi palabra de que no lo necesitaba y en caso de hacerlo le avisaría.

Padres coraje de los pies a la cabeza.
Mis padres llevarían a Rafa a Fuengirola y tratarían de dormir algo, aunque me dijeron que dejarían los móviles encendidos y que no dudase en avisarles si necesitaba algo.

Me puse en marcha apurando un néctar de frutas tropicales mientras acomodaba en mi espalda los nuevos kilos que ahora cargaba.

Llevaba provisiones para pasar toda la noche sin problema, con casi 4 litros de líquido, una docena de barritas energéticas de diferentes tipos, la batería externa grande... aun así tenía la sensación de que algo me olvidaba...

Saliendo de Ronda caí... ¡El mp3!

No sería la primera noche que pasaría corriendo solo y seguro que tampoco la última, pero acostumbrado a la compañía de Rafa durante todo el día, correr sin música en solitario toda la noche podía ser un suplicio...

Mis padres me dijeron que iban a tomar un café pero como pasarían por la misma carretera, me darían lo que necesitase en un rato.

Se me hizo bastante corta la espera, ya que antes de darme cuenta los tenía a mi vera en la carretera, aunque resultó que el mp3 lo había echado en la mochila cuando nos recogieron a Rafa y a mi hacía ya cerca de una hora.

Al menos aproveché la parada cogiendo algunos envases más de frutas tropicales y me despedí de mis padres.

Pasado el hospital de Ronda hice una parada fisiológica que me alivió bastante y que quitó la sensación de pesadez del estómago, aunque trajo de vuelta la sensación de hambre.

Me coloqué en el margen izquierdo de la carretera, con los reflectantes de mochila y cortavientos bien posicionados.

Una densa neblina comenzaba a arremolinarse a mi alrededor y aunque en movimiento no tenía frío, el viento la lanzaba contra mí humedeciendo mis brazos y piernas, por lo que al menos cubrí la parte superior de mi cuerpo.

Parecía que estuviese sudando, ya que me caían gotas de neblina de la barba... la noche prometía emociones fuertes desde el minuto uno...

Km 105; intentando fotografiar la neblina, sin mucho éxito.
Mientras avanzaba con pasos rítmicos ascendiendo la pendiente me quedé embobado viendo como la neblina creaba formas conforme el viento la agitaba y cuando me quise dar cuenta, no sabía si iba o venía.

Fue solo un instante, pero el agobio fue tal que me vi obligado a interrumpir la carga del GPS (al 80% ya, estaba cargando con 3 voltios de potencia) para asegurarme que, en efecto, estaba yendo en el camino correcto.

No había ningún otro camino y no podía haberme dado la vuelta ya que no lo recordaba, pero el trayecto hasta la gasolinera y la zona de las ventas se me estaba haciendo mucho más largo de lo que recordaba y ya me había perdido una vez, por lo que tenía de sobra.

¡Por el buen camino!
Al ver la señal de la ruta de Fray Leopoldo supe que estaba ya cerca del fin de la subida, por lo que aproveché para comerme otra barrita (llevaba ya 3, desde la parada fisiológica tenía un gran apetito) y apreté el ritmo.

Una de las ventas en la distancia; pensaba que se apreciaría más la niebla, pero ahora que me fijo, no...
Dejé atrás todas las ventas y llegué a la altura del Camping de Conejeras.

Por un momento me planteé internarme en la sierra; a fin de cuentas tengo ese camino ya trillado, contaba con la batería del GPS al 90% y subiendo y todas las cargas que necesitase en la batería.

No obstante, la niebla apenas dejaba ver a unos 5 metros, por lo que me mantuve fiel a mi palabra y continué por asfalto.

La eterna cuesta, extendiéndose allá donde alcanzaba la vista...
Cuando comencé a bajar la niebla se fue disolviendo, dando paso a un precioso cielo estrellado... me sentía tremendamente afortunado por la experiencia que estaba viviendo.

Estaba solo en varios kilómetros a la redonda con total seguridad, ya que desde que dejé atrás la gasolinera tan solo había venido desde detrás una furgoneta, hacía ya cerca de una hora, y de frente aun no me había encontrado ningún vehículo.

Estábamos las estrellas, una preciosa luna roja en cuarto menguante, los pueblos del Valle del Genal, iluminados en la distancia, y yo.

Sonaba además Metallica, así que me dejé llevar por la situación y simplemente fluí con el ritmo.

No sé cuantas horas pasaron hasta que me di cuenta de que si alguien estaba haciendo el seguimiento a través de mi página de Facebook podía estar preocupado, así que subí una foto.

Algo de civilización al fondo... no sabía si era Igualeja o alguno de los últimos pueblos del Genal o algo más cercano.
Tampoco había pasado nada reseñable, algunos vehículos me había cruzado en contra y de cara tan solo 2 furgonetas, de bimbo y donut respectivamente poco después de dejar atrás el Puerto del Madroño, pero no había apenas tráfico.

La cuesta se estaba haciendo eterna y aunque muscularmente me encontraba bien, quería asegurarme el tener fuerza en las piernas para seguir corriendo cuando saliese el sol, por lo que fui alternando varios kilómetros corriendo con uno andando para beber y comer.

Apenas me quedaban barritas ya, pero como me sabía cerca de San Pedro, decidí que pararía en la gasolinera de las Medranas cuando llegase para desayunar algo.

Por momentos me quedaba ensimismado en mis pensamientos y cuando me daba cuenta me había pasado de señal para "descansar".

Es algo que hago mucho en terrenos urbanos cuando corro ultras, marcarme un número de "ítems" que debo superar para separar la carrera de la marcha, en este caso, los ojos de gato que separaban un hito kilométrico del siguiente.

En una de estas veces que estaba en "la zona", un coche me echó las luces y pitó desde el lado contrario de la carretera, y no tardó en ponerse a mi altura...

¡Era Dantitán Powers!
Nos conocemos desde hace no sé cuantos años ya, siempre coincidimos en los Cientouno y alguna vez hemos programado alguna cosilla que al final no ha podido salir, pero no me lo esperaba en absoluto.

El encuentro con él fue un antes y un después, ya que tras él multitud de coches me echaron las luces, me pitaron y más de uno casi se sale de la ventanilla para animarme desde el otro lado de la calzada.

Se notaba que faltaban pocas horas para los Cientouno, ya que apenas bajaban vehículos (por lo que iba muy tranquilo por el arcén) pero no paraban de subir vehículos con deportistas dentro (y muchos con bicicletas encima).

Comenzó a amanecer y me veía aun lejos de San Pedro, así que decidí aumentar el ritmo ya que si el tráfico seguía aumentando, aunque fuese por el arcén, si alguien bajaba más rápido de la cuenta apurando las curvas más de lo debido podía llevarme por delante o provocar un accidente.

Por suerte estaba ya cerca y no tardé en dejar las curvas y el desnivel detrás.

La noche había pasado como un suspiro y me encontraba fenomenal, estaba que no me lo podía creer.

Km 145; me había comido la noche con patatas.
Me pedí en la gasolinera un mollete con tomate y un colacao, fui al baño y casi me quedo frito en la silla terminando de comer.

Salí a comprar un par de Powerades para intercambiar por mis bidones, ya vacíos y algo para comer y el aire fresco de la mañana me espabiló de golpe.

Me había sentado cerca de la puerta por lo mismo, los cambios de temperatura pueden ser mortales y la modorra que provocan, de aúpa.

Terminando de despejarme me encontré con Raúl, de Trekking&Running Marbella, que se dirigía a Ronda para participar en los Cientouno.

No os perdáis el reto que se trae este crack entre manos para ayudar a Debra, 3 vueltas consecutivas al maratón más duro de Andalucía...

Se ofreció a ayudarme con lo que necesitase, pero como tenía de todo le pedí un ibuprofeno por si me hacía falta y continué mi camino.

De repente estaba bien y al momento se me cerraban los ojos, se me nublaba la capacidad de razonar y las piernas me pesaban una tonelada, me estaba empezando a preocupar porque nunca me había pasado...

Km 148; quedaban pocos, pero por momentos me parecía una cifra inalcanzable...
Tan solo llevaba 21 horas corriendo y en las 2 últimas ocasiones en las que he rondado las 30 nunca me había pasado algo así.

Recordaba que en el Reto Litoral me eché una siesta y al final acabé corriendo mucho mejor en la segunda noche que en la primera, superando los 141 kilómetros en menos de 18 horas, pero aunque tenía tiempo (me había dado de margen 48 horas) si podía, quería evitar parar a dormir.

Me escribieron mis padres, que en breve saldrían hacia Marbella y Rafa, que saldría desde Fuengirola para encontrarse conmigo nuevamente por el camino.

Sabía que cuando estuviese con ellos podría apartar el sopor que nublaba mi mente charlando, pero por el momento me ganaba la batalla...

Decidí tomarme un gel con cafeína y por momentos parecía que la presión que notaba en las sienes se retiraba y mi pensamiento retomaba su velocidad de procesamiento habitual, pero pocos kilómetros más adelante volvía el sopor.

Casi 22 horas de carrera llevaba, mi cara de concentración lo dice todo...
Se me hacía muy raro recorrer las mismas zonas por las que hacía un puñado de horas había pasado en dirección opuesta, por momentos solo y tras haber vivido tantos momentos en las últimas horas...

El mar estaba algo picado y eso me gusta, me llama mucho la atención ver los reflejos del sol danzar en el agua, ese olor a espuma que levanta la brisa cuando rompen las olas...

Estaba contemplando el mar como hipnotizado y casi me como una fuente.

De repente me pesaban mucho las piernas y hasta personas mayores caminando avanzaban a mayor velocidad que yo...

Mis padre estaban ya aparcados al final de la zona de albero del Paseo Marítimo de Marbella, pero me quedaba embobado con una mosca y no sabía si llegaría al albero sin dormirme.

La arena parecía tan blandita... solo tenía que tumbarme en ella un momento dejar reposar mi cuerpo un momento...

Les pregunté si podían coger una hamaca pero me dijeron que preferían que me echase en el coche a la sombra.

Mis padres se dieron cuenta de que no iba bien y mi padre vino en mi busca.

Se me hizo eterno el trayecto hasta el coche, el alivio al quitarme la mochila de encima tras casi 24 horas de carrera fue enorme y la sensación al reclinar el asiento y reposar mi cuerpo en él, casi indescriptible.

Mi madre me ofreció un ibuprofeno con isotónica que no pude discutir, me puse la alarma para dentro de una hora y le pedí a Rafa que cogiese unos chicles de camino.

Si el sopor volvía lo combatiría mascando chicle, aunque por momentos me iba a dejar vencer...

Fue un descanso sin sueño, de varias cabezadas, hasta que me incorporé de repente como en piloto automático, comprobé que quedaban 10 minutos para cumplir la hora y comencé a espabilarme.

Me notaba increíblemente despejado, como tras 8 horas de sueño profundo, aunque si que es verdad que ahora que el cuerpo se había relajado, las piernas me dolían bastante.

Avisé a mi madre y a Rafa (mi padre estaba durmiendo a mi lado) y me fui preparado para retomar la marcha.

Tras algo más de 24 horas, tocaba continuar el reto donde lo habíamos dejado.
En pruebas de tantas horas y tantísimos kilómetros es vital marcarse pequeños objetivos, si miras directamente el número final no vas a conseguir otra cosa que no sea desmotivarte.

Mis siguientes hitos eran el Llaollao, donde pensaba tomarme un buen yogur y el arco de entrada a Marbella, donde me esperarían mis padres.

Poco antes de llegar me mandaron ellos una foto en el tramo de senda litoral a la salida de Marbella y Rafa otra de la torre vigía previa a la funky beach, así que supuse que los encontraría allí, pero nos despistamos y al final quedamos un poco más adelante.

Km 163, restando de los 202 mentalmente.
La temperatura era muy buena aunque al sol hacía calor, pero corría brisa.

Foto con Rafa, casi 12 horas después de separarnos en Ronda
La compañía de Rafa en esos momentos fue crucial, ya que fuimos poniéndonos al día y los kilómetros volvieron a sucederse uno tras otro casi sin darnos cuenta.

Esa sensación de volver a recorrer el mismo camino que la jornada anterior habíamos recorrido juntos era muy extraña, toda una nebulosa de recuerdos se arremolinaban en mi mente mientras seguíamos avanzando, añadiendo nuevos momento al recuerdo.

La jornada previa Rafa me había comentado que nunca había recorrido más de 120 kilómetros del tirón y echando cuentas nos dimos cuenta de que iba a superar los 150, 98 de la jornada anterior, los 26 y medio de camino a Marbella desde Fuengirola y de nuevo esos mismos camino a Fuengirola.

Ambos estábamos descubriendo nuevos límites y como suele pasar en esas situaciones, ya maquinábamos nuevas aventuras, antes incluso de finalizar la que teníamos entre manos (o piernas, mejor dicho).

Km 172, camino de Cabopino.
Pusimos un ritmo machacón muy constante, promediando por debajo de a 7 minutos el kilómetro.

Paramos en un Supercor a comprar unos Snatts que se me habían antojado y algo de beber y una segunda vez para ver que le pasaba a una muchacha con pinta extraña que nos dijo que un hombre había abusado de ella, pero el resto del camino, en llano o cuesta abajo, corríamos y en cuesta arriba, recuperábamos.

La historia de la chica tenía lagunas, ya que iba vestida con ropa ancha y crocks cuando para salir de fiestas no es lo habitual, y decía que era de Marbella pero no que no sabía volver...

Le recomendamos cruzar al otro lado de la carretera para preguntar a los conductores de bus si la podían acercar y que directamente fuese a comisaría a denunciar, ya que en mitad de la carretera y a medio kilómetro de la parada de bus más cercana en ese sentido de la marcha (que además era el opuesto al que buscaba ir) no iba a conseguir volver a Marbella.

Quedamos con mis padres pasado Elviria para un rápido avituallamiento y posteriormente en Calahonda, para un avituallamiento más contundente.

La única comida de verdad desde las 8 y media de la mañana anterior había sido media pizza de atún a media noche en Ronda, hacía ya más de 13 horas, por lo que decidí parar unos minutos para comerme un BigMac sin queso, un vaso grande de aquarius fresquito y mango.

Foto de mi madre mientras comía; haciendo honor al calzado que llevaba, las Nunche 3, de Pies Sucios.
Tal y como me esperaba, me notaba más lento tras el avituallamiento, pero a Rafa le sentó de lujo.

Íbamos más o menos a la par de ritmo, pero fue terminar de comer y recuperar fuerzas como hacía muchas horas que no le veía; de hecho, en la bajada por la Mansión Alhamar tuvo que girarse un par de veces porque yo no era capaz de seguirle.

Entrando a la Senda Litoral por Riviera, Km 178.
El tramo de Senda Litoral lo pasamos recordando pruebas pasadas y pensando en pruebas futuras.

Se notaba en Rafa también el factor motivacional de esta zona, ya que sus padres y su pareja estaban trabajando en el mercadillo de La Cala, por lo que nos los encontraríamos en breve; ¡estaba pletórico!

Por mi parte los míos quedarían con nosotros en la playa del Sheriff a priori, aunque al final nos los encontramos justo en la salida de La Cala, poco después de encontrarnos con los de Rafa.

Km 182, a la salida de La Cala.
Eran varios los conductores que nos habían pitado en el transcurso del reto, pero en ese tramo fue donde más personas nos saludaron con diferencia.

Estábamos ya casi en casa, pero los kilómetros no cuadraban y lo sabíamos desde que estábamos saliendo de Marbella...

Al bajar por asfalto se perdía mucho caracoleo de la sierra, por lo que nos íbamos a quedar cortos de kilómetros.

Habría que recuperarlos en Fuengirola, ya que 202 eran los cifrados por el reto, y si ya se había superado la cifra de 404 en donaciones (2 por kilómetro) lo mínimo que podía hacer yo era cumplir con mis 202.

Iba a ser duro, ya que mentalmente me esperaba llegar a Fuengirola y acabar, pero mis padres me comentaron que había compañeros del Club Atletismo Fuengirola que me acompañarían, así que sabía que serían más llevaderos.

Km 185, playa del faro, en Calaburra; quedaban 17 para finalizar el reto.
Echando cuentas, llegaría a Fuengirola en unos 188 kilómetros aproximadamente y al carril bici en unos 190, por lo que aun quedarían 12 largos kilómetros y al ritmo de esos momentos, al menos hora y media larga.

Pero sabíamos a los que nos enfrentábamos, así que aprovechando el viento de cola puse un ritmo fijo entre 6:30 y 7 minutos el kilómetro y prácticamente no paramos hasta llegar al paseo marítimo de Fuengirola, donde ya nos esperaba Lisa para acompañarnos un rato con la moto.

¡Al fin en Fuengirola! Playa de Santa Amalia.
Lisa nos trajo un aquarius fresquito que nos dio la vida y tras bebérnoslo poco a poco volvimos a poner un buen trote hasta el siguiente hito, el carril bici de Fuengirola, donde nos esperaban mis padres y Silvia, compañera del club.

Km 190; de izquierda a derecha, Silvia, mi padre, Rafa, un servidor y mi madre.
Tras descansar un poco Rafa nos dijo que él se plantaba; me dejaba en buenas manos y había jugado un papel decisivo en el transcurso del reto, se había ganado el descanso con creces.

Pusimos un buen ritmo camino a Carvajal por el paseo marítimo, por donde daríamos la vuelta hacia Fuengirola por dentro una vez llegásemos al final.

Se me hizo largo porque no tenía fuerzas para mantener el ritmo de mis compañeros, pero sabía que cuanto más rápido fuese antes acabaría todo.

Final del paseo marítimo; a 8 kilómetros del final.
Echando cuentas ya quedaba menos de una hora si no bajábamos el ritmo, aunque necesitaba reponer líquidos, por lo que agradecí muchísimo el aquarius y el helado de minion que mi madre me trajo de un minimarket.

No tardó en unírsenos Antonio, otro compañero que quería acompañarnos en los últimos kilómetros.

Foto con Antonio... ¡contando ya la distancia que faltaba en metros!
Cada pocos minutos mis compañeros me pedían referencias del kilometraje que restaba... ¡parecía que no se acababan!

Los últimos 6 kilómetros se estaban haciendo eternos, así que decidimos hacer un último avituallamiento, en casa de mis padres, donde ya vaciaría la mochila para continuar en solitario y sin lastre apenas hasta los 202 kilómetros.

En cada de mis padres; a 4 kilómetros de finalizar el reto.
Sabía que de casa de mis padres a mi piso hay casi 2 kilómetros, por lo que faltaban otros 2...

Así que decidí salir por el recinto ferial, llegar al piso y dar un rodeo grande.

No me acordaba de las obras en la salida de la Plaza de la Hispanidad, así que eché pie a tierra, recuperé el aliento mientras rediseñaba la ruta mentalmente y decidí bajar por Portillo y dar la vuelta por la plaza de la Iglesia hasta el Parque de Poniente.

El viento soplaba con fuerza ahora de cara, pero casi mejor, ya que así me pillaría de cola en la vuelta al piso.

Me encontré las carrozas del Rocío en la zona entre la mezquita y la clínica del Doctor Tirado, giré para recibir el viento de espalda y apreté el paso camino al piso.

Parecerá una tontería, pero lo casi 2 kilos de lastre que me quité de la mochila hacían que cada paso costase la mitad de esfuerzo y ahora con el viento a favor, prácticamente me sentía volar.

Los 4 últimos kilómetros fui a 6:00 y por debajo; de hecho el kilómetro 202 me salió al lado del ayuntamiento de Fuengirola, haciendo 202,5 en la esquina del Estanco Alonso, donde todo comenzó hacía poco más de 31 horas...

¡FIN!

Orgullosísimo del reto.
Creo que este ha sido el reto monoetapa más duro que he afrontado hasta la fecha, por desnivel (2.828 metros), navegación, cambios de terreno y distancia.

El ritmo medio en movimiento ha sido de 8:12 minutos el kilómetro mientras que en la X Carretera de la Muerte fue de 8:16, teniendo en cuenta de que ahí el desnivel fue de "solo" de 1.908 metros.

Aun así hay que tener en cuenta que en este caso el reto ha sido parcialmente asistido y en la Carretera de la Muerte fue en autosuficiencia total, pero con todo y con eso creo que la dureza ha sido superior en este caso por el desnivel.

En cualquier caso estoy eufórico con el resultado, tanto deportivo como en materia de donaciones, lo he dado todo para estar a la altura y creo que todo ha salido mejor de lo que podía haber planeado.

Gracias a todos y recordad que el sentido de todo es difundir la labor de la Fundación Menudos Corazones y colaborar con ellos.

Gracias, de corazón.

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