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I Spain Backyard Ultra


Ahora que por fin he llegado a casa puedo comenzar a recopilar fotos y ordenar los recuerdos de la experiencia vivida el pasado fin de semana en Castro Caldelas.

Se me mezclan los momentos y las emociones, pero espero narrar una crónica coherente y que pueda transmitir el espíritu de esta prueba tan diferente.


Pero antes que nada hay que explicar en qué consisten las "Backyards", que son una suerte de carrera de eliminación.

Cada hora hay que recorrer un bucle de 6.706 metros, con lo cual, se alcanzan las 100 millas sin consigues aguantar 24 horas.

Si acabas el bucle fuera del tiempo, estás eliminado, así como si decides no comenzar una vuelta en el momento de darse la salida.

El tiempo que te sobre, tienes que esperar hasta que se completen los 60 minutos, por lo que la estrategia juega un papel fundamental en este tipo de pruebas, que generalmente no gana el más rápido ni el más fuerte, sino el más resistente.

Una tarea tan sencilla como comer o atarte los cordones puede llevar mucho más tiempo del que os imagináis en un estado de privación de sueño y extenuación, por lo que saber gestionar cada situación puede ser más determinante que la preparación física.

La prueba original es obra de Lazarus Lake (Gary Cantrell) y la organiza anualmente en su rancho de Tenessee, pero con el paso de los años se han ido celebrando otras "Backyards" a nivel mundial y este año han irrumpido decenas de pruebas en todo el mundo.

Hay toda una fiebre por este tipo de pruebas, que se hicieron virales el año pasado con la batalla entre Courtney Daulwater y Johan Steene, que ganó el segundo tras recorrer 68 bucles (450 km) y este mismo año, con la victoria absoluta de Maggie Guterlt tras 60 horas (402 km).

Soy seguidor acérrimo de diferentes eventos de ultrafondo y desde hace dos años sigo las "Backyards" con fervor, por lo que no podía perderme la oportunidad de participar en la primera prueba de la franquicia en España.

Hablé con Suso, que había reconocido en verano el trazado y me advirtió de que el desnivel sería la clave para hacerse con la victoria.

Por lo general las "Backyards" son muy corribles y prácticamente llanas.

De hecho, en la original, "Big Dog's Backyard, se pasa del trail al asfalto por la noche con el fin de hacer más "fácil" el seguir corriendo y "forzar" a que los corredores que lleguen a la noche continúen, como poco, hasta el amanecer.

Pero aquí asfalto habría poco y lo que si que habría de sobra sería desnivel, por lo que habría que prepararse bien.

Tras estudiar el track que colgaron los organizadores en Wikiloc incluso me hice mi propio circuito para entrenar la prueba, ya que tras pasar dos años entrenando prácticamente en llano y sin pisar la montaña, iba escaso de técnica.

231 metros de desnivel positivo en 6.500 metros
La idea inicial era entrenar en el circuito a mi vuelta de la mítica cita griega, pero no solo no pude finalizar el Spartathlon, sino que me cortaron por tiempo en el kilómetro 215 tras pasar horas caminando debido a una bursitis infrarotuliana en mi rodilla izquierda.

Estuve una semana larga completamente parado y poco a poco, a la segunda semana, pude meter algo de kilometraje, pero como esperaba, no llegaría a punto.

Pude completar la semana previa los 100 kilómetros de Caldes, caminando los 30 últimos por un pinchazo en el gemelo izquierdo que me molestaba solo al trotar, así que no saldría a rodar hasta la prueba, a fin de llegar todo lo fresco que pudiese.

Me planté en la salida, con Constantino, que junto a su prometida Teresa me acogieron en Lugo y acompañado por otros amigos como Simon Gfeller o Fernando Soriano, con muchas ganas e ilusión pero consciente de que era más probable que parase por molestias que por no llegar a tiempo a meta en algún bucle.

Mucho nivel humano y deportivo
Sabía que Simon llegaba fuerte, al igual que Fernando y apostaba a que uno de los dos acabaría por llevarse la victoria, así que les acompañaría mientras pudiese.

Charlando con Fernando 
Simon es un guerrero capaz de ventilarse en solitario y sin equipo de apoyo las pruebas más duras de Europa y se mueve muy bien en montaña y Fernando tiene una experiencia brutal pruebas de ultrafondo de 100 kilómetros a 6 días y un excelente estado de forma que ha conseguido mantener a lo largo de los últimos meses.

Sin conocer el nivel de los corredores gallegos o portugueses, sabía que darían guerra, aunque podría ser que nos llevásemos una sorpresa, ya que en este tipo de carreras a veces gana quien menos guerra parece que va a dar.

Además de con ellos, coincidí también con José Antonio Buendía, con quien había coincidido en más ultras u Óscar Domínguez, amigo de Cons que aun no conocía, entre otros grandes corredores con quienes compartiría horas y kilómetros en las próximas horas.

Charlando con Óscar y su mujer

Vista aérea de gran parte de los corredores
Tras un breve briefing donde nos recordaron y explicaron las normas, nos colocamos en posición listos para salir a por el primer bucle, en sentido contrario al de las agujas del reloj.

A 3 minutos de la salida se dieron 3 toques de silbato, 2 a los 2 minutos, 1 cuando quedaba un minuto y finalmente, comenzó la prueba con un toque de campana.

Primera bajada por los escalones de acceso al castillo

Y primera bajada hacia el monte
Mi idea era sencilla, promediar entre 54 y 56 minutos por bucle de forma que no tuviese que esperar ni enfriarme para comenzar la siguiente vuelta.

Para ello, tantearía el terreno en la primera vuelta, saliendo a buen ritmo para coger una buena posición (tenía entendido que había zonas donde habría que pasar de a uno) y ver que tiempo se tardaba caminando todas las subidas.

En el circuito que me había hecho para entrenar rondaba 40 minutos, pero claro, ni el terreno ni la forma en la que se repartía el desnivel tenía nada que ver.

El recorrido era precioso, atravesando bosques de castaños que me recordaban al Valle del Genal (donde paralelamente se estaba celebrando el campeonato andaluz de Ultra Trail), saltos sobre arroyuelos que me recordaban más al centro y norte de Europa...

Las frenéticas bajadas y las duras subidas eran muy divertidas, pero con el paso de las horas, sin duda, se convertirían en un martirio. 


Foto de José Gómez; ¡ya me sobraba todo!
Fui tomando nota de mi tiempo en cada kilómetro aprovechando que llevaba el móvil en el cinturón y estos fueros los resultados:

6:30
7:20
8:00
11:00
10:00
7:20

Como no llegaba a 7 kilómetros y veía que iba muy bien de tiempo, en el último parcial simplemente troté hasta que se acabó el asfalto y ascendí al castillo caminando, empleando en total 54:45 en completar el primer bucle.

Había ido casi en la cola de carrera, compartiendo gran parte del camino con Cons y Buendía, me sorprendió lo rápido que habían comenzado muchos corredores.

En una subida a media ladera bastante pronunciada tropecé y al echar mano a la rodilla rasgué el dorsal, que llevaba enganchado al portadorsal, por lo que acabé la vuelta en tensión, agarrando el dorsal con la mano derecha.

El tiempo que me sobró hasta llegar a la hora lo empleé en asegurar el dorsal con un imperdible que me dejó Cons, quitarme el cortavientos y los manguitos e ir al baño, no me dio tiempo a más.

Que trabajo costaría después bajar esos escalones...
¡Preparado para la segunda vuelta!
Repetí estrategia en la segunda vuelta, en la que pensaba ponerme una lista de reproducción que reiniciaría con el último pitido de cada vuelta, a fin de hacerme una idea, por la canción y el momento en que estuviese sonando, si iba por encima o por debajo de mis tiempos de paso.

Una de las bajadas técnicas
Y la famosa subida a media ladera
Apreté un poco más al principio a fin de posicionarme bien en las bajadas y poder tirarme a gusto y luego en las subidas ascendí más tranquilo, completando la segunda vuelta en 54:30.

Pese a haberme comido una barrita Triforza en cada vuelta tenía sensación de hambre, así que fui a echar mano del alimento líquido, pero tuve tan mala suerte que lo volqué sobre mi chaqueta, por lo que pasé los minuto de descanso tratando de limpiarlo antes de que calase.

Isa, pareja de Fernando, se ofreció a prepararme otra dosis mientras completaba el segundo bucle, así que, más tranquilo, me coloqué en la zona de salida.

Me coloqué los cascos y mientras se daba el toque de silbato que indicaba un minuto hasta la salida encendí los cascos y me preparé para dar otra vuelta.

Antes de comenzar el bucle nos dijeron que aun no había abandonos, lo que podía atestiguar al estar abarrotada la plaza del castillo tras cada vuelta.

Bueno, si con tanta gente estaba teniendo algo más de cinco minutos de margen, cuando pudiese correr con más espacio iría más cómodo y aunque la fatiga fuese ralentizándome pensaba en poder mantener el ritmo.

Me di cuenta de que iba más rápido de la cuenta, así que aproveché la primera cuesta para colgar un selfie en mi página de Facebook.

Aun sonriendo
La semana previa mi familia y amigos se habían preocupado por no haber colgado nada durante los 100 km de Caldes, así que esta vez no les daría motivos para preocuparse.

Cazado in fraganti
Ya tenía dominada la referencia musical por la vuelta anterior y sabía que si comenzaba "Smoke on the water" al llegar a la pequeña rampa de asfalto que nos dirigía al descenso fuerte hacía el arroyo iba bien, y lo clavé.

Lo mismo con "Las Hadas Existen" al llegar a la subida a media ladera o "Malamente" tras dejar atrás el último arroyo, fui prácticamente clavando los tiempos de la vuelta anterior.

Igualmente tenia controlados los puntos donde debía pasar a andar o correr tomando como referencias las balizas, rocas, troncos de árboles, setas...

Pero lejos de resultar monótono, era estimulante y divertido, ya que aunque llegaba casi siempre con los mismos corredores, cada vuelta adelantaba a camisetas nuevas.

Completé esa tercera vuelta en 53:25, siendo vuelta rápida pero no por haber corrido más, sino porque fue la primera en la que no tuve que parar a hacer pis.

Eso indicaba que comenzaba a deshidratarme y como ya hacía calor y el sol en algunos tramos era molesto, decidí prepararme un bidón de agua con Maurten y coger las gafas de sol en el tiempo que me sobraba.

¡A por la cuarta vuelta!
Ya en esta vuelta comencé a notar el paso de los kilómetros, no con cansancio ni molestias musculares, sino en mi pulgar del pie izquierdo, que del roce con la zapatilla me comenzaba a hacer daño...

Tenía que gestionarlo bien, ya que de lo contrario no tendría más remedio que pasarme a las huaraches y el recorrido no era especialmente propicio, ya que una patada a una castaña podría resultar harto dolorosa.

Llegando al castillo
Completé la cuarta vuelta en 54:13, en mi línea y aproveché para colocarme un compeed que Cons me aseguró con esparadrapo en el dedo, beberme otro bidón de alimento líquido y pedirle a Isa que me rellenase otro.

Fernando e Isa, tándem de lujo

Preparándonos para la siguiente vuelta
Comenzaba a notarse el paso de las vueltas, ya que aunque seguía encontrándome fresco, habían habido varias retiradas y en general los corredores estaban rodando más lento.

Aproveché las primeras bajadas para tirarme a placer y luego compensar en las subidas mientras revisaba los mensajes de las redes sociales.

Entre que el paraje era idílico, la luz y las sombras iban cambiando vuelta a vuelta y me estaba encontrando físicamente mejor de lo esperado, me lo estaba pasando como un enano.

Marchando a buen ritmo

Un poco de trote

Y caminando, ¡que es gerundio!
Finalicé la quinta vuelta en 53:34, aprovechando para rellenar el bidón de Maurten, ya vacío, cambiar los envoltorios de barritas por otras que eché en el bolsillo lateral de la malla y coger un gel de magnesio.

¡A por otra!
Creo que fue en esta vuelta cuando por fin conocí en persona a Suso, con quien no me pude entretener mucho ya que tocaba volver al corralito de salida a esperar el toque de campana.

Comenzamos la sexta vuelta y como novedad, además de una barrita, me tomé el gel de magnesio, que al principio pareció caerme mal al estómago, pero finalmente tras soltar unos cuantos gases, se estabilizó.

Ya conocía algunas caras de la zona de bares previa al ascenso al castillo, así como a corredores como Arturo, Norris, Jesús Enrique, José y Juan del Brutanzos, los compañeros de Vértice...

Llegué al castillo en 54:04 y me sorprendió encontrarme a Silvia Fernández, que nada más terminar de trabajar había pedido prestada una furgoneta y había subido hasta Castro Caldelas para apoyarnos.

Se me pasaron volando los 5 minutos de descanso mientras disfrutaba de una coca-cola fresquita, con la ayuda de Cons me ponía otro compeed en el pulgar izquierdo y rellenaba de agua el bidón, que al final me dejé sobre la mesa.

Con Silvia, una máquina
A juzgar por la cantidad de corredores que respondimos a la campana debíamos haber perdido ya a un tercio, pero aun quedaba mucha carrera.

Cons, sin ir más lejos, me dijo que no sabía si seguir o no, pero acabó saliendo y a buen ritmo, ya que íbamos casi a la par.

Me sorprendió igualmente que Fernando fuese a mi ritmo, ya que en las primeras vueltas iba volando y compartimos charla y conversación hasta que llegamos al primer paso cruzado por un arroyo.

Nos dimos cuenta en la bajada previa que la llamativa seta que crecía en el mismo sendero había sido espachurrada...

6 vueltas había aguantado la campeona, que teniendo en cuenta la cantidad de corredores que éramos, no fue poco.

Comprobé aliviado que la Amanita del giro tras el último arroyo, cuando comenzaba el ascenso, seguía en pie, ya que era mi referencia para comprobar si por la música iba adelantado o retrasado con respecto al tiempo de paso que me había marcado.

Entré por meta en 53:10, vuelta rápida; me había dejado llevar en las bajadas y pese a caminar tranquilo en las subidas, no había terminado de equilibrar el tiempo.

También ayudó que en esa parada no paré a hacer pis, imagino que por no haber ido bebiendo de la botella, que me había olvidado.

Disfrutando pese a la fatiga
Me bebí un botellín de alimento líquido que Silvia había puesto a la sombra y aproveché para tomarme un Nolotil, ya que notaba el cuerpo dolorido en general.

Aun así estaba aguantando todo bien, por lo que de momento seguiría intentando cuadrar los tiempos de paso vuelta a vuelta.

Cons volvía a dudar sobre sin continuar o no, pero Silvia no le dio opción y decidió salir a dar una vuelta más.

Como siempre, salíamos todos a tropel, perdía puestos en la primera cuestecita, que como siempre subía andando (Simón y Óscar solían adelantarme en ella), me tiraba en las bajadas y continuaba caminando en las subidas.

Se notaba ya que quedábamos menos corredores tras cada vuelta, ya que en puntos donde las primeras horas avanzábamos en fila india ahora estaba prácticamente solo.

Noté como un chasquido en la rodilla izquierda, la que me fastidié en el Spartathlon, en la subida a media ladera, pero al echar a trotar después de coronarla no noté nada raro.

Completé la octava vuelta en 53:02, nueva vuelta rápida, mosqueado por ese repentino pinchazo.

Preocupado...
Tenía claro que si volvía a aparecer o notaba dolor, pararía, ya que no estaba preparado para disputar la prueba y no me merecía la pena dar una vuelta fastidiado a costa de luego pegarme dos semanas para recuperarme de nuevo.

Cons decidió finalmente abandonar, intenté convencerle para dar otra vuelta pero me dijo que tenía molestias en el aquiles, así que no le insistí.

Comenzamos una treintena larga de corredores la novena vuelta, que sinceramente, pensaba que sería la última para mí, pero rodé muy cómodo, motivado por la llegada de la noche y sin molestias.

Suelo rendir mejor de noche que de día, justo cuando muchos corredores se vienen abajo, así que comencé a pensar que si continuaba sin molestias podría llegar al amanecer.

Teniendo en cuenta como llegaba y el desnivel de la prueba, le había comentado a mis compañeros que yo con 10-12 vueltas me daba por satisfecho, pero si las superaba y no tenía dolores raros, ¿por qué no continuar?

Cansado, pero entero
Entré en esa novena vuelta en 52:43, nueva vuelta rápida, muy motivado, ya que Cons se había ofrecido a hacerme la asistencia y desde luego la iba a necesitar.

En tres vueltas me había olvidado ya el bidón de agua y llevaba 2 vueltas queriendo pararme a sacudirme las zapatillas, llenas de ramitas y piedras, pero al final se me acababa el descanso y no me acordaba.

Le mandé audios con todo lo que necesitaba y al llegar ya estaba preparado, todo un lujo.

Recolocando Compeed
Bebí profusamente, cogí más barritas y me lancé a por la décima vuelta, que de seguro sería un punto de inflexión para los cada vez menos corredores que quedábamos en pie.

Cogí ya la mochila, el frontal y los manguitos y me puse en la zona de salida para esperar de nuevo al toque de campana.

Concentrado, tras la estela de Fernando

Bajando con Óscar

Continuaba corriendo cómodo, con ganas de que cayese del todo la noche, que llegó en el último tramo de bosque antes de volver al asfalto.

Cae la noche...
Al llegar a meta me enteré de que Buendía no continuaba, lo que era un palo, ya que si con los corredores que no conocía había ido creando un vínculo, a él que ya lo conocía se me iba a hacer raro no verlo vuelta a vuelta.

Completé ese décimo paso en 53:23, a muy buen ritmo, más lento que las anteriores vueltas pero aun así por debajo de los tiempos que me había marcado.

Última llegada con luz
Le pedí a Cons sus cascos para poner a cargar los míos, una de mis baterías externas para cargar el reloj y tras rellenar el bidón y tomar un poco de alimento líquido, tocaba volver a salir.

Preparando todo lo necesario
Óscar estaba un poco de bajona, así que le propuse que viniera conmigo esa vuelta.

No clavaríamos los tiempos ya que al cargar el GPS no podía ver los ritmos sobre la marcha, pero guiándome por la música, que conocía ya de memoria, hicimos la mejor vuelta (para mí, él había sido primero en alguna).

Feliz, camino al castillo
En 52:40 habíamos cruzado la meta, por lo que tuve tiempo de quitarme las baterías, volver a cambiar los auriculares, sacudirme las zapatillas y ponerme compeed en los pezones, que con las asas de la mochila comenzaba a rozarme.

Aun así era demasiado tiempo de descanso para mi gusto, ya que me había quedado un poco frío y me costó arrancar con la bajada de la temperatura.

Repetimos la vuelta, compartiendo camino en la primera bajada con Fernando y Simon, más adelante con Juan y José, Arturo nos pasó antes de la bajada de asfalto...

Ya eran casi calcadas una vuelta con respecto a las siguientes, con la salvedad de que aprovechaba el llevar dos frontales para ir alumbrando en las zonas de bajada y con arroyos, donde debía extremar la precaución para no hacerme daño.

Aun así me tropecé en la bajada de la seta que pereció en la sexta vuelta, con dos piedras seguidas, lo que me dejó el cuádriceps derecho tocado hasta casi el final de la vuelta, cuando el dolor bajó a un umbral tolerable.

Pensé en tomarme otro Nolotil, pero eso podía enmascarar el posible dolor de la rodilla izquierda, así que continuaría a pelo hasta que llegase el dolor o no entrase a tiempo en alguna vuelta.

Junto a Óscar, un grande
La decimosegunda vuelta la completamos en 54:30, tuve que parar a hacer pis y eso nos retrasó un poco, pero llevamos un muy buen ritmo.

Entre el apoyo de Óscar, con quien íba charlando sobre Meigas, la Santa Compaña e historias gallegas y luego en el castillo la asistencia de Isa, Cons y Silvia, si no petaba confiaba en poder aguantar, vuelta a vuelta.

No quería pensar más allá, solo en una vuelta más, y así comenzamos la decimotercera, que se comenzaba a hacer pesadeta porque ya era todo como un déjà vu.

La novedad fue que no se como, me despisté en la primera bajada y me metí campo a través, pero salvo ese pequeño rodeo, todo era igual, volvíamos a adelantar y ser adelantados en los mismos puntos.

Y físicamente ya si me notaba algo más agotado, aunque gracias a los Smint de menta me mantenía alerta.

Increíble labor de los fotógrafos
Ascendí junto a Óscar el asfalto, camino a la bajada que nos llevaría a la subida del castillo, pero al comenzar a trotar... dolor.

Era un dolor intenso y repentino, así que avisé a Óscar para que siguiese, me puse a caminar unos metros y probé una segunda arrancada.

Llegué a ponerme a su par, pero de repente, ahí estaba de nuevo ese dolor intenso al flexionar y extender la rodilla, justo en la rótula.

Esa era la señal que llevaba unas cuentas vueltas esperando pero que temía que se manifestase.

Al menos había llegado al final de una vuelta, por lo que no daría margen a que llegase a formarse la bola que me salió en Grecia.

Entré a meta caminando tranquilamente, en 55:40 y se lo comuniqué a mis amigos.

No había discusión posible, así que le deseé suerte a Óscar, Fernando y Simón en su decimocuarta vuelta y esperé a que saliesen junto al resto de corredores para avisar a la organización de mi retirada.

Había sido extremadamente sencillo, ya que a diferencia de otras ocasiones, no sentía que me estuviese rindiendo y sabía que hacía lo correcto.

De 83 corredores solo quedaban 14 en carrera y había superado en una vuelta mi mejor previsión de tiempo, así que para mi, era un triunfo.

Me encantó el detalle de grabar en una chapa de estilo militar el número de vueltas, sin duda tengo que volver, descansado y bien preparado, para añadir al menos un dos a las decenas en la siguiente.

Feliz, pese a todo

Precioso detalle
Es curioso que tras una vuelta entera bromeando con que al menos tendríamos que dar 14, finalmente me quedase en la 13.

Me abrigué bien mientras esperábamos a que Óscar y los demás completasen la vuelta y tras esa última vuelta suya bajamos al centro a cenar.

Estaba helado, agotado y muerto de sueño, pero Silvia me convenció para dormir en su furgoneta un rato y quedarme hasta el final de la prueba.

Tras cenar en O Potes, donde nos trataron de lujo, volvimos al castillo y Cons hizo el seguimiento de la prueba mientras intercalaba pequeñas cabezadas en el coche y yo me bajé a la furgoneta.

Entre medias pasó algo que es buena muestra de lo implicada que estaba la organización en la prueba.

Un corredor no había llegado en el último bucle y ya habían pasado varios minutos de la salida del siguiente, así que salieron corriendo dos personas, una en cada sentido del recorrido y otras dos en coche, en su búsqueda.

Por suerte no tardó en aparecer, ascendiendo la cuesta del castillo mientras bajaba a la furgoneta donde podría echarme un rato.

Silvia me despertaría unas horas después, cuando solo seguían en carrera Fernando y Simón.

No había descansado mucho, ya que estaba agotado, al quedarme frío, me dolía todo y más que soñar, tenía pesadillas con bucles en la oscuridad en los que me perdía siguiente luces, así que fue un alivio que me despertase.

Vi pasar a Simón y poco después a Fernando, que venía acompañado por Suso, algo tocado.

Llegamos al castillo y decidió continuar una vuelta más para que así Simón llegase a las 160 millas y al menos un corredor superase las 24 horas.

No obstante, tenía muy mala cara y acabó volviendo sobre sus pasos; la carrera estaba acabada.

Salí a la última cuesta envuelto en una manta y disfruté un precioso amanecer mientras esperábamos a Simón.

Un marco incomparable
 
¡El campeón!
Yo imaginaba que llegado el caso de que Fernando y Simón llegasen al final mano a mano, acabaría ganando Simón no por estar más fuerte que Fernando, esperaba que éste le acabase dejando para que se llevase el Golden Ticket...

¡Y cual fue nuestra sorpresa cuando nos dijo que no sabría si podría ir a la Big Dog's Backyard 2020 porque le pilla muy cerca de ni más ni menos que de la Mega Race!

Estábamos todos agotados, así que tras varias despedidas, abrazos y alguna lágrima, Cons y yo desayunamos en el primer bar que vimos abierto y pusimos rumbo a Lugo.

Tuvimos una suerte increíble con el tiempo, ya que si el recorrido es duro per se, no quiero imaginármelo con 5 o 6 grados menos o tormenta, pero al final las condiciones son las mismas para todos, así que si algún año es así, habrá que adaptarse.

Creo que salvo quizás la Backyard de Bolivia, por la altura, esta es la más dura del circuito mundial y si no, poco le falta.

Me voy con muy buen sabor de boca de la prueba y la organización, ya que normalmente las primeras ediciones suelen tener muchas cosas que pulir y más cuando afrontan el reto de organizar algo tan diferente como es una Backyard.

Aun así en trato, balizaje, avituallamiento y todo en general el desempeño ha sido muy bueno, no se me ocurre ningún punto en particular a mejorar.

Volveré, no sé si para disputar el Golden Ticket, que tampoco es algo que ahora mismo tenga en mente, pero al menos para forzar que se superen esas 23 horas que a igualdad climatológica, creo que son factibles con la preparación adecuada.

Gracias especiales a Constantino y Tere por recogerme y llevarme al aeropuerto y adoptarme este fin de semana, a la organización por haber puesto tanto cariño en la prueba, a mis amigos por estar ahí, sea físicamente o a través de las redes y a los fotógrafos, Pakitatrail, Pablo Feijoo, Miguel Rua y José Gómez Chan.

¡Gracias a todos!

Comentarios

  1. Menuda memoria y menuda crónica.
    A ver si puedo escribir sobre la media hora clave que viví con Fernando y Simon en la segunda parte de la vuelta 22.
    Un abrazo.

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    1. ¡Gracias por tu visita y comentario Suso! Sería un gustazo poder vivir ese momento desde dentro, quedo a la espera jeje.

      ¡Un abrazo!

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