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XXXVII Spartathlon


Este ha sido mi segundo asalto a una de las carreras más duras del mundo y es complicado comenzar la narración, porque los que ya la han experimentado saben que no se puede transmitir solo con palabras.

Para los que no lo hayan escuchado, esta es una carrera extrema, non-stop, con 75 puntos de control eliminatorios y 246 kilómetros que deben superarse en un tiempo máximo de 36 horas, siguiendo la ruta por la que Filípides acudió a pedir ayuda a los espartanos.


Este año, a diferencia del año pasado, tendría equipo de apoyo, compuesto por mis padres y Mayte y como además la representación española sería bastante numerosa, sabía que en caso de necesitar algo en carrera, tendría ayuda.



Además, se esperaba calor y buen tiempo, nada que ver con el Medicane del año pasado, podría disfrutar de un Spartathlon de libro.

Final del Briefing de la prueba

Gran parte de nuestros compañeros



Esperando la salida en la Acrópolis
Pese a tener coche alquilado, tanto Ángel, el otro representante andaluz, como yo, decidimos coger el bus de la organización para llegar tranquilos (aunque eso supusiese dormir menos) y una vez allí nos encontramos con nuestros equipos de apoyo.

Tras las fotos de rigor y esos eternos minutos previos a la salida comenzó la prueba, con una rampa empedrada que nos dirigió hacia el asfalto.

Haciendo grupeta
Tres de nuestros compañeros tenían objetivos ambiciosos, Juan María Jiménez y Daniel Regal lucharían por hacer top 10 y aunque no había dado referencias de tiempos ni posiciones, sabíamos que Tolo venía a correr fuerte.

Los demás nos contentaríamos con terminar, que no es poca cosa cuando hablamos de una de las pruebas más duras del mundo y así, compartimos camino durante muchas horas.

José Luis, Fidel y Javier se adelantaron un poco y desde detrás nos cogieron Sabugo y Constantino a Ángel y a mí; nos encontraríamos también con Juan Carlos en la primera parte del recorrido.

Como este año el tiempo acompañaba nos encontramos a multitud de niños y adolescentes en el recorrido, que animaban sin parar y se volvían locos de alegría cada vez que alguno de los corredores nos acercábamos a chocarles las manos o firmarles un autógrafo.

Para otro año me gustaría llevar un sellito de caucho en el bolsillo de la camiseta, a fin de poder atender las peticiones de los chavales con mayor rapidez y mejor resultado, ya que la caligrafía no es mi fuerte.

El ritmo objetivo era de 6 minutos el kilómetro hasta llegar al primer maratón, que Ángel y yo cumplimos a rajatabla (y Cons cuando nos alcanzó), ya que aunque en algunas bajadas apretábamos el ritmo, se compensaba en las subidas.

Las horas fueron pasando con celeridad mientras charlábamos entre nosotros y con los compañeros de otros países, mientras el sol se comenzaba a cebar con nosotros, como esperábamos.

CP 11 (km 42,2).

Tiempo de corte -- 4:45:00
Tiempo paso 2018  3:56:32
Tiempo paso 2019  4:16:22
Tiempo de margen 28:38
Tiempo empleado 5 minutos

Ya con bastante calor, rozando los 35 grados y subiendo, llegamos al primer CP donde podríamos recibir asistencia.

Había ido bebiendo abundantemente, más de un litro de Maurten, otro de agua y un par de vasos de coca-cola.

Cada vez que llegaba a un avituallamiento seguía un riguroso ritual en el que me mojaba ambos manguitos, frente, cabeza y nuca y después bebía y rellenaba mi bidón.

A diferencia del año pasado no había salido desde inicio con mochila (el año pasado, al no tener equipo de apoyo ni dejar dropbags, salí con 3 kilso y medio a cuestas).

En su lugar, llevaba un cinturón con dos bolsillos para llevar las chuletas de tiempo, el móvil, toallitas húmetas y sobres de Maurten y en la mano, un botellín con asa.

No tenía sensación de hambre, pero había acordado con mi equipo de apoyo que aquí comería y tenía que atender dos problemas importantes, ya que me estaba rozando los genitales y los pezones.

Como si de un equipo de fórmula uno se tratase, mi equipo de apoyo me dio indicación de como iban mis compañeros y como iba yo mientras me ayudaban a desvestirme y vestirme y mientras me comía el sándwich, que bajaba con coca-cola me preguntaban si necesitaba algo más.

¡Un equipo de 10!
Había tenido una parada técnica para ir al baño hacía pocos kms pero al no tener sensación de hambre me dejé algo más de medio sándwich.

Recogí la gorra sahariana, me despedí de ellos con un beso a cada uno y volví a la carretera, encontrándome con Cons, que justo en ese momento se despedía de su equipo de apoyo.

Corrimos juntos un buen rato, pero en la elevada pendiente tras el CP 12 él continuó trotando a ritmo suave y se empezó a escapar mientras yo continuaba marchando a buen ritmo.

No tardó en alcanzarme Ángel y aunque nos debimos separar en una parada técnica de alguno, ya que alcancé a Juan Carlos Pradas mientras aprovechaba una pendiente para comerse el arroz con leche de un avituallamiento, poco a poco lo dejé atrás y Ángel me alcanzó de nuevo.

Juntos llegamos hasta Sabugo, que se había ido adelantando y ya a lo lejos teníamos de nuevo a Cons a la vista.

El tramo que recorríamos era uno de mis preferidos desde el inicio, ya que aunque el desnivel era considerable, corríamos en paralelo al mar y me recordaba en cierto modo a la carretera de Almería a Málaga.

Llevaba buenas sensaciones, así que poco a poco me fui separando de Ángel y Sabugo y acercándome más y más a Constantino, con quien fui relevándome durante varios kilómetros.

En los tramos de descenso le adelantaba, en los llanos íbamos prácticamente a la par y en los ascensos era él el que ganaba terreno, pero estábamos todos cerca y de lejos escuchaba a Sabugo y Ángel charlar, íbamos todos en un pañuelo.

Por lo que me había dicho el equipo de apoyo, Juan María, Dani y Tolo iban entre los 10 primeros, como unas balas, tras ellos, José Luis y Fidel, muy animados y nosotros íbamos muy juntos; Javier se había quedado un poco por detrás, pero tenía margen para pasar los cortes.

Ángel y yo lo habíamos adelantado poco antes de llegar al maratón, junto a un corredor griego amigo de Mayayo, Athanasious, que también iba de rojo y hablaba español y ya iba muy centrado en los tiempos de paso, por lo que le intentamos convencer para que no se metiese ya tanta presión encima.

Llegando al kilómetro 70, corriendo precisamente con Athanasious, comencé a notar mucha pesadez y dolor de barriga, así que me salí un momento a un lateral del camino para hacer una parada técnica.

Noté bastante alivio, pero aun así seguía con el estómago pesado y aunque tenía mucha sensación de sed, me asqueaba beber.

Pese a no tener sabor apenas, estaba aborreciendo el Maurten, el agua de los avituallamientos, al igual que la coca-cola, estaba tibia y me daba fatiga bebérmela, pero sabía que así no llegaría muy lejos, ya que al orinar el pis era bastante oscuro.

Conforme iba bebiendo notaba como la fatiga aumentaba y me costaba más trabajo mantener el ritmo; no pude aguantarle ni un par de kilómetros a Ángel cuando me alcanzó y aunque compartí varios con Constantino, se me acabó escapando también.

Comenzaban a adelantarme más y más corredores y aunque no llevaba mal ritmo, las sensaciones eran cada vez peores y comenzaba a recordar lo mal que lo pasé con el estómago en 2018.

Tras cruzar el puente de Corinto me alcanzaron Grace, de Argentina y Karina, de Paraguay, con quien pude poner un ritmo constante hasta el avituallamiento, donde mi padre esperaba desde la distancia.

Camino del segundo maratón

CP 22 (km 80).

Tiempo de corte -- 9:30:00
Tiempo paso 2018  7:58:26
Tiempo paso 2019  8:57:12
Tiempo de margen 32:48
Tiempo empleado 9 minutos

Entrada al CP
Mis sensaciones no eran nada buenas y mi equipo de apoyo lo sabía, no podía ocultarlo.

Estaba hundido, ya que había perdido un buen trozo de mi tiempo de margen en los últimos 10 kilómetros y tenía el estómago del revés.

Intenté comer algo pero apenas pude bajar un puñado de uvas, un bocado de manzana y otro bocado de sándwich con atún.

Al menos me bebí cerca de media lata de coca-cola y pude rellenar el bidón con agua fresca.

José Luis y Fidel iban a buen ritmo, aunque a kilómetros de Juan María, Dani y Tolo y hacía poco habían pasado Ángel y Cons.

Juan Carlos y Sabugo se habían retirado y de Javier no había noticia, lo que no hacía que me sintiese mejor, ya que en esos momentos pensaba que sería el siguiente y no tardaría mucho en caer.

Parecía que la historia se repetiría, pero no estaba dispuesto a abandonar a la primera de cambio, así que me despedí de mi equipo de apoyo y salí marchando a buen ritmo del avituallamiento.

Tras unos minutos para tratar de asentar lo poco que había comido probé a trotar y para mi sorpresa, tenía las piernas muy bien y no me costaba demasiado mantenerme a 6 minutos el kilómetro, aunque llevaba ya 2 maratones encima.

La parte negativa era que la fatiga estomacal aumentaba al trotar, así que, según sensaciones, caminaba y corría, sin parar de sumar.

Me iba recordando que eso era lo importante, sumar y casi sin darme cuenta, comenzaba a adelantar corredores.

Como no tenía el estómago bien del todo, aunque había mejorado bastante, como mi ánimo, decidí compartir camino con Graciela y Karina cuando las alcancé y aunque nos íbamos adelantando a ratos, íbamos bastante juntos, apoyándonos unos a otros.

Buen ritmo
Es de agradecer enormemente a Diego y Fabián su apoyo en la carrera, ya que continuamente nos esperaban para darnos ánimos y preguntar como íbamos o si necesitábamos algo.

Fui encontrándome mejor poco a poco, así que decidí pedirle a mi equipo de apoyo un helado o algo frío, ya que tenía la boca pastosa y mucha sed pero llevaba un buen rato sin beber porque me empezaba a encontrar mucho mejor.

De hecho, en la bajada hacia Corinto Antiguo vi por primera vez el 5 a la izquierda del GPS por primera vez desde que superé el primer maratón.

Vi a mi padre a lo lejos y bajamos a buen ritmo en la bajada, disfrutando como hacía ya un buen rato que no lo hacía.

¡Disfrutando!
CP 26 (km 92,9).

Tiempo de corte -- 11:25:00
Tiempo paso 2018  9:29:17
Tiempo paso 2019  10:44:18
Tiempo de margen 40:42
Tiempo empleado 4 minutos

Ahora me encontraba mucho mejor y mi equipo de apoyo lo sabía, había salido del agujero y había ganado un buen margen en los últimos kilómetros, que habría que mantener.

Me habían comprado Aloe Vera, que estaba helado y me bebí casi del tirón y un calipo, con el que salí del CP tras rellenar mi bidón con más Aloe y hielo.

¡yum!
Creo que o bebí demasiado o me comí demasiado rápido el calipo, ya que tras dejar el avituallamiento volví a notar algo de molestias en el estómago, pero de momento controladas.

Volví a encontrarme con Grace y Karina, más adelante, con quienes compartí kilómetros y comencé a sumar otro paso a mi ritual cada vez que llegaba a un cp, ponerme varios cubitos de hielo bajo la gorra, ya que me notaba ardiendo.

Me transportaba mentalmente a Extremadura, donde acompañé a varios amigos hacía cerca de un mes en un reto solidario contra los guardarrailes asesinos, me ponía el bidón, helado, en la frente, pero nada...

Y cuando me decidía a beber un poco notaba más fatiga, por lo que trataba de echarme más agua por encima y beber menos, aunque el Aloe por lo menos pasaba, no como el Maurten.

CP 29 (km 102).

Tiempo de corte -- 12:45:00
Tiempo paso 2018  10:32:10
Tiempo paso 2019  11:53:19
Tiempo de margen 51:41
Tiempo empleado 3 minutos
Sumando, sumando...
Las molestias del estómago estaban dándome mucho la lata, así que decidí quitarme ya la banda del pulsómetro y continuar sin mucha prisa y con la menor pausa posible.

Solo era cuestión de tiempo que el estómago se asentase del todo y pudiese meterle algo de comida sólida pero por el momento, por más que lo intentaba, no había manera.

Bebí algo de coca-cola y aloe en el avituallamiento y pensé en coger la mochila, pero finalmente decidí llevarme la batería externa, para recargar el GPS y el frontal, por si acaso me pillaba la noche antes del siguiente avituallamiento.

Sabía que estaba llegando a un punto clave, ya que por los caminos que pasaba ahora comenzaba ya a estar mal el año anterior y no se si por sugestión o de nuevo por beber mucha cantidad de líquido frío de golpe, pero volvía a encontrarme bastante mal.

Había mucho tramo de pendiente a favor, por lo que tocaba caminar bastante y aunque era un alivio para el estómago, veía como cada vez nos quedaba menos luz a una velocidad endiablada, hasta que finalmente, se hizo de noche.

Me dio mucha alegría que me alcanzase Athanasiosu desde detrás, ya que pudimos compartir un buen tramo, pero se me acabó escapando porque las molestias al trotar me impedían mantener un ritmo constante en llano.

En la subida continua previa al kilómetro 113 comencé a encontrarme algo mejor y llegué al checkpoint con ganas, ya que estaba cerca de llegar a territorio desconocido para mí.

CP 32 (km 112,8).

Tiempo de corte -- 14:25:00
Tiempo paso 2018  12:00:12
Tiempo paso 2019  13:15:28
Tiempo de margen 1:09:32
Tiempo empleado 17 minutos

Reponiendo...
Me sorprendió ver muy animado a mi equipo de apoyo y más aun descubrir que sacaba más de una hora de margen al corte de carrera por primera vez en toda la prueba, pese a las circunstancias.

Iba preocupado porque desde el desayuno, salvo algo un poco de manzana, uvas y medio sándwich no había conseguido meter nada sólido en el cuerpo, 

Además, me encontraba bastante cerca de mis compañeros y si podía trotar de manera consistente en los llanos quizás pudiese alcanzarlos.

Javier seguía en ruta y todos íbamos avanzando a buen ritmo, con 3 compañeros aun en el top 10 de la prueba, lo que me animaba bastante.

Intenté comerme un pincho de Souvlaki, que en 2018 me dio la vida de madrugada tras la retirada, pero no había manera de hacerlo pasar, así que acabé escupiendo el bocado.

Aun así me senté un poco, me relajé, bebí un poco de coca-cola, me puse la mochila y salí caminando del avituallamiento, mucho más  animado de lo que había entrado en él.

No había ido haciendo demasiado caso a los tiempos de paso, salvo en los momentos de bajón, para intentar al menos rodar unos segundos por debajo de los cortes y así poder pararme con mi equipo de apoyo.

Era mi motivación, llegar bien al siguiente avituallamiento con asistencia y poder pasar unos minutos con mis seres queridos antes de volver a la carretera.

Al salir del CP 32, sin embargo, saqué la hoja y me la puse en la mano, ya que tendría bastante desnivel positivo y al ser de noche quería ir concentrado en algo para evitar la posible modorra.

Caminaba prácticamente todo y me encontraba bastante bien físicamente para llevar recorridos ya casi 115 kilómetros, pero no quería trotar en subidas, ya que quedaba mucho de recorrido.

Iba pensando en lo mal que me encontraba en ese tramo en el año pasado y como en este además de ir mucho mejor, tenía a mi equipo de apoyo esperando más adelante.

Y cuando parecía que todo iba bien, de repente, el destino me puso a prueba.

Llevaba detrás a dos corredoras, creo que nórdicas por el acento, que subían trotando poco más rápido que yo marchando, ya que sus luces tardaron un buen rato en alcanzarme y fue adelantarme y vomitar con violencia una de ellas, de forma muy escandalosa.

Se me cortó el cuerpo y el estómago me dio un vuelco, tanto por el olor como por el sonido.

En principio siguió trotando y vomitando, así que me crucé al otro lado de la carretera y bajé bastante el ritmo para darles ventaja y que se perdiesen en la distancia, pero se paró y siguió intentando vomitar, con un sonido muy desagradable.

No sabía si adelantarla o no, ya que cuando me puse a su altura y aumenté el ritmo soltó una buena arcada y volvió a trotar de nuevo.

Me estaba mareando bastante y notaba como me flaqueaban las piernas y me subía bilis por la boca.

Estuve un buen rato escupiendo para intentar no vomitar yo mismo, porque aunque ya me había dejado atrás, el sonido que había estado emitiendo al intentar vomitar se repetía en bucle en mi cabeza.

Buscando pensamientos negativos y no pararme continué avanzando, con la única idea de llegar al avituallamiento.

Sabía que si seguía así, no llegaría al kilómetro 129,3, donde me retiré en el año anterior y esta vez, por tiempo.

Es lo que tiene esta carrera, si no sabes gestionar los momentos de bajón, que los habrá, estás fuera, no hay margen de error.

Se me hizo eterno, pero finalmente conseguí llegar al CP...

CP 35 (km 123,2).

Tiempo de corte -- 16:00:00
Tiempo paso 2018  13:22:12
Tiempo paso 2019  15:21:51
Tiempo de margen 38:09
Tiempo empleado 20 minutos

Me senté y Mayte me ayudó a cambiarme de ropa mientras le devolvía la batería externa, ya que el GPS volvía a estar al 100% y mientras mi padre me daba un nuevo pincho de Souvlaki, mucho más jugoso, me di cuenta de que me ayudaba el comer.

Lo había pasado fatal pero debía ser más psicológico que fisiológico, ya que me comí el pincho completo e incluso pedí un segundo pincho.

Llevaba el corte en la nuca, por lo que pedía continuamente referencias del tiempo a Mayte; si aprovechaba bien el avituallamiento, comiendo y bebiendo, podría saltarme varios y recuperar la ventaja.

Si por el contrario me precipitaba, la escasa ventaja que me quedaba me dejaría fuera de carrera.

Mucho más animado
Decidí tomarme un Nolotil después de comer, ya que con más de 130 kilómetros encima la sensación de dolor muscular era bastante elevada.

No era rara ni había nada que doliese más de la cuenta, pero sabía que me ayudaría a concentrarme para los dos tramos que tendría por delante, el CP 36, donde me retiré el año pasado y la montaña, que tenía muchas ganas de recorrer.

Salí del avituallamiento con escasos 8 minutos sobre el corte, pero muy animado y sintiéndome fuerte.

Obviamente no iba a trotar en las cuestas en contra, que era lo que me encontraba la mayor parte del tiempo, pero las subía con energía y buen ritmo y en los breves tramos a favor podía correr a 6 sin problema.

Pasé de largo del CP 36 y el 37 y en el 38 si paré un momento para beberme un vaso de agua fresca.

En la mochila llevaba un botellín de coca-cola, pero quería alternarlo un poco.

Iba adelantando corredores pese a sentir que el ritmo que llevaba, tras más de 16 horas de carrera, era "fácil".

CP 40 (km 139,4).

Tiempo de corte -- 18:50:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  18:05:45
Tiempo de margen 44:15
Tiempo empleado 8 minutos

Increíble mi equipo de apoyo
En este CP no había Souvlaki, pero mi equipo de apoyo me tenía preparados unos buñuelos con chocolate recién hechos.

Me dijeron que Fidel acababa de pasar hacía poco y que se habían retirado Juan María y Dani... 

Aunque hacía poco que habíamos superado el ecuador de la prueba, ya había caído casi la mitad del equipo español, pero lucharía por seguir en pie.

Me comí solo dos buñuelos porque no quería llenarme mucho ni perder demasiado tiempo en el avituallamiento, ya que llevaba un ritmo muy bueno.

Pese a salir del anterior CP con menos de 8 minutos de margen había recuperado mucho tiempo y me encontraba fenomenal, tenía que seguir así.

Cambié el botellín de coca-cola vacío por otro lleno y salí a buen ritmo, aprovechando la bajada para hacer un par de kilómetros por debajo de 6 y seguir rodando en el llaneo con paso enérgico y constante.

Iba alcanzando corredores que se veían fatigados y cansados, algunos con paso torpe y me imaginaba que de haber seguido en 2018, ellos eran yo y que con cada uno que superaba, aumentaban mis fuerzas.

Estaba disfrutando como hacía mucho que no lo hacía y me sorprendió mi equipo de apoyo cuando me pasó animando, camino al siguiente CP.

Me dio mucha alegría que me viesen tan bien, ya que si estaban allí era por mi y no quería que me viesen mal.

Sabíamos, ellos y yo, que habría momentos malos, pero habían llegado todos precipitadamente y ahora que mejoraba la cosa había que mantener la racha.

CP 43 (km 148,2).

Tiempo de corte -- 20:10:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  19:12:13
Tiempo de margen 57:53
Tiempo empleado 9 minutos

Me sorprendió saber que Fidel seguía en el CP; por lo visto iba regular y estaba recuperando, pero no tenía claro si continuar.

Mientras me comía un souvlaki de pollo y aceptaba a regañadientes meter una muda de manga larga, guantes y un cortavientos en la mochila, lo vi y me parecía que estaba un poco desorientado y muy cansado.

No sabía si continuar o no y mi padre le animaba para intentar llegar al siguiente, asegurándole que le esperarían allí para recogerle en caso de que decidiese parar.

Quedaba aún un avituallamiento donde mi equipo de apoyo podría atenderme antes de la montaña, pero el tramo que llegaba sería duro y finalmente optó por quedarse allí.

Notaba como me enfriaba, así que decidí despedirme de ellos y continuar la marcha a buen trote.

Tardé un rato en entrar en calor y recuperar la movilidad de las piernas, cuyos músculos tenía muy acortados y me dificultaba mantener una buena zancada.

Como paraba "bastante" en los avituallamientos (en el estado en el que había ido llegando no hubiese parado menos, salvo quizás en ese), luego iba "recogiendo" a los corredores que pasaban de largo mientras descansaba.

En este CP fueron muy pocos y entre ellos, Grace y Karina, pero ya comenzaba a alcanzar corredores que no conocía, como Sandra Rolón, otra chica argentina con la que compartí un buen rato de senderos.

La animaba a que no se despegase pero poco a poco se fue quedando atrás, así que aproveché el frontal de un corredor griego para cambiar las pilas al mío y ya me quedé con él.

Era espartano, había sido 5 veces miembro de equipos de apoyo y entrena en el circuito de la prueba, por lo que la conoce muy bien, pero este año era su primera participación.

Mi idea, le comentaba, era cambiar de zapatillas antes de la montaña y tras ella pasar a las sandalias, pero me dijo que la montaña estaba muy sobrevalorada y que con calzado de asfalto se podía correr sin problemas.

Fuimos compartiendo camino un buen rato hasta que me animó a continuar, ya que él iba un poco más lento y continué alcanzando corredores.

Me impresionó mucho alcanzar a Guilles Pallaruelo, uno de los corredores con más experiencia en el Spartathlon y uno de los protagonistas del documental "Ultra".

Su hijo Angelo me había pasado sobre el km 30 a buen ritmo, pero me comentaba que se había tenido que retirar.

Estuvimos charlando un buen rato hasta que me indicó que continuase, ya que me veía muy fuerte y estaba perdiendo tiempo, así que le hice caso y continué mi ascenso hacia la base de la montaña.

Empecé muy motivado, pero se me empezaba a hacer largo y tuve que echar mano de varios caramelos Smint y Fisherman Friend's para forzar la salivación y mantenerme alerta.

Comenzaba a notarme más apagado y por primera vez en toda la prueba, tenía sensación de hambre, lo que me animó bastante al ver que mi estómago iba funcionando bien.

Además, había comenzado a orinar más clarito y aunque muscularmente estaba bastante machacado, me encontraba bien, no había ningún dolor raro.

Pasé el CP 46 de largo y comencé a notar como me fallaban las fuerzas, ya que aunque adelanté a Wakaki mientras ella cogía un vaso de agua, poco más adelante me alcanzó ella a mi, trotando en la subida con esa técnica tan peculiar.

Tras ella vinieron varios corredores más, pero me fui esmerando en mantener una zancada rítmica y potente y sin llegar a trotar comencé a recuperar algunos puestos frente a corredores que iban a mayor frecuencia.

Cuando vi la base de la montaña, hambriento e impaciente por ver a mi equipo de apoyo, troté un poco yo también.

CP 47 (km 159,4).

Tiempo de corte -- 22:10:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  21:11:49
Tiempo de margen 58:11
Tiempo empleado 12 minutos

Mi equipo de apoyo me había preparado un pot de pasta con setas, que me comí mientras me ayudaban a cambiarme la camiseta por una de manga larga.

No tenía frío pero con semejante ascenso por delante me dejé hacer, ya que a unas malas solo tenía que remangármela.


Me sorprendió una voz conocida en la silla de al lado, de un corredor espartano con quien hacía horas que no coincidía, que me preguntó si me encontraba bien.


Le dije que si y me animó a salir del avituallamiento con él para comenzar el ascenso juntos.


Me terminé la pasta, me bebí de golpe el caldito que quedaba en el fondo y un vaso de agua, cambié mi bidón, vacío, por otro con coca-cola, me puse la mochila y salimos hacia la oscuridad.



Preparado para salir
Al final decidí no cambiarme las zapatillas, por lo que fue una parada realmente rápida teniendo en cuenta que comí en ella.

El ascenso era realmente vertical y entre el esfuerzo, el haber comido pasta caliente y tener ahora una camiseta más cálida y de manga larga, rompí a sudar profusamente.


Iba charlando con el corredor espartano sobre la subida, pero me costaba mantener la conversación ya que el pulso se me elevaba mucho y le dije que no me esperase, que ya le cogería en la bajada yo a él si podía.


Me remangué, paré unos segundos para coger aliento y disfrutar de las vistas y aprovechando una brisa fresca que comenzaba a soplar lateralmente, fui ascendiendo apoyando las manos en los muslos para ayudarme.


Había soñado con subir ese tramo desde que leí las primeras crónicas del Spartathlon de Mark Woolley, allá por el año 2009, años antes de correr si quiera mi primera maratón y por fin lo estaba cumpliendo.


El corredor espartano estaba cada vez más lejos, pero pese a subir a un ritmo "fácil", me distanciaba cada vez más de las luces que me perseguían desde la base de la montaña.


Al final se me hizo hasta corto, ascendí la montaña, di mi número de dorsal, me tomé un vaso de agua y me lancé hacia la bajada mientras algunos corredores descansaban en la cima del monte Partenio.


El primer tramo de bajada lo hice trotando, pero en el primer giro de la infinidad de zetas que descendimos, el suelo estaba prácticamente oculto por las rocas, por lo que tras el tercer resbalón en menos de 100 metros, decidí bajar caminando.


Aun así iba buscando las zonas más limpias de la pista, tratando de no resbalar, aunque cada pocos pasos pegaba un derrape y estuve a punto de caer en dos ocasiones.


En una de ellas se me fue un poco el pie izquierdo al darle una patada a una piedra y por momentos me arrepentía de no haberme puesto las zapatillas de trail, ya que con la gastada suela de mis supernova lo estaba pasando realmente mal.


Aun así no era el que peor estaba en la bajada, ya que adelanté a un par de corredores en los primeros metros y casi a mitad de descenso a dos chicas que habían decidido hacer una parada técnica.


Con suma concentración y fuertes dolores en los cuádriceps de ir reteniéndome, llegué al final de la bajada y por fin pude dar rienda suelta a mis piernas, que tenía realmente acalambradas y bastante doloridas.


Al menos sabía que el avituallamiento estaba cerca, así que con la motivación de volver a ver a mi familia, fui devorando metros hasta que llegué al checkpoint.



CP 52 (km 170,7).

Tiempo de corte -- 24:30:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  23:32:02
Tiempo de margen 57:58
Tiempo empleado 8 minutos

Pese a caminar el 90% de la bajada apenas había variado el margen que le sacaba al corte, aunque tenía bastante hambre de nuevo y la tensión del descenso me tenía agotado.

Por suerte, mi familia me esperaba con una Bougatsa tamaño XL, un dulce típico de la cocina griega a base de hojaldre, masa pastelera, canela y azúcar glass del que di buena cuenta mientras me informaban de como iban mis compañeros.



Desayunando

Renovando los bidones
Quedaba poco para el amanecer, así que cogí de nuevo la batería externa para cargar por última vez el GPS, dejé la muda de abrigo y el cortavientos, que no usaría y salí del avituallamiento a buen ritmo.

Trotaba más rápido de lo que me imaginaba que podía, ya que el desayuno me había dado fuerzas renovadas y no tardé mucho en entrar en calor.


El amanecer se intuía fresco a juzgar por la densa niebla que se arremolinaba a nuestro alrededor, entre la cual divisaba las pequeñas luces rojas que indicaban que tenía corredores al alcance.


Apreté el paso en busca de compañía, pero me di cuenta de que cada pocos metros la rodilla izquierda me daba un pinchazo y tenía que parar un momento para estirarla y encogerla hasta que crujiese.


No podía mantener un ritmo constante así, así que me fui poniendo referencias para trotar y caminar, principalmente los postes de la luz que se extendían a ambos lados de la carretera hasta donde alcanzaba la vista.


Era una forma entretenida de mantenerme en movimiento, ligeramente por debajo de los cortes de los tramos, pero conforme pasaban los kilómetros el dolor de la rodilla se fue incrementando y cada vez podía trotar menos metros de corrido.


Trataba de pegarme a los corredores que me iban adelantando, pero comenzaba a perder segundos y empezó a agobiarme la presión de los cortes.


Intentaba quitarle presión y trotar todo lo que pudiese, pero cada vez me veía forzado a caminar más y más...



CP 57 (km 185,3).

Tiempo de corte -- 26:45:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  25:53:02
Tiempo de margen 51:58
Tiempo empleado 6 minutos


Punto crítico...
Estaba en una encrucijada, ya que sabía que al ritmo que llevaba, cada vez menor, no iba a ser capaz de entrar a tiempo en meta, así que decidí, a la desesperada, cambiar a las sandalias, echarme réflex y rezar.

Parecía que por momentos iba un poco mejor e incluso volví a alcanzar a Guilles, que me había adelantado en el avituallamiento y trotando y trotando, volver a sacar margen a los cortes.


Estaba agotado, pero muy motivado al notar que el dolor de la rodilla parecía remitir por momentos, aunque tras poco más de una hora, volvieron los pinchazos.


Aun así, me di cuenta de que si metía el pie hacia adentro y volcaba un poco el derecho, el dolor era bastante menor, por lo que volví a mi estrategia de caminar y trotar, ayudándome de los árboles y de otros corredores como referencia.


Comenzaba a tener mucho sueño, así que le pedí a mi equipo de apoyo que buscase más réflex para una nueva aplicación y café.


Había dejado de agobiarme por los tiempos de paso, ya no pensaba en la meta, solo en llegar al siguiente CP.


Esa había sido mi estrategia en gran parte de la prueba y me había quitado mucha presión, así que volvería a ella, con el único objetivo de sumar y sumar, sin pensar en cuanto tiempo tenía o cuantos kilómetros me quedaban.



CP 60 (km 194,5).

Tiempo de corte -- 28:10:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  27:27:13
Tiempo de margen 42:47

Tiempo empleado 2 minutos

Este fue el CP donde podía recibir avituallamiento externo más rápido de toda la prueba, de hecho, fue más rápido que muchos CP normales.


Me sorprendió ver a Juan Carlos Pradas, quien me guió a un banco donde me esperaban mis padres y me echó él mismo el réflex mientras me animaba a parar lo mínimo posible y unirme a Guilles si podía, ya que aunque seguía en carrera tenía el corte cada vez más cerca.

Llegando al CP


Atendido por el señor de Esparta en persona
Entre la adrenalina por darme cuenta de que el corte me podía dejar fuera de carrera mucho antes de lo que me esperaba y el efecto del réflex pude volver a alternar el trote con la carrera.

Le mandé un audio a Mayte, que había ido a por el café y no la había llegado a ver y le pedí que para el siguiente punto donde me pudiese avituallar me lo preparase, junto con las zapatillas y un Nolotil.


Llevaba un incipiente dolor en el centro de la planta del pie derecho de ir apoyando mal, por lo que decidí continuar caminando, ya que seguía siendo doloroso pero al menos era un dolor mucho más llevadero.


Me daba mucho coraje, porque de piernas, para llevar casi 200 kilómetros encima, estaba fenomenal, pero las circunstancias eran las que eran y no podía hacer nada sino adaptarme y luchar.


La neblina matutina se había disipado por completo y la temperatura iba en imparable ascenso, con ganas de poner la puntilla a un fina que se preveía agónico.


Por suerte, alguna nube compasiva nos daba algo de cuartelillo y mientras me esforzaba por seguir la estela de Guilles, que por momentos marchaba, divisé a lo lejos un nuevo CP con asistencia.



CP 63 (km 205,6).

Tiempo de corte -- 29:55:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  29:26:37
Tiempo de margen 28:23

Tiempo empleado 3 minutos


Llegada al avituallamiento


Y salida
Fue una parada exprés, visto y no visto, nada más sentarme mi equipo de apoyo me cambió el calzado y el chip y yo solo tuve que beberme el café con hielo antes de volver a salir, caminando lo más rápido posible.

Guilles se había parado un poco más, así que aproveché para salir tras él y comenzamos juntos el último gran ascenso, hacia Esparta.


Fuimos charlando sobre el tiempo y otros ultras, pero poco a poco se me comenzó a escapar.


Solo me estaba hundiendo, trataba de hacer grupeta con la interminable procesión de corredores que me venían alcanzando desde detrás, pero a mi ritmo, me dejaban atrás enseguida.


Hacía mucho calor y los tramos en los que dejábamos la sombra de la montaña para continuar el ascenso en terreno abierto parecía que me abrasaba la piel, pero ni me había acordado de pedirles los manguitos a mi equipo de apoyo ni me iba ya a preocupar por eso.


Tenía bastante hambre, así que aproveché que de todos modos la pendiente no me dejaba avanzar más rápido y me fui comiendo un mango disecado de los que llevaba en la parte trasera de la mochila.


No sabía cuando tiempo quedaba para el cierre del siguiente corte, pero de acuerdo con un corredor británico que había llegado poco antes del corte el año pasado, estábamos a punto de llegar.


Lo había alcanzado yo a él y lo veía bastante mal, pero me dijo que el año pasado iba aún peor y al ver Esparta en la distancia sus dolores se desvanecieron, empezó a trotar y no paró hasta ver la estatua.


Se me pusieron los pelos de punta con su relato y deseé con todas mis fuerzas que me pasase lo mismo, aunque el cada vez más hinchado bulto de mi rodilla izquierda se empeñase en indicar lo contrario.


Al menos el apoyo constante de los conductores, tanto de equipos de apoyo y organización como ajenos a la prueba, nos infundían ánimos.


Pasé un auténtico calvario, pero alcancé otro CP con asistencia y por el ritmo que llevaba, sabía que podía ser el último, pero no sería yo quien lo decidiese, continuaría hasta que el corte me superase; lucharía hasta el final.



CP 65 (km 211,5).

Tiempo de corte -- 30:45:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  30:30:37
Tiempo de margen 15:23

Tiempo empleado 2 minutos

Me extrañó no ver de entrada a mi padre esperando junto al CP ni a mi madre o Mayte, pero ni tenía tiempo para pensar ni el destino me lo iba a permitir.

Diego sabía que venía mal y necesitaba réflex, así que me ayudó a descalzarme y me lo echó tanto en el pie derecho, que por momentos me dolía más que la rodilla izquierda como en ese punto, me calzó el mismo y me ayudó a volver a la calzada.


Me encontré con Mayte y mi madre justo antes de salir el CP y recordé que no me había tomado el Nolotil, pero no lo tenían encima y no quería esperar a que fuesen al coche a por él, tenía que continuar.


Les dije que lo preparasen para el siguiente CP, aunque en el primer tramo que tuve de bajada, cuando intenté echar a trotar y se me empezaron a caer lagrimones del dolor, supe que no iba a llegar.


Marcharía lo más rápido que pudiese, pero sabía que así sería imposible llegar dentro del corte y aunque lo hiciese, tendría aun que superar otros 9 antes de llegar a los pies de Leónidas...


Me adelantaban caras y voces conocidas, me daban ánimos, pero yo estaba como ausente, avanzando todo lo rápido que me permitía mi cuerpo, pero feliz.


Lo había dado absolutamente todo, al igual que mi equipo de apoyo, no había sido suficiente, pero estaba viviendo la experiencia más intensa con diferencia de toda mi vida deportiva, compartiéndola con ellos.


De repente me di cuenta de que me habían dejado de adelantar y al girarme no vi a nadie, solo al autobús de la muerte, que me pitó no se si para darme ánimos o como indicación de que estaba ya fuera de carrera.


No me importó, llegaría hasta el siguiente CP, donde me esperaba mi familia y los abrazaría a todos con ganas.


Especialmente a mi padre, que tras más de dos días sin dormir y tras pasar una noche en vela con la tensión de conducir y la carrera, se había quedado adormilado en el anterior CP y por eso no lo había visto.


Ni mi madre ni Mayte pensaban que podría continuar tal y como estaba y prefirieron no despertarle, lo que le había afectado bastante, pero como le diría en breve, el que se hubiese dormido o no no hubiese cambiado nada y él había hecho todo lo posible para ayudarme a llegar lo más lejos que pudiese.


Era una sensación muy extraña saber que era el último, que no había nadie más detrás de mi y cuando llegase al siguiente CP, se acabaría todo.



Farolillo rojo

Estaba extrañamente feliz y me recreé en los dos últimos kilómetros, que acabé paseando, sin presión, sin prisas, disfrutando del potente sol espartano, la brisa y el asfalto.



CP 66 (km 214,9).

Tiempo de corte -- 31:15:00
Tiempo paso 2018  ----------
Tiempo paso 2019  31:20:15

Emotivo final

Una de mis fotos preferidas del reto
Antes de llegar al CP me esperaban Mayte, con media sonrisa, mi madre, con gesto neutro y mi padre, que no podía contener las lágrimas.

Les di un beso a cada una y me lancé a abrazar a mi padre mientras los voluntarios del CP y el director del mismo nos aplaudían y me miraban expectantes, apremiantes.


Al no haber control de paso por chip creo que, de haber estado bien físicamente, me hubiesen dejado continuar por si podía remontar antes de llegar al siguiente, pero sabía que ese era mi destino en esta ocasión.


Entregué uno de los dorsales, firmé el descargo de responsabilidad de la retirada y nos echamos unas fotos para rememorar el momento.



¡Equipazo!

Fin...¿?
No es un adiós, sino un hasta luego, porque Leónidas y yo tenemos una cuenta pendiente.

Quizás no sea el año que viene, puede que ni el otro, pero tengo claro que volveré, más fuerte física y mentalmente que nunca, dispuesto a acabar la única prueba que tras dos intentos, aun se me resiste.


Por algo está considerado el ultramaratón más duro de la historia...


Comentarios

  1. Bonita historia y experiencia!!! Una mala suerte lo de la rodilla, corazón no te falta!

    Un saludo!

    P.D.: Pásame el nombre o enlace de la prueba que hablamos, gracias.

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