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Reto Litoral: Nerja-Estepona

11/19/2017 01:50:00 a. m.


Los mejores planes en la vida son improvisados; eso no significa actuar sin cabeza, sino tener la determinación de actuar cuando surge la oportunidad, aunque no sea en el mejor de los escenarios.

Este fin de semana mi idea era correr en La Desértica, ya que un amigo con un dorsal de equipo no podría acudir finalmente, pero por circunstancias de la vida, acabé en Nerja en lugar de en Almería.

Ambos escribimos a la organización y yo además a la plataforma de inscripciones; yo obtuve el silencio por respuesta y a él directamente le dijeron que no era posible ceder un dorsal.

Se me plantearon dos opciones: ya que el equipo era de Fuengirola y yo conozco el Desierto desde el II Ultra Trail Tabernas Desert, podía recorrerlo por libre, siguiendo más o menos el trazado de la prueba pero evitando avituallamientos (nunca he participado en una carrera sin dorsal), o intentar en solitario La Carretera de la Muerte.

Contacté con el equipo, pero salía el viernes temprano y yo acabaría de trabajar el viernes noche; entre que tenemos un compañero de vacaciones y que para librar el sábado hay que echar las horas durante la semana llevaba 36 horas en 3 días, así que descartado el tour por el desierto.

Hablando con Eltziar (Paco Contreras), resulta que ya se había anunciado oficialmente la X Edición de La Carretera de la Muerte, y este año, sea como sea, quiero estar al fin, así que descartamos también esa opción.

Tenía sábado y domingo libres y muchas ganas de correr, así que retomé un proyecto que llevaba tiempo rondando mi cabeza, unir Nerja y Estepona a través de toda la costa malagueña; no tenía objetivo de tiempo, ya que tenía todo el fin de semana por delante, así que tras obtener la confirmación de Ernesto, mi compañero de trabajo (encabeza la crónica nuestra foto), una vez acabamos de trabajar nos pusimos rumbo a Nerja.

Tuvimos un despiste y acabamos llegando a Granada y dar la vuelta en Motril, pero pese al rodeo no se me hizo en absoluto largo el trayecto, ya que íbamos charlando muy animadamente.

La temperatura en Nerja era muy buena, pero por si acaso llevaba 2 mangas cortas y unos mangitos; me despedí de Ernesto y me puse a correr, recordando la llegada en esa II Etapa del Reto 360º Solidarios, escoltados por la policía y acompañado por otros corredores... 

Antes de darme cuenta estaba en el puente sobre el Chíllar, descendiendo suavemente a muy buen ritmo; las piernas querían velocidad.

Al llegar al hotel Las Marinas de Nerja ya me sobraban los manguitos y una manga, así que decidí parar para desvestirme tras unos arbustos, con la mala suerte de que un grupo de extranjeros se asomó al patio y se quedó flipando con el espectáculo; entre las pintas y el striptease...

Continué la marcha ascendiendo la pendiente caminando a ritmo vivo y me dejé caer en la bajada, en un tramo ya sin iluminación donde eché mano del frontal.

Tenía montaña a izquierda y a derecha, aunque el tramo de la izquierda sería breve y se escuchaba el rumos del mar meciéndose de fondo.

Levanté la cabeza y vi el mayor cielo estrellado de todo el reto, ya que al estar la zona a oscuras y con pocas luces (Nerja quedaba ya a 4 km y Tórrox aun estaba lejos) la escasa contaminación lumínica permitía al cielo nocturno desplegar toda su belleza.

Se me erizaron todos los pelos del cuerpo y me sentí todo un privilegiado por tener la oportunidad de disfrutar de ese momento.

Por desgracia un coche pasó realmente pegado a mi y se puso a pitarme, supongo que por hacer la gracia, por lo que tuve que retirar la mirada del firmamento y volver a concentrarme en la desierta carretera.

Iba bien provisto con reflectantes y el frontal, pero desde ese momento, cada vez que un coche se acercaba de más al margen de la carretera me salía de la misma saltando el quitamiedos o si había sendero, directamente discurría por él.

Al ir a escasos metros del mar la humedad se había ido incrementando desde la salida de Nerja y aunque había poco viento, en cuanto se levantaba un poco el frío me calaba hasta los huesos, pero me sentía más cómodo sin mangas y con una capa de ropa (sin viento se estaba bien), así que cuando se levantaba aire, simplemente aumentaba el ritmo para mantener el calor corporal.

Poco menos de una hora tardé en llegar a Tórrox, que hacía mucho más lejos
Estaba muy tranquilo, pero más tranquilidad aun me dio el tramo urbano de Tórrox, donde si bien había más coches, iban a una velocidad normal y se alejaban del carril más cercano a mi, pese a correr ahora por la acera.

Fui trotando a buen ritmo por la carretera de Almería, disfrutando de la noche, del silencio y de la soledad, que aplacaban todo el "ruido" que suelo tener siempre en la cabeza (pienso demasiado y le doy muchas vueltas siempre a las cosas, a veces viene bien desconectar).

Sin darme cuenta había llegado a El Morche, para mí un punto especial en el mapa malagueño debido al ultrafondo, ya que fue el punto donde acompañamos a Paco Contreras en su Carretera de la Muerte findeañera y donde me reuní con él, Mark Woolley, Francisco Berbén y Manuel Tenllado para acompañarles en la decimotercera etapa de su Reto Barcelona-Málaga.

El recuerdo y la fantasía se mezclaban en mi mente mientras recordaba aventuras pasadas y planeaba futuros retos
Tras dejar atrás El Moche vino un nuevo tramo de oscuridad, de los más largos de la noche, pero como la carretera estaba desierta por ahí avanzaba yo con mis pensamientos, en un mundo que se reducía al ancho de mi frontal y por el que, sorprendentemente, corría ligero pese a llevar cerca de 4 kilos de equipaje en la maleta.

Tras dejar un Waypoint en el trazado (los que conocen la jerga entenderán el mensaje), decidí comenzar a aligerar peso de la mochila también y me tomé un par de barritas energéticas, ya que pese a haber cenado a las media ración de Pad-Noodles y la otra media a las 12, el estómago me rugía con ferocidad.

No tiene nada que ver correr en grupo con correr solo, sobre todo en cuanto a ultrafondo se refiere, pero hacerlo encima en autosuficiencia se acerca mucho a la raya del masoquismo... lo "bueno" es que conforme pasan las horas, aunque el cansancio sea mayor, al reducirse el peso que llevamos a cuestas se va neutralizando el esfuerzo.

Algarrobo Costa supuso el retorno a la civilización, en un tramo urbano más largo
En días diferentes había corrido previamente por todo el trazado que estaba afrontando, por algunos de ellos en varias ocasiones, como era el caso del tramo Nerja-Málaga, por lo que me animaba muchísimo avanzar mucho más rápido de lo que pensaba inicialmente.

No tardé mucho en llegar a Torre del Mar, donde el viento redoblaba su potencia
Me cuesta recordar con claridad la hora, pero la ciudad estaba completamente desierta a excepción de un camión de basura, por lo que me permití el lujo de correr en paralelo a los raíles del tranvía, algo que de día sería totalmente imposible.

Aprovechando para correr con nocturnidad y alevosía
La sensación de poder correr por donde quisiera era realmente agradable, no molestaba a nadie, no tenía prisa, no necesitaba nada... simplemente fluía con la noche, mimetizándome con las sombras.

Así llegamos al tramo más duro de la noche, no por el desnivel, que es verdad que era algo superior ahora, o por la oscuridad total que se extendía por kilómetros... si no por los perros...

Me gustan mucho los perros, Runner es la prueba viviente de ello, pero tengo muchas más anécdotas con perros de las que me gustaría recordar, tanto entrenando como en competición, desde la rotura de una media de compresión de una dentellada en Tabernas (y menos mal que fue solo la media) hasta el perrito perdido que mataron atropellado en mis narices en La Cala de Mijas mientras entrenaba.

Pasaba una zona con mucho campo, un camping, un semillero, alguna casa rural... propiedades a ambos lados de la carretera tan solo separadas por una valla metálica, en algunas zonas con aberturas demasiado grandes y custodiadas por uno o varios canes.

Como la carretera estaba completamente desierta no iba corriendo por el arcén, sino por mediación del carril, moviéndome entre el izquierdo y el derecho según escuchase más ladridos de uno u otro lado.

Cuando uno de los pocos coches que se me cruzó en ese tramo comenzó a asomar por el horizonte me puse en el arcén, bajé el ritmo y me puse a beber tranquilamente, cuando de repente y sin previo aviso, un perro literalmente se estampó contra la valla, a apenas 2 metros de mí, comenzando a ladrar como poseído y provocando que de repente decenas de perros comenzasen a aullar en las propiedades cercanas.

El corazón se me puso a 170 pulsaciones (corriendo estaba rondando 130), me atraganté con el agua y pegué un cambio de ritmo para alejarme lo máximo posible como alma que lleva el diablo.

Tenía la pendiente en contra y el viento ahora venía de cara y con fuerza, pero no bajé la guardia hasta ver luz a lo lejos, aunque ya no se escuchase ningún ladrido.

Entre lo que había estado bebiendo antes del susto con el perro y lo que necesité beber tras ese inesperado esfuerzo mis reservas de agua habían menguado a cerca de un 200 ml del litro que llevaba conmigo, pero como si el destino lo hubiese orquestado así, reconocí donde me encontraba... ¡Benajarafe!

En el ángulo no se aprecia, pero estaba rellenando un bidón
El Paseo Marítimo de Benajarafe es ideal para correr o pasear, pues hay fuentes cada 50 metros y siendo la hora que era y con la temperatura que teníamos, el agua salía gélida, deliciosa.

Me tomé un momento para rehidratarme y rellenar los bidones y continué, ahora sufriendo más el frío al haberme detenido después de un tramo de tanto esfuerzo.

El viento decidió apretar y llevaba los pezones como picas, lo que me provocaba bastantes molestias con los bidones, que ahora llenos de nuevo, apretaban precisamente en esa zona y con el movimiento de la mochila al correr me los iba rozando...

No llegaba a ser doloroso pero no era en absoluto agradable, por lo que me propuse aumentar un poco el ritmo a fin de coger más temperatura para que los pezones recuperasen su firmeza habitual.

Tras un breve tramo a oscuras, sin ningún incidente relacionado con perros, volví a la civilización, recordando que este tramo sería bastante largo, por lo que volví a parar para dejar otro Waypoint en las afueras y me introduje en la ciudad.

Me gusta infinitamente más correr fuera de la ciudad que en ciudad, pero tengo que admitir que tener una ciudad para uno solo (o casi, en esta zona si había algo de gente), es un gustazo.

Buscando evitar "zonas técnicas", como se refería Berbén a los bordillos y rampas en el Barcelona-Málaga, iba alternando asfalto y acera según estuviesen el peralte y la acera, recordando anécdotas de esa jornada como si la hubiese vivido hacía pocos días.

Me acordé de la conversación con Mark sobre las principales religiones monoteístas y como de todas ellas el budismo era la única que buscaba la mejora del individuo en lugar de la sumisión, de las anécdotas de Berbén en su etapa militar, de como Tenllado comenzó a dedicarse a recrear infinidad de escenas con los clips de Playmóbil o las numerosas anécdotas con Paco, como una en su vuelta de Almería en la que, debido a la falta de sueño, pensaba que Mark estaba montado a caballo cuando en realidad estaba apoyado en un árbol.

Cualquiera que me viese pensaría que estoy chalado, entre las horas, las pintas y que iba corriendo con una sonrisa de oreja a oreja... yo veo a alguien así por la calle en mitad de la noche y me cambio de acera.

Rincón de la Victoria, llegando ya al primer maratón
En Rincón de la Victoria me hice la "selfie" de rigor en el que fuese avituallamiento del Reto 360º Solidarios, la antigua estación de tren.

No me había planteado cuantos kilómetros recorrería, pero mínimo serían tres maratones consecutivos y muy probablemente hasta uno más...

Desde que había comenzado a correr no había pensado en ni en kilómetros ni en ritmos ni en nada por el estilo, pero no duraron mucho esos pensamientos, ya que comencé a imaginar como debieron de haber sufrido en "La Desbandá" esas miles de personas que fueron masacradas en uno de los éxodos más sangrientos de la historia de nuestro país, no tardando en volver a "la zona" y correr en automático.

No pude evitar esta foto, saqué mi niño interior y grité "Eeeeeeecooo"
Me lo pasé pipa en los túneles con el eco, saltando mi mente a como estarían Mayte y Runner y de ahí a pensar como sería correr por Canadá, al recordar la placa a Norman Bethune que vimos en el Barcelona-Málaga en uno de los últimos túneles, que precisamente desemboca al Paseo de los Canadienses.

Tras el último túnel la luz brilló por su ausencia y en la zona de La Araña me sorprendieron multitud de coches aparcados con los cristales completamente empañados, lo que desvelaba que se encontraban ocupados.

No se me ocurren muchos menesteres para estar en un coche, a oscuras y en esas horas, por lo que bajé la luz de mi frontal al suelo y me alejé de ello sigilosamente para no molestar, recuperando el ritmo al desembocar a la zona de la cementera.

Parecía mentira que estuviese llegando ya a Málaga... ese tramo se me pasó realmente rápido, ya que entre pruebas que he corrido por la capital y que más recientemente me he venido corriendo en un par de ocasiones hasta Fuengirola, como en la última carrera de El Corte Inglés.

Llegando al Palmeral de las Sorpresas
Ya mismo comenzarían a abrir los primeros bares y cafeterías y tenía ganas de parar a comer algo, ya que mis reservas de barritas estaban bajo mínimos (llevaba de cereales y de fruta, aparte de purés de fruta) pero el hambre volvía a hacer acto de presencia.

Sorprendentemente no había tenido nada de somnolencia en esta primera noche a la que le quedaba poco más de una hora y los "fantasmas nocturnos" no habían hecho aparición en ningún momento, aunque ahora si que me notaba más cansado mentalmente.

En la última vuelta a Fuengirola el Guadalhorce tenía apenas 3 metros de anchura en su desembocadura, por lo que al no haber llovido en estas semanas, si había perdido al menos medio metro de grosor podía saltarlo directamente y enganchar por la senda litoral que discurre en paralelo al campo de golf hasta el paseo marítimo de Torremolinos.

No solo no había menguado, sino que se había duplicado la anchura y la corriente era bastante fuerte...
Si me hubiese pillado en verano hubiese lanzado la mochila a la otra orilla y hubiese cruzado a nado, total, las Simna 3 tardan muy poco en secarse, pero había visto en un termómetro hacía poco que estábamos a 10 grados (la sensación térmica era mucho menor), el viento me atravesaba hasta el tuétano en ese momento y llevaba horas sin tener sensibilidad de muñeca para hacia abajo.

Cuando escribía en las selfies que publicaba en Facebook acercaba el móvil contra mis dedos rígidos para marcar, imaginad el grado de entumecimiento...

Menos mal que un corredor con experiencia es un corredor con recursos y decidí rodear la desembocadura por la Gran Senda de Málaga.

Ya amaneciendo el frío era aun más intenso que durante la noche debido al viento de la desembocadura
Tuve que parar a ponerme los manguitos del frío que hacía, tenía los pezones en carne viva de nuevo, no sentía los dedos de las manos y se me estaban despellejando los labios... menos mal que en cuanto el sol saliese un poco empezaría a calentarme, porque empezaba a pasarlo realmente mal.

Precioso el amanecer en la desembocadura del Guadalhorce
Por un momento me olvidé hasta del frío con un amanecer realmente bonito en un paraje desconocido para muchos pese a su cercanía, pero tras inmortalizarlo eché a correr como alma que lleva el diablo, ya que notaba como bajaban dramáticamente mi pulso y temperatura corporal.

Además, tenía ya bastante hambre (no había encontrado nada abierto aun a mi paso por Málaga), pero el destino quiso colocar un bar en mi camino, descendido por el Polígono Villa Rosa y no pude resistirme.

Nada más entrar noté como la temperatura y mis ánimos se elevaban, pedí un colaco y un mollete con atún y al tocar el colacao hirviendo con ambas manos, durante un par de segundos no noté nada, pero tras el segundo par sentí cómo por primera vez en horas, recuperaba la sensibilidad en los dedos... fue una sensación increíble...

No pude despegar las manos del colacao hasta que tuve una movilidad decente en los dedos de ambas manos, momento que aproveché para echarle una foto rápida y volver a cogerlo.

Aproveché el calorcito del bar para recuperar unos grados vitales
Revisando los comentarios por redes sociales me di cuenta de que ya hacía un rato que llevaba más de 24 horas despierto y pese al esfuerzo me encontraba realmente lúcido; quizá el frío me había ayudado a soportar la noche sin devaneos mentales, habría que ver qué tal se daba el día.

Me comí medio mollete y dejé el otro medio para el camino, ya que notaba que las piernas se me comenzaban a entumecer, así que tras un paso rápido por el baño para dejar un Waypoint, retomé la marcha.

Ya la luz era completa en el exterior, por lo que guardé el frontal, pero el sol aun no se levantaba sobre mí, por lo que avancé entre tiritones en los primeros metros, hacia Guadalmar.

Me pareció ver el coche de Humberto, un antiguo jefe y buen amigo, pero si era él no me reconoció y pensando en otros trabajos que he tenido fui corriendo por la zona del campo de golf opuesta a la Senda Litoral.

Tramo bastante duro, bastante más que cualquiera de los que había atravesado de noche
Tenía el ánimo bastante bajito ya que iba congelado, aunque sin tiritones y me encontraba muy cansado de repente, no de piernas, que sorprendentemente iban bastante ligeras, sino mentalmente, como si al llegar la luz se hubiese apagado mi motivación.

Me puse a tararear canciones mentalmente con el objetivo de ahuyentar los malos pensamientos y me di cuenta de que traía muchas cosas conmigo, pero no tenía auriculares... ¡que bien me hubiesen venido!

Lo bueno fue que al llegar al Paseo Marítimo de los Álamos los primeros rayos de sol comenzaron a calentarme y eso fue como si me recargase poco a poco las baterías.

Me encontré con varios corredores conocidos antes de llegar al Hotel Puente Real y al enterarse de donde venía y hasta donde quería llegar me dieron muchísimo ánimo.

Comenzaba a hacerme falta, ya que si hacía menos de una hora el frío era de lejos lo que más me había hecho mella, ahora el calor prometía ser mi nuevo enemigo...

En la zona de chiringuitos pasada la Moliere Playa estábamos ya a 19 grados y subiendo, sudaba profusamente y al empaparse las calzonas comenzaban a rozarme en los muslos... ¡salir de Guatemala para ir a dar con Guatepeor!

En Bajondillo, llegando al kilómetro 70
Los ánimos de mis familiares y amigos fueron claves en este tramo, el primero desde que comenzase en Nerja en el que caminé en algunos tramos en llano; me ayudaron también mucho los corredores con los que me crucé, que me conociesen o no y algunos sin saber en qué estaba embarcado, me dedicaban unas palabras de ánimo al adelantarme.

Me dio mucho ánimo encontrarme con Miguel Ángel Ferrón y su compañero de entrenamientos, en pleno Paseo Marítimo de Puerto Marina, inmersos en la última tirada larga antes del Maratón de Málaga.

Iban a muy buen ritmo, así que supuse que sería cuestión de tiempo que me adelantasen a la vuelta; llegado el momento aprovecharía para intentar ponerme a su par y así amenizar la vuelta, ya que empezaba a hacerse bastante cuesta arriba recorrer tantísimos kilómetros en solitario.

Si de noche recorrí andando el 90% de las cuestas, ahora de día eran el "110%" las que subía así
Llegando al Sunset Beach Club me giré para ver si venían a lo lejos, aprovechando que desde ahí a vista abarca varios centenares de metros.

No los vi, así que decidí echar a trotar suavemente, pero en la bajada tras el casino cogí muy buen ritmo.

Ascendí andando hacia Benalnatura y me dejé caer de nuevo; repetí el proceso con el Playabonita y me di cuenta de que en los tramos de bajada me ponía a cerca de 6 minutos por kilómetro, lo que me levantó muchísimo la moral.

Se compensaban con los tramos de subida, que ascendía andando y sin prisa, pero el ritmo medio volvía a ser decente tras varias horas y me vine bastante arriba.

Uno de los últimos ascensos previos al TM de Fuengirola
Creo que se mezclaron el ánimo por ver que volvía a correr a buen ritmo con el saber que estaba cerca de Fuengirola, donde tenía planteada una parada técnica para comer algo (había dado cuenta del medio mollete en Benalmádena y tenía otra vez un hambre voraz), ducharme y dormir unas horas.

¡A un paso de casa ya!
Sea como fuere, fue pisar el Paseo Marítimo de Fuengirola y ponerme a 6 minutos el kilómetro... ¡y por debajo!

No hacía más ahora que pensar en Mayte, a la que quizás pillaba antes de salir para el trabajo; inicialmente pensaba que llegaría sobre las 13:00 a casa, pero eran poco más de las 11:00 y llevaba ya un buen trecho de paseo recorrido.

Finalmente no la alcancé antes de que saliese, aunque por muy poco; me dio un poco de pena pero Runner se encargó de quitármela a lametazos.

¡Al fin en casa!
Sabía que la fatiga mental me estaba empezando a pasar factura, me costaba pensar y me aturrullaba continuamente, así que hice una lista de cosas rápidamente para evitar dar vueltas por el piso como pollo sin cabeza; puse agua a hervir con 3 huevos y me di una ducha.

Tenía la entrepierna y los pezones al rojo vivo, así como el ojete (demasiados Waypoint limpiados con clínes de menta, debería haber cogido alguna toallita...) así que me eché crema hidratante mientras comía, preparé para lavar la ropa que llevaba encima y dejé la nueva puesta en la silla para ponérmela cuando me despertase.

Igualmente decidí reabastecerme antes de echarme la cabezada, no fuese que me despertase muy adormilado y se me olvidase; también le cambié las pilas al frontal y dejé las sandalias de repuesto fuera de la mochila, si en casi 87 km no me habían hecho falta confiase en que no me hiciesen falta ahora.

Emily me había dicho que a lo mejor me acompañaba un rato en bicicleta, por lo que le escribí para confirmar antes de poner a cargar el móvil y la batería externa y ya me puse a cargar a mí mismo.

Dormí algo más de 4 horas, despertándome bastante antes de lo que había programado la alarma; mejor, no quería dormir como tal, sino descansar la mente y si ya estaba consciente era que la mente había descansado lo suficiente.

Fue un acierto dejar todo preparado antes de dormir, ya que aunque me levante bastante grogui tenía claro que tenía que hacer: primero, vestirme, estaba todo en la silla, después, comer algo, estaba todo en la mesa y después coger la mochila, que estaba también en la mesa y salir por patas.

Recordaba vagamente un beso de Mayte y un salto de Runner contra mí en algún momento y me los encontré en el sofá, lo que me dio alegría y pena a la vez.

Alegría por lo que es obvio y pena por saber que en menos de 30 minuto volvería a dejarlos atrás, sin saber cuando los volvería a ver.

Llevaba más de la mitad conseguida y había ido por delante de mis mejores expectativas pese a salir casi una hora más tarde, pero ahora llegaba la segunda noche y llevaba ya más de 86 kilómetros en las piernas...

Seguramente llegase a Estepona sobre las 6 de la mañana, por lo que obviamente no iba a preguntarle a Ernesto si me podía recoger, bastante había hecho ya llevándome a Nerja, mis padres tenían el Cross de Torremolinos... pero tras un rápido vistazo vi que había un bus Estepona-Fuengirola a las 7:30 am.

Podía ir tranquilamente que hasta en el peor de los escenarios llegaría con más de media hora de margen, así que tras coger un poco más de dinero y despedirme, puse rumbo al Paseo Marítimo, como cada día.

¡Piernas a la obra!

Es increíble como cuando funciona la mente el cuerpo responde a la perfección, parecía que no hubiese parado, obviamente notada un poco de fatiga en las piernas, pero en cuanto pasaron un par de kilómetros llevaba el mismo ritmo que en la llegada a Fuengirola y el nivel de esfuerzo que percibía que invertía era mucho menor.

Antes de darme cuenta estaba ya saliendo de Fuengirola
Estaba bastante motivado, lo que achacaba tanto al descanso como al saber que ahora atravesaría uno de los tramos que más trillados tengo; había cogido auriculares por si los necesitaba en ese tramo, ya que pensaba que al conocerlo palmo a palmo pondría el automático y se me haría monótono, pero no fue así en absoluto.

Básicamente no pensé en nada, estaba totalmente sumergido en "La Zona", ese estado mental que desde que en el Máster de Investigación en Actividad Física y Deporte estudiase algunas pinceladas de psicología estoy seguro de que se trata de la forma más pura de experimentar el Flow del que Ciskszentmihalyi hablado, al menos, para mí.

Sabía que estaba corriendo hacia La Cala, pero tanto mi consciente como mi subconsciente se encontraban en un lugar sin espacio ni tiempo, era consciente de todo y de nada y simplemente fluía con mis zancadas.

En esos momentos, era el oxígeno entrando por la nariz, recorriendo mi cuerpo y siendo exhalado por la boca, era mi mochila bamboleándose en mi espalda y hasta el mismo mar meciéndose tranquilo en la orilla a unas metros.

Hice una rápida parada en un baño en La Cala y un extranjero y su hijo me trajeron de vuelta a la realidad.

Siguiendo la Gran Senda Litoral; perdí la cobertura y tardó casi una hora en subirse la imagen a Facebook...
Supongo que sorprendido por mis pintas me preguntó que qué hacía y cuando le dije que correr, de donde iba y hacia donde me dirigía se quedó con la boca literalmente abierta, colgando de la mandíbula.

Me dijo que él es futbolista, que cobra por jugar al fútbol y que mañana tenía partido, pero como le dolía un poco la pierna, había llamado al entrenador para decirle que no jugaría; él iba a dejar de hacer deporte pese a no cobrar, por lo que no podía concebir que alguien que no iba a cobrar nada en absoluto tuviese esa motivación intrínseca por correr.

Tras darle la mano me disculpé por tener que irme, ya que veía venir que empezaría a hacerme una cascada de preguntas y comenzaba a enfriarme (y eso que no se había fijado en qué corría con sandalias...).

Salvo en algún tramo con sensores de movimiento la senda estaba totalmente a oscuras, así que tiré de frontal hasta dejarla atrás en Riviera.

Tenía hambre nuevamente y olía a McDonalds desde la distancia, así que no me pude resistir a pecar.

Había pensado pedir desde el McAuto para no entrar al local, ya que la temperatura comenzaba a descender y como me aclimatase lo iba a pasar regular al salir, pero como había cola decidí pedir y recoger por el McAuto.

Pedí 4 hamburguesas de 1 euro, dos me las comí directamente, tan calientes que quemaban en la boca (entraron casi sin masticar), las otras dos las metí en la mochila para más tarde; las ayudé a bajar con puré de frutas y agua mientras caminaba y me di cuenta de que acababa de aparecer una nueva cifra en el GPS.

Desde el 18 de junio de 2016 no hacía más de 100 kilómetros
Ayer no se como los calculé, pero no eran 15, eran exactamente 17 los meses que llevaba "atascado" en 2 cifras, cuando antes había llegado a superarlas hasta 5 veces en un mismo año.

A diferencia de todas las veces anteriores que había superado los 100 kilómetros, en esta seguía corriendo como si tal cosa.

Anteriormente, o los 100 kilómetros eran la meta o estaban muy cerca de ella, por lo que llegar a esa cifra era casi el culmen del reto en cuestión; hoy era solo un punto de paso y para mi propia sorpresa seguía muy entero.

El terreno tenía bastante desnivel, por lo que ascendía andando tranquilamente, pero en bajada y llano rondaba 6:15-6:30 minutos el kilómetro sin esfuerzo apenas, no me lo podía creer.

Iba tan bien que llegando a la zona del Hotel Don Carlos en lugar de correr por la comodidad del cemento decidí meterme por el pinar y correr esquivando árboles un tramo.

Disfrutando como un enano...
Quizás me venga de joven, ya que esa zona es donde hemos veraneado siempre, no lo sé, pero me encanta el olor a pino, es superior a mí... por un momento cerré los ojos y me transporté a La Breña y sus 24 horas... es una lástima que no haya podido mantenerse, ha sido una de las pruebas más especiales que jamás haya podido disfrutar.

Aprovechando en las subidas para responder mensajes por redes sociales estuve charlando con Paco, Mayte o mi madre entre otros.

Intuía que iba a llegar mucho más temprano de lo que esperaba a Estepona, a ese ritmo, sobre las 4 de la mañana, no quería decir nada aun porque era muy pronto, había muchos kilómetros y podría tener un momento de bajón en cualquier momento que echase cualquier previsión al traste, pero estaba realmente cómodo con el ritmo.

Subiendo y bajando llegué a Marbella, con algún grito de ánimo desde la ventanilla de algún coche y varios toque de claxon, a diferencia del tramo Nerja-Fuengirola no por dar por saco, sino porque me reconocían; son toques de claxon muy diferentes.

¡Ya estaba en Marbella!
No sabía si el tiempo iba más lento de lo que debía o si la distancia menguaba conforme avanzaba, pero algo no me cuadraba, estaba yendo mucho más rápido de lo esperado con mucho menos esfuerzo de lo que recordaba en veces anteriores recorriendo distancias similares.

Aproveché una cuesta por el centro de Marbella para sondear a Gonzalo por si él me podía recoger y hablando con Mayte se ofreció ella también, aunque teniendo el motor de arranque fastidiado sabía que no era buena idea... en cualquier caso ya iría informando de mi posición con el paso de las horas.

Bajé al Paseo Marítimo, que pese a hacérseme inicialmente un poco pesado lo recorría a buen ritmo y mucho antes de lo que esperaba llegué al Albero.

Con un vistazo a Google Maps y unos cálculos mentales rápidos (estaba totalmente concentrado pese a ser la segunda noche) me di cuenta de que en el peor de lo escenarios llegaría a las 3 y media de la mañana a Estepona.

No quería poner a nadie en el compromiso, pero la verdad es que esperar desde las 3 y media hasta las 7 y media no era muy motivador...

Mis padres habían insistido en que si necesitaba algo, en cualquier momento y a cualquier hora, les avisase e irían a ayudarme, así que contacté con ellos.

Sabía que tenían el Cross de Torremolinos la mañana siguiente y que mi padre toma medicación para dormir, pero mi madre me aseguró que no había problema, siempre y cuando no fuese muy tarde.

Llevaba un par de kilómetros en llano a 7 clavados pese a andar unos metros primero para beber y después parar para rellenar un botellín en una fuente y no me estaba costando mantener ese ritmo.

Les dije que a las 12 les confirmaba; Gonzalo aun no había respondido y Mayte sabía que no era buena idea conducir con el coche estropeado, así que ahora dependía de mí, si no llegaba muy tarde tenía transporte de vuelta...

Sobre el puente de Puerto Banús
El tramo final del Paseo Marítimo de Marbella, llegando a Puerto Banús, bajé de 7 minutos el kilómetro en 2 consecutivos pese a ir a oscuras y simplemente aumentando ligeramente la cadencia, sin notar cansancio adicional, así que decidí jugármela y quedar con mis padres en Estepona... A las 2 de la mañana.

Ascendí hacia la autovía por detrás de El Corte Inglés y fui andando por dentro del quitamientos mientras me cenaba las 2 hamburguesas de un euro que me quedaban con un puré de frutas y me tomaba un ibudol (una especie de ibuprofeno).

No me hacía falta ni comer ni tomarme el antiinflamatorio, pero iba a tener 2 horas bastante duras por delante y no quería tener que parar para nada; bueno, pararía en San Pedro a echarme una última selfie, pero nada más.

Llegando a San Pedro precisamente se levantó bastante aire, pero vi en un termómetro que marcaba 17º, así que ríete tú de ese frío comparado con los 10 graditos de la noche anterior...

Ascendí al trote la cuesta del bulevar de San Pedro sin apenas dificultad y decidí echarme la última selfie y ponerme las pilas.

¡Vamos, que nos vamos!
Aproveché la parada para responder a los últimos mensajes y me puse de nuevo en marcha.

Me notaba completamente cargado, las piernas me pedían velocidad...

Tenía una hora y media para recorrer 15 kilómetros y pese a llevar ya 3 maratones consecutivos sabía que lo iba a lograr.

Pasé por la Atalaya de Isdabe a toma máquina y pensé en parar para echarme una foto por mi abuelo Andrés, que pasó sus últimos días en una residencia para personas con Alzheimer allí, pero el viento arreciaba y si paraba me arriesgaba a quedarme entumecido, que me costase más arrancar y perder un tiempo valioso.

Llevé sus recuerdos en mi mente durante varios kilómetros, corriendo de nuevo en "La Zona" hasta que mi madre me sacó de mi mundo para comunicarme que ya salían de Fuengirola.

Me encontraba fenomenal así que le dije que si llegaba antes que ellos a Estepona seguiría por el Paseo Marítimo hasta que me alcanzasen y si no, nos veríamos en la entrada.

Ahí me pasé tres pueblos, pero que uno sea capaz de pensar eso después de llevar 17 horas corriendo y semejante kilometrada encima da que pensar sobre como de bien estaba mentalmente.

Fui engullendo los kilómetros, tanto en llano como en subida y sobre todo en bajada.

Cuando vi un cartel que indicaba que Estepona se encontraba a 6 kilómetros escribí a mi madre para ver por donde iban y justo en ese momento vi el coche de mis padre al otro lado de la carretera (y ellos me vieron, ya que me pitaron al instante).

Ya se habían dado prisa en llegar, habíamos quedado a las 2 y eran las 1:15... pero bueno ya que no podría correr más lejos aun decidí correr más rápido (sentía una necesidad imperiosa de derrochar energía) y salvo en los pasos por puentes, que por estrechos no me lo permitían, no paré de correr ya en ningún momento.

Rondando 6 minutos el kilómetro engullí los kilómetros que me separaban de mis padres (me mandaron su ubicación cuando llegaron a Estepona) y no paré de correr hasta la fuente donde nos echamos la selfie de meta.

¡Final! 141 kms cuyos "números" podéis consultar aquí
Ha sido una experiencia increíble realmente, he sentido multitud de cosas indescriptibles a lo largo de mi periplo de Nerja a Estepona, he tenido mejores y peores momentos, pero realmente no he dejado de disfrutar de inicio a fin.

Creo que esto ha sido la clave, ya que de inicio a fin he tenido la sonrisa fácil, no he perdido el sentido del humor en ningún momento y no he tenido sensación de sufrimiento físico más allá del causado por el frío, muscularmente.

Me he encontrado fenomenal y esto si que es algo nuevo para mí, ya que siempre que he acabado un reto he tenido esa sensación de vacío existencial que te da el saber que estás completamente agotado y lo has dado todo, tanto física como mentalmente y en esta ocasión pienso que he estado muy lejos del límite en ambos aspectos.

Si las circunstancias no hubiesen sido las que eran hubiese seguido corriendo más, no sabría cuanto tiempo o kilómetros, pero acabé pletórico y aun hoy mientras escribo esta crónica, algo más dolorido (aunque no especialmente) me sigo sintiendo así.

Quiero acabar agradeciéndoos a todos los mensajes de ánimo por Facebook y Whatsapp, las notas de voz y el apoyo en vivo, habéis sido una parte importante del éxito sin lugar a dudas.

Un fuerte abrazo.

PD: ¡al final llegué a Estepona a las 1:40!

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