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Ironman Fuengirola 2019


Recuperándome aun de las quemaduras (físicamente me encuentro muy bien) y ya sin fiebre, me dispongo a contaros la aventura en la que me embarqué ayer, no sin antes daros un poco de contexto...

Finalizadas con sabor agridulce las 48 horas de Murcia, donde los pies me llevaron a dejar de correr muchas horas antes de lo pensado, me apetecía tomarme un "descanso".
Tras participar en el III CxM Desafío FAS, que me tomé con mucha tranquilidad y del que disfruté enormemente (de hecho está inspirando futuros retos), decidí lanzarme del todo a la piscina, nunca mejor dicho.

Este año llevaba ya recorridos cerca de 2.000 kilómetros en bicicleta y otros 2.000 kilómetros corriendo y físicamente estaba en muy buen momento, así que, con un mes y medio por delante para darle caña a la natación, me propuse hacer un Ironman a finales de junio.

Miré fechas y precios y además de que no me cuadraba ninguno de distancia completa, estaban mucho más caros de lo que recordaba cuando allá por 2014 participé en el Triatlón Olímpico de Málaga.

Tras darle un par de vueltas y cuando ya estuve más suelto tanto en natación en piscina como en natación en aguas abiertas esbocé los recorridos de las tres disciplinas, le fijé fecha y traté de vincularlo a alguna causa solidaria, aunque al final en este reto no cuajó la iniciativa.

En cualquier caso, tenía los recorridos, una buena preparación tras varias semanas entrenando 15, 16 y hasta 19 horas y muy probablemente, acompañamiento en cada sector.

Así llegamos a la madrugada del 29 de junio, en la que tras dar muchas vueltas y dormir apenas 6 horas, a las 6 de la mañana ya estaba en pie y preparado para sacar a los perros, que pasarían gran parte del día solo.

Pese a que era temprano la temperatura era bastante elevada y por momentos me planteaba si no hubiese sido mejor aceptar la sugerencia de Mayte  de la noche anterior y haber hecho la prueba nocturna.

Es verdad que rindo mejor de noche, pero ya había anunciado la fecha y no quería dejar a nadie colgado si ya había pospuesto otros planes para acompañarme.

Además, la natación nocturna me daba yuyu solo de pensarlo, a la caída de la tarde hubiese sido lo suyo, pero ya sería en otra ocasión...

Tras pasear a los perros desayuné medio tarro de noodles de soja con pollo, que sería posiblemente la única comida de verdad de todo el día y bajé las últimas cosas al coche mientras Mayte preparaba las suyas.

Como no tengo bicicleta de carretera, Carlos Reo, compañero del Club Atletismo Fuengirola, se ofreció a dejarme la suya y tras algo más de una semana rondando con ella ya me sentía más cómodo, aunque era el sector al que más respeto le tenía.

Llegamos al parking del Castillo Sohail sobre las 7:20 y tras preparar el neopreno y las gafas le mandé un mensaje a Javier, otro compañero del club, que me acompañaría en el sector de natación.

Preparando la boya de posición y el GPS
Con Javier, un nadador de pura cepa
Entrando al agua...
¡En marcha!

Antes de empezar a nadar en aguas abiertas la natación era el sector más respeto le tenía, pero tras un mes nadando en el mar entre una y tres veces a la semana la verdad es que se le pierde el miedo (que no el respeto).

Para mí, que iba con neopreno, tras el chapuzón inicial la temperatura del agua estaba perfecta, pero tenía un problema que nunca me había pasado aun... ¡no paraba de entrarme agua por la zona derecha de la gafa!

Ya me había levantado con molestias en el ojo derecho, seguramente precursoras de algún orzuelo, pero el agua salada me estaba matando.

Así, cada varias docenas de brazadas me colocaba de espalda para sacar el agua, tratar de hacer vacío y orientarme con respecto a la orilla y Javier, ya que el sol me daba de frente al respirar por mi lado bueno (el derecho) y no veía nada.

Pese a esa molestias que fue una constante hasta casi completar el primer kilómetro, momento en el que mejoró y ya apenas entraba agua, iba muy cómodo, tratando de fluir y nadar en paralelo a javier, que iba cambiando de estilo para no dejarme demasiado atrás.

La técnica en natación lo es todo y cuando aprovechaba para quitarme el agua de las gafas, Javi me aleccionaba para tratar de mejorar la mía.

Fuimos nadando sin complicaciones hasta que de repente noté un olor mezcla de puerto y alga resecada al sol que me provocó náuseas y al ir a respirar tragué bastante agua y posiblemente algún alga y parte de la mierda en la que nos encontrábamos inmersos.

Literal, recuperé la verticalidad un momento para ver qué leches pasaba y estábamos envueltos en una enorme mancha blanca donde flotaban, junto a restos de plástico, algas y "nata" blanca hasta restos fecales.

Me agobié bastante y comencé a nadar a todo lo que me daba el cuerpo para alejarme cuanto antes de la mierda, pero parecía no acabarse y cuando miré al frente teníamos el puerto junto a nosotros.

Eché un vistazo al GPS mientras tosía, al haber tragado agua de nuevo y vi que ya íbamos camino de los 2.100 metros.

Se ve que al no nadar rectos nos habíamos pasado, así que avisé a Javier y tuvimos que volver por la parte más densa de la pompa de basura flotante, tratando de meternos más mar adentro para dejarla atrás.

No se me había pasado el agobio aun y notaba que me costaba respirar, al principio pensaba que por estar más agitado, pero al colocarme de espalda para coger aire y bajar las pulsaciones me di cuenta de que tenía como carraspera en el pecho.

Al respirar, vibraba y parecía que apenas me entraba aire, así que tras un buen rato alternando espalda y braza con crol para, literalmente, no ahogarme, le dije a Javier que tenía que salir a la orilla, a la altura del Costa Water Park.

Pensaba que a lo mejor era psicológico y al estar en tierra firme podría respirar mejor, pero aunque al bajarme la cremallera del neopreno noté un poco de alivio, la carraspera en el pecho continuaba, provocándome una tos profunda cada pocas respiraciones.

Salimos a la ducha para beber un poco de agua dulce y ver si así se me pasaba pero no había suerte, así que decidí volver por la orilla hasta el castillo mientras me concentraba en la respiración y soltaba bastante esputo al toser.

La sensación era muy angustiosa, me recordó a cuando de pequeño me daban broncoespasmos, ya que aunque respiraba con parsimonia y profundidad, la vibración del pecho apenas remitía y con la tos volvía a ahogarme.

Con lo bien que habíamos hecho la ida en la natación... por momentos me alegré muchísimo de que fuese en una prueba libre, ya que no tenía presión de tiempo ninguna, aunque me preocupaba como podría afectarme al tramo de bici y el resto de la jornada.

Tras enjuagar el neopreno me puse el tritraje, cogí las calas, el casco y la bici de Reo y bebí en abundancia para rehidratarme, ya que hacía ya bastante calor.

Datos del segmento de natación
Comenzando el sector de bici
El rato que estuve al sol preparando la transición notaba que me asaba, pero al montarme en la bici camino al circuito del "tontódromo", me notaba mucho más fresquito con la brisa.

Además, ahora que el esfuerzo era menor, me costaba menos respirar, aunque todavía me quedaba carraspera en el pecho y tosía, ya en menor frecuencia.

La primera hora en el circuito se me hizo bastante dura porque soplaba bastante viento y aunque a la ida y teniéndolo a favor llegaba a alcanzar 35 km/h con facilidad, a la vuelta me costaba pasar de 22 km/h y dándole bien a los pedales.

Puse música con el altavoz del móvil y traté de no pensar en ritmos ni km, aprovechando el viento a favor y bajando desarrollos y apretando el culo cuando tocaba enfrentarse a él, intentando usar como referencias al resto de ciclistas del circuito para ver si vuelta a vuelta ganaba metros o los perdía.

No era una referencia fiable, porque a los ciclistas en bici de MTB les iba recortando bastante distancia vuelta a vuelta y a los que llevaban bicis de carretera no había forma de alcanzarlos, de hecho, los que más rato compartieron circuito conmigo me acabaron doblado una y hasta dos veces en esa primera hora.

Ya noté un cambio enorme al pasar de mi bici de montaña de aluminio a la de fibra de carbono de carretera de Reo, pero aun así no había forma de pegarse a ellos cuando me adelantaban.

O esos ciclistas eran muy pros o sus bicicletas lo eran por ellos, ya que en el tramo con viento a favor, yendo yo con los desarrollos a tope y pedaleando fuerte, ellos me pasaban como balas llevando desarrollos medios y la misma cadencia de pedaleo que yo.

En cualquier caso, yo iba sumando vuelta y kms, bebiendo mucho tanto agua como Maurten, un hidrogel que por el momento, me estaba sentando fenomenal.

Como ya tenía los bidones calientes y parecía que no disipaba el calor, me abrí el tritraje bajándome la cremallera entera y ahí si noté un gran cambio, ya que el viento me secaba el sudor y la temperatura corporal bajaba por momentos.

En uno de los giros en la rotonda de la hormigonera, donde hay un pequeño bache, caí de pleno y noté como el sillín se deslizaba hacia abajo ligeramente.

Probando la altura de sillín la semana previa decidí cambiar el que tenía Reo por uno de gel con agujero prostático porque se me dormía la masculinidad y acababa machacado en esa zona y se ve que no lo apreté bien.

Le mandé un audio a Mayte, que me dijo que se pasaría antes de ir a comer con su familia, para pedirle la llave allen y el destornillador y mientras tanto forzaría un poco la postura para evitar resbalarme en el sillín.

Justo al completar media vuelta vi el coche de mis padres, lo cual me venía fenomenal porque era una excusa para parar un momento y rellenar los bidones, ya casi vacíos.

Al tomar de nuevo la rotonda de la hormigonera vi como el móvil salía volando impactando contra el asfalto y perdiéndose entre las ruedas de los coches que venían detrás.

Me descalé en el aparcamiento y salí tras él, encontrándome la funda completamente gris de polvo, una de dos, o lo habían pisado o había dado varias vueltas, pero en cualquier caso seguía sonando y tenía respuesta táctil, así que ni me preocupé.

Es lo bueno de tener un móvil blindado, ya se me cayó hace unas semanas al saltar un bancal hacia el siguiente, aterrizó sobre rocas y tan solo se quebró el cristal templado, que ya tiene nuevo.

Encajé de nuevo la funda en el manillar y saludé a mis padres mientras bebía agua y agua de coco y reponía los bidones.

Bebiendo...

Reponiendo...
El circuito de bici no tenía ni tendría una sola sombra y al pararme noté como caía el sol a plomo.

Pedaleando con el maillot abierto el calor era tolerable pero al estar parado era inhumano, así que no quise parar mucho y retomé la bici al momento.

Mi padre me avisó de que irían a comprar y luego se pasarían de nuevo y me confirmaron que Mayte se pasaría a partir de las 1.

Lo bueno del circuito es que es pequeño, está cerca de casa, tengo el Decathlon al lado por si pincho y un bar por si necesito comprar alguna bebida, pero mentalmente estaba siendo una tortura y el no tener ni un solo tramo a resguardo del sol no facilitaba las cosas.

Al menos, la carraspera del pecho había cesado ya por completo, así como la tos, que me había dejado la garganta hecha unos zorros.

Llevaba el cuello bastante cargado, así como la parte baja de la espalda, por lo que aprovechaba cuando había menos tráfico para hacer estiramientos sobre la bici.

Muscularmente me encontraba fenomenal, pero empezaba a estar como un clavo y eso me iba a complicar bastante las cosas...

Un par de horas y muchas vueltas después volvían mis padres al circuito, justo a tiempo para reponer de nuevo líquidos.

Además, me traían un notición, Fran Viegas venía en camino para acompañarme en el resto del sector de bici, lo cual me iba a venir fenomenal, porque mentalmente estaba agotado ya y aun no llevaba ni la mitad de la distancia cubierta.

En cosa de dos vueltas ya estaba en el circuito y a la siguiente, sobre su montura y listo para salir al ruedo...

Preparado, listo...
¡Ya!
Pese a que iba hecho una alcayata, al comenzar a rodar junto a Fran y ponernos a charlar olvidé por momentos que llevaba ya 80 kilómetros en las piernas y de hecho, cuando unas vueltas después llegó Mayte con las herramientas, no me di cuenta hasta pasarme de largo.

Paré la vuelta siguiente y aproveché para hacer un pis mientras sacaba todo.

Estaba preocupado ya que no había orinado en todo el día y estaba bebiendo muchísimo, pero para mi alivio, el pis no salió demasiado amarillo.

Además, había estado bebiendo mucho en las dos visitas al circuito de mis padres y me había acabado tres bidones de medio litro de agua y otro de Maurten, beber, estaba bebiendo.

Eché otros dos botellines de medio litro de agua y Maurten mientras con la ayuda de Fran colocaba y apretaba el sillín y tras despedirme de Mayte eché a rodar, empapado en sudor del breve rato que habíamos estado parado.

La temperatura seguía subiendo y ya hacía horas que no había ningún otro loco dando vueltas al circuito, así que el apoyo y compañía de Fran fue fundamental.

No nos separamos hasta que pasadas un par de horas tuvo que ir al bar a por líquido, ya que se había quedado seco y aunque no me importaba compartir de mis reservas con él, no sabíamos cuanto quedaría para que volviesen mis padres.

Fue irse Fran y, cumpliéndose la Ley de Murphy, llegaron mis padres; no tenía sensación de sed, ni de hambre, el Maurten estaba funcionando muy bien, pero la diferencia de beber agua tibia a hacerlo fría era brutal.

Me bebí casi un litro entre agua, isotónica y el agua de coco que quedaba y le pegué un par de bocados a una barra de carne de membrillo fresquita, ya que no tenía hambre pero sabía que no solo de líquidos iba a aguantar.

Así llegamos al km 150, no había pasado nunca de 100 en bicicleta y esa cifra solo la he alcanzado este año, en 3 ocasiones y con MTB.

Descontando vueltas..
La diferencia con la flaca estaba siendo brutal, ya que iba cerca de las 100 millas con mucho menor esfuerzo del que me toma hacer 100 km con la bici de montaña, pero aun así tenía ya los brazos agarrotados, la parte baja de la espalda dolorida y el cuello de escayola.

Menos mal que ya quedaba poco y tras alguna vuelta en solitario mientras Fran atendía unas gestiones (es agente de Mapfre, muy comprometido con su trabajo, si necesitáis cualquier cosa escribidme y os paso el contacto), ya comenzaba a descontar.

No quería hacerlo en kms, porque por momentos volvía el viento y dificultaba el avance, así que lo hacía en horas y fui pasando de máximo 2 horas al sub hora y media, sub una hora...

A falta de poco más de media hora vino al circuito José Mérida, que me acompañaría en el tramo a pie, poco después mis padres y a falta de 4 vueltas, Mayte también.

Me encontraba bastante cansado de repente, así que al completar la última vuelta y avisar a todos de que fuesen yendo al castillo se me vino el mundo encima al ver que me iba a faltar un kilómetro largo.

Avisé a Fran y salimos del circuito hasta la siguiente rotonda y luego de la rotonda que baja al castillo volvimos a la del miramar y por último subimos a la del Beatriz desde los aparcamientos del castillo, para cuadrar, con mucho más trabajo del que me gustaría admitir, los 180 kilómetros del sector de bici.

Datos del segmento de ciclismo
¡Al fin me podía quitar el casco y la calas y bajarme de la bici!
El alivio al bajarme de la bici fue increíble y aunque en principio solo me iba a cambiar las calas por sandalias y salir directamente, empleé un rato en comer, beber e ir al baño antes de finalizar la transición.

Aun así tuve que parar a los pocos metros, ya que me estaba asando y el culo me ardía, así que me puse una equipación del club, de mi padre, que me quedaba holgada y no me rozaba tanto y retomamos el trote.

Junto a mi padre y José, ya cambiado
Iba mucho más fresquito y tras un primer kilómetro con las piernas de mantequilla, no tardé en recuperar la fuerza y trotar por debajo de 6 sin dificultad.

En principio el circuito iba a ser similar al de Los Pacos, pero mi padre me convenció de hacerlo a la inversa y solo por el paseo, ya que por la avenida no habría nada de sombra.

Se notaba como el sol achicharraba y además del culo empezaron a picarme las piernas una barbaridad.

No suelo echarme crema pero pese a hacerlo en varias ocasiones (antes de coger la bici y durante el mismo segmento), iba achicharrado y el picor parecía que se me metía en el cerebro, era muy difícil de ignorar.

Mi padre me iba frenando para que no pasase de 6 minutos el kilómetro, pero con su compañía y la de José parecía que llevaba alas.

También me fue insistiendo para que me hidratase y para que en la siguiente de las 3 vueltas que tenía que completar fuese por la sombra, ya que el y José no podrían acompañarme de nuevo hasta la última.

Mi tío Pedro nos invitó a un acuarius al pasar por el chiringuito donde trabaja y tras una breve pausa continuamos al trote, aunque ahora era a mi al que le costaba seguir el ritmo de mi padre y José.

Llegamos al parque de poniente, donde nos esperaba mi madre con una coca-col fría y dejé la mochila y el buff, ya que estaba sudando profusamente y me comenzaba a doler la cabeza, por lo que cuanto menos presión tuviese, mejor.

Dejando la mochila; se aprecia el corte del sol en la pierna
Al dejar la mochila noté como el cuerpo se me venía abajo, así que cogí el móvil y un envase de puré fresquito y seguí andando sin detenerme, ya que me daba la impresión de que como parase no iba a ser capaz de arrancar.

Pese a la coca-cola e ir comiendo me estaba entrando un sueño brutal y me empezaba a doler más y más la cabeza; trataba de trotar pero aunque las piernas no me dolían apenas para como he corrido en otras ocasiones, parecía no tener fuerzas.

A lo mejor solo tenía que dormir un poco, así que decidí alternar el trote en los tramos de sol con andar en los tramos de sombra y avisé a mis padres para que me esperasen en Carvajal con aftersun y un ibuprofeno.

Si tras 30' de siesta podía seguir, seguiría, si no, no tendría sentido continuar.

La torta de sueño siguió cayendo y ahora no podía ni trotar en los tramos de sol ni andar recto si quiera, así que con el dolor de cabeza en su momento álgido, le mandé la ubicación a mis padres.

Me senté en un banco a la sombra mientras notaba punzadas en mitad de la cabeza, los ojos me ardían y sudaba profusamente.

Mis padres me recogieron y tras un buen rato tumbado en el sofá, mucho beber y embadurnarme en aftersun y tomarme el ibuprofeno, fui haciendo poco a poco acopio de fuerzas para ducharme, ya que me notaba totalmente lacio.

Fue una ducha fría que me cortó el sudor y el cuerpo, ya que empezaba a tiritar aun con la toalla por encima y de nuevo en el sofá el termómetro reveló que tenía fiebre.

La prueba del delito
Normalmente tengo el pulso muy bajo y una temperatura corporal cercana o inferior a 35 grados, por lo que la insolación que había cogido era severa.

Aun así, bebiendo sin prisa pero sin pausa y bajando la temperatura corporal con crema y aplicación de frío en la cabeza, en cuestión de una hora larga ya tenía otra cara y otro color y podía incorporarme con normalidad.

...y a la tercera hora resucitó de entre los muertos...
Creo que más allá del calor, que sin duda influyó, lo que más me ha afectado fue el sol, así que no solo hice bien en retirarme, sino que debí haberlo hecho antes...

Os dejo con los datos del sector de carrera y el global del Garmin, por el momento tardaré en repetir la experiencia, me gustaría hacerlo, pero por ahora me apetece volver a correr durante un tiempo y descansar tanto de la bici como de la natación.

Datos del segmento de carrera
Datos globales brutos del GPS
Hoy, día posterior al intento de Ironman, estoy muscularmente bastante bien, con el cuello, espalda y brazo algo doloridos de la bici, pero muy entero de piernas.

Aun así no he querido salir a hacer nada porque estoy totalmente achicharrado, como veréis en la siguiente foto...

Balance de daños: piernas, brazos, cara...
¡Pero lo peor es lo que no se ve! el culo lo tengo totalmente quemado, es poner la mano encima y se calienta la misma del calor que desprende... 

Para el próximo intento, o lo hago nocturno (de ser en periodo estival) o me busco un traje de manga larga completo y de color blanco, porque vaya tela.

En fin, esto ha sido todo por ahora, muchas gracias por vuestro apoyo, vuestros ánimos y vuestros comentarios... ¡Sois enormes!

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