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I Triathlon Skoda Series Málaga (Olímpico)


¡Atención! antes de seguir leyendo tenéis que saber que el sujeto protagonista y autor de esta crónica se enfrentó a un triatlón con un mono de surf al primer segmento, una bicicleta de montaña de segunda mano de 100 euros al segundo y descalzo al tercero; Si continuáis leyendo es bajo vuestra propia responsabilidad, y ante todo, ¡no intentéis esto en casa!

PD: antes de comenzar también, muchísimas gracias a Mayte por su ánimo, paciencia, compañía y sus fotos, ¡eres la mejor!

Hacía ya tiempo que se me empezaba a ver el plumero, y poco después, acabé confirmando el rumor... sí, ¡me había inscrito a mi primer triatlón!

Modalidad olímpica del tirón (y porque no había más larga...) y con un dorsal cortesía de Powerade.

Intenté debutar en el Sertri, en modalidad sprint, para hacerme con las transiciones, pero me quedé sin plaza por decidirme en el último momento, y la verdad es que me preocupaba un poco este nuevo desafío, lejos de mi línea habitual.

Los entrenamientos no estaban yendo demasiado bien, en natación, debido a la temperatura del agua (16º, 14º y 18º en los 3 días que pude nadar y temporal esta semana previa al triatlón), no había podido nadar más de 800 metros seguidos, en un tiempo de 18 minutos en mi mejor registro.

En bici, mi Schwinn Frontier de segunda mano no daba para mucho la pobre, y me costaba pasar de 20 km/h en llano aun yendo a tope con plato grande y piñón pequeño...

Mi mejor registro con ella era 33 km 1:48:00; Manolo, compañero del Club Atletismo Fuengirola, me dejé una reliquia italiana, 100% fibra de carbono, de carretera, con la que la semana previa a la prueba llegué a recorrer 22,4 kilómetros en una hora, de lejos, mi mejor registro; la rueda trasera perdió presión dramáticamente el día previo a la prueba, no sabía cambiarla y tenía apenas un par de horas antes de ir a la universidad, y ya me quedaría en casa de unos amigos para estar temprano en la salida; no habría más remedio que usar mi bici...

La mañana de la prueba allí estaba, con mi bici en ristre, con ambas ruedas bastante desinfladas (especialmente la trasera) y habiéndome dejado el inflador en casa... ¡valiente panorama!

Llegué con Dani y Carmen, los amigos con los que había compartido piso la noche previa a la prueba, como en otras ocasiones (Dani ya me "prestó" su sofá la noche previa al I Trail Ciudad de Málaga), y me acompañaron a la recogida del material obligatorio.



Pese a que alguien "desde fuera" no sea capaz de diferenciar la "feria del corredor" de la "feria del triatleta" para mí fue muy diferente, con stands de piezas de bici, bicicletas enteras, monos de triatlón, mango (¿esto es normal? osea, puesto de mango como fruta, no ropa... perdonad mi falta de experiencia en el tema, pero es un asunto que me desconcierta...).

Llegué al listón de inscritos, me busqué, comprobé que, en efecto, tomaría salida en la segunda oleada (me planteaba si los del sprint que me precedería me adelantarían o no...) y me puse en cola para retirar mi dorsal.



Tras ello recogí la bolsa del corredor, y me puse en un rincón (para no molestar) mientras curioseaba, y me encontré con multitud de pegatinas con las que no tenía ni idea de qué hacer, por lo que nos pusimos mis amigos y yo a sacarle el sentido.



No era "tan" complicado, tan solo tenía que llevar el dorsal obligatorio (espalda en bici, pecho en carrera), el gorro en natación, la pegatina de la tija del sillín, la de la parte frontal del casco, la de la parte izquierda, la de la mochila del guardarropa, el tatuaje con el número del dorsal, una para el acompañante y una que no sé muy bien para que servía, pero queda muy bonita en mi portatil.

Una vez estaba todo bien etiquetado (ríase usted de las estanterías del Decathlon) me dirigí hacia la entrada a boxes (acreditado con mi pulserita, ¡se me olvidaba!).



Estaba preocupado por el asunto de la falta de presión de mis neumáticos, pero a lo lejos, vi la luz... en forma de hombre llevando un inflador enorme en la mano derecha...

Me acerqué a paso vivo hacia él, alcanzándolo casi al final de la zona de boxes, y le pregunté si me podía ayudar con las ruedas.

No solo accedió, sino que incluso me echó una mano inflando, metiendo una cantidad de presión enorme en las ruedas (no entiendo de presión, pero la agujita subió un número entero, no recuerdo si del 1 al 2 o del 2 al 3).

Nunca había visto las ruedas tan infladas, al subirme a la bici para volver a mi zona de boxes me costó mantener el equilibrio al principio... pero era buena señal, estaría en mejores condiciones para afrontar el segmento de ciclismo que durante los entramientos.

Dejé la bici y me fui a almorzar con mis amigos y Mayte, ¿adivináis cuál es la mía?





Tres horas más tarde volví, algo preocupado, ya que no se me había ocurrido (¿cómo no se me había ocurrido?) llevarme zapatillas de repuesta y claro, no iba a comer descalzo... habían cortado el acceso a la zona de boxes, pero los voluntarios me hicieron el favor y llevaron mis zapatillas y calcetines a la zona de boxes, donde había dejado mi camiseta de aros con el dorsal a la espalda, lista para el segmento de natación, un bidón con sales, uno con agua (consejo de Fozem, grandísima idea), un buff y un plátano.



Éramos cerca de 1300 triatletas, y en mi zona de boxes, ya abarrotada, conté 3 bicicletas de montaña, frente a... ¿197 de carretera? 



Cuando dejé la bicicleta en boxes escuché un par de bromas sobre la bici, una sobre las ruedas ("esas no "funcionan", casi mejor si las tiras directamente..." o "¿vas a competir con... "eso"?", el primero más sarcástico y el segundo más directo, pero no me importó, no solo iba a competir, sino que iba a acabar, eso lo tenía claro.

Pensaba hacer alrededor de 4 horas, quizá fuese el último, pero estaba resuelto a acabar.

Al consultar el recorrido de la prueba me llevé una sorpresa, el número de vueltas al segmento de bici sería de 5, por lo que la distancia sería de 35 km en bici (estaba mentalizado a recorrer 40); el tramo de natación y a pie 1500 y 10 respectivamente, tal y como pensaba.



Escuchamos un silbato a lo lejos y vimos que, en la playa, la primera oleada de triatletas se preparaba para tomar la salida.



Nos dirigimos hacia la orilla, yo, 100% concentración, imaginándome ya dentro de esa marea humana que se disponía a conquistar el líquido elemento...



Nos dirigimos a la orilla, donde la primera oleada se lanzaba al agua, reinterpretando, a mi parecer una de esas míticas escenas bélicas de desembarco, pero a la inversa.

¡Qué ritmazo! esperaba que esa fuese la oleada de mayor nivel, ya que en caso contrario habría quien incluso me doblase...

Una vez hubo concluido el segmento de natación para la primera oleada entré al agua, sintiéndome algo pesado por el almuerzo, recientemente ingerido.

Sin embargo, el agua estaba genial, 21,5º según la organización, casi "caliente", acostumbrado a nadar a 14º y 16º cuando no había más remedio...



Poco a poco los integrantes de mi oleada fueron llegando, cada cual con neoprenos más impresionantes, de marcas que solo conocía de ojear modelos por internet y en tiendas, y que difícilmente bajaban de los 200 euros en la mayoría de los casos... Orca, Aquaman, No Fear...

Yo por más que busqué neoprenos largos no encontré ninguno que me sirviese, al menos, dentro del presupuesto que me puedo permitir, ya que tengo brazos muy estrechos y gemelos demasiado anchos, por lo que las marcas "s" no me entran, directamente, las "m" me entran de brazos pero no consigo pasar de los tobillos, y las "l" me quedan genial pero me entra agua por las muñecas y se me inunda el neopreno...

Por ello me compré un mono de surf, ya que se me inunda de todos modos pero al menos no se acumula tanta agua en el interior y la verdad es que retiene bastante calor corporal.

Mi presupuesto para el segmento de natación fue de 10,99 para el mono y 1,99 para las gafas, y cuando pensaba que nadie llevaría el mismo mono que yo, vi a un hombre mayor llevar uno sobre su tritraje; mi objetivo en este segmento estaría claro: no dejar que me adelantase ese triatleta.


Ya dentro del cajón decidí quitarme el "gorro interior", ya que me apretaba la cabeza y me estaba molestando, así que me saqué el gorro de tela de debajo del gorro que nos otorgaron en la bolsa del corredor y, para mi sorpresa, no tiraba apenas del pelo, así que me lo puse "a pelo".

Me coloqué lo más detrás posible, no soy nada rápido y menos nadando, y no quería obstaculizar en la salida; de hecho, al dar la salida, mientras la mayoría de mis compañeros salían corriendo como alma que lleva el diablo hacia la orilla, yo me aproximaba trotando con parsimonia; ¡el triatlón acababa de empezar!



Para mi, que era novato, esos primeros momentos fueron muy confusos y algo caóticos: algunos triatletas echaban a nadar nada más tocar el agua y otros seguía corriendo hasta que les era posible avanzar a menos que nadasen.

No sé por qué yo me decanté por la primera opción, echando a nadar cuando aun me llegaba el agua por las rodillas, y avanzando mientras seguía el rastro de burbujas que llevaba delante.

Cada par de brazadas sacaba la cabeza para respirar, observando de reojo si llevaba o no buen rumbo y viendo como me pasaban, casi sin esfuerzo, casi todos los nadadores en el trayecto de la orilla  ala primera boya amarilla.


Cuando llegué a ella más de dos tercios de los triatletas la habían dejado ya atrás, pero no me sentía para nada cansado ni fatigado, tan solo algo lleno aun del almuerzo, pero, pese a que este era el segmento al que más respeto le tenía, estaba en mi elemento.


Al girar en la boya amarilla y empezar a dirigirme hacia la segunda boya amarilla choqué (no sé si por mi culpa o no) con otros nadadores que apuraron al máximo el giro (yo me abrí lo máximo posible para no enredarme con la cuerda de la boya) y luego se abrieron repentinamente.

Tuve que reestabilizarme un par de veces, pero volví a poner el "piloto autómatico", ahora alternando respiraciones cada 3 brazadas y cada 2 (alternando lados) para no cargar el cuello.


Llegando a la segunda boya amarilla me fijé en que cada vez que rodeaban menos nadadores, y comenzaban a pasarme algunos que no iban ni a crol, como un par de mujeres que avanzaban a espalda y un muchacho que parecía nadar con un híbrido de braza y mariposa, que me adelantó lentamente.

La verdad es que no me importaba demasiado, estaba más concentrado en coordinar brazadas y respiración, nunca había nadada más de 800 metros seguidos y ahora que comenzaba a acercarme a esa cifra me notaba la mar de fresco, estaba muy contento, pero mantuve la cabeza fría y no modifiqué mi ritmo ni un ápice.


Tras girar en la segunda boya y poner rumbo a la orilla me metí en mi mundo, centrando la vista en el suelo y en el exterior cada vez que sacaba el cuello del agua para respirar, y mucho antes de lo que esperaba, comencé a discernir el fondo a lo lejos.

Parecía que estaba muy profundo, pero hice un amago de apoyar las piernas en el suelo y ¡ya hacía pie! aun así estaba profundo como para avanzar andando, así que nadé hasta que el agua me llegó por las rodillas, momento en el que eché a trotar.




Un voluntario nos advirtió del escalón natural formado en la orilla, pero aun así tropecé en el mismo, al avanzar torpemente corriendo tras haber estado nadando... ¿por cuanto tiempo habría estado nadando?

Miré fugazmente el reloj: 17:04; no sabía cuantos metros me quedaban, ya que debía llegar en diagonal a la primera boya amarilla y posteriormente repetir la mitad del primer tramo, pero mi tiempo era, indudablemente (al menos para mi), fenomenal.




Pensaba emplear al menos una hora en el segmento de natación, dos en el de bici y una en el de carrera, por lo que mi planteamiento para la carrera era swim&ride&run for fun y disfrutar de una experiencia totalmente nueva para mí.

La cifra en el reloj no significaba nada, podía tardar el doble en lo que me quedaba por delante, o tres horas en el segmento de bicicleta al ir en bici de montaña, pero tras cruzar el arco que marcaba mi paso por la primera vuelta del circuito de natación, lejos de estar fatigado, entré de nuevo al agua con renovada energía, tras retirarme las gafas de la cara para permitir que la sangre circulase por mi cara sin presión antes de volver a surcar las profundidades.


Este segundo tramo fue totalmente diferente, ya no había burbujas que me indicasen por donde ir, y tan solo un par de nadadores avanzaban a mi alrededor, más rápido que yo, pero no demasiado, lo suficientemente como para dejarme atrás pero no para que pudiese seguir su estela.

Ya en el giro en la primera boya me vi solo, y cometí un error en cuanto a la parte psicológica en el trayecto de la primera a la segunda boya: Miré cuanto me quedaba por delante para llegar.

Fue una mirada rápida, ingenua, pero una vez que vi lo lejos que estaba (entre la distancia y el empañamiento de mis gafas casi no se veía en la distancia), no pude evitar mirarla una y otra vez.

Mentalmente me obligaba a dar 10, 15, y luego 20 brazadas antes de volver a mirar, pero estuve más pendiente en ese tramo de la distancia que me quedaba por recorrer que en disfrutar de la experiencia.

Cuando llegue a la segunda boya me olvidé de esa "presión" por llegar a ella, ya estaba listo, quedarían 200 metros a lo sumo, y ya había realizado ese tramo antes; ahí si que disfruté, aunque con un problema, el tatuaje con el número de dorsal se enganchaba con la manga de mi mono y me tirada de los pelos que éste cubría, y al modificar la brazada para intentar evitar esa molestia me comenzó a doler el hombro izquierdo.

Sin embargo, de nuevo estuve haciendo pie, saliendo a la superficie cuando el agua me llegaba aun por el ombligo, pero ardía en deseos de subirme ya a la bicicleta.



Al salir por completo del agua parecía que de repente al fuerza de la gravedad me aplastase, me movía aun más torpe que en la primera vuelta, y me costaba coordinar el movimiento de las piernas y el de las manos, pero igualmente eché a trotar hacia el arco de meta.




Justo al cruzar el arco de meta escuché la voz de Mayte "¡mira aquí nene!" y la vi, cámara en mano, capturando el final del primer segmento.


Aproveché que me giraba para ver cuantos nadadores faltaban por finalizar el segmento, y vi tan solo una decena de cabezas aun en el agua entre la boya amarilla y la meta; no importaba, yo ya lo había acabado y eso era lo único que me preocupaba, ahora el triatlón solo podía "ir sobre ruedas"



Avancé trotando primero sobre la arena y después sobre el tapiz azul que habían colocado sobre la acera, adelantando a varios triatletas más concentrados en quitarse el neopreno que en correr; yo no tenía esa preocupación, ya que pensaba realizar los tres segmentos con el mismo mono, aunque tenía ganas de quitarme ya el gorro, ya que me podía medir las pulsaciones con las palpitaciones de mi cabeza.


Entré a la zona de boxes preocupado ya que no recordaba mi número de dorsal y al roce con la manga del neopreno el tatuaje había quedado irreconocible, pero por suerte los neumáticos de montaña de mi bicicleta (y mi bicicleta en sí) destacaban de entre todas las máquinas de precisión de la zona de boxes.


Lo primer que hice fue quitarme el gorro (¡al fin libre!) y usar el botellín que tenía guardado con agua para quitarme la arena de los pies.



Después, sin prisa, contrastando con la vorágine que se vivía a mi alrededor, me senté en el tapiz y me coloqué ambos calcetines primero y después ambas zapatillas; me senté de nuevo para ajustármelas, ya que me había abrochado una demasiado y otra muy poco, y ya si quedé contento con el resultado.


Siguiente paso: colocarme la camiseta del Club Atletismo Fuengirola, con el dorsal enganchado en la espalda, y mi buff; ¡ya solo faltaba abrocharme y ajustarme el casco y estaría listo para partir!



Antes, eso sí, di un par de sorbos largos de mi botellín de bebida isotónica preparada con sales de y me comí medio plátano; mi presupuesto para las transiciones fue de unos 50 céntimos para los dos sobrecitos de sales y más o menos lo mismo para el plátano.


¡Todo a punto! liberé la bici del agarre de la barra y eché a trotar con ella hacia la zona de salida de boxes, preguntándome cuando podría subirme sobre ella (sabía que no podía tocarla sin llevar es casco abrochado y ajustado ni montar sobre ella dentro de la zona de boxes, pero no sabía hasta donde estaría delimitada).


Lo descubrí pocos segundos después, ya que una línea en el suelo marcaba el final de la zona de transición y un triatleta se subía sobre su bicicleta justo sobre la línea, provocando las protestas de una muchacha de la organización.

Yo dejé medio metro de margen con respecto a la línea de salida, me monté en la bicicleta y comencé a avanzar, de pie sobre la bicicleta, hasta alcanzar la velocidad punta de mi máquina.

Pensé en un primer momento que podría alcanzar al triatleta que llevaba delante, al que estaba pillando ya que tras montarse en la bici había comenzado a beber, pero una vez terminó cambió de plato chico a grande y, sin variar la frecuencia de zancada ni un ápice, comenzó a sacarme casi medio metro de ventaja por pedalada.

Es lo malo de mi bicicleta, junto a que es de montaña y no de carretera y a que la rueda trasera está ladeada, que aunque vayas con plato grande y piñón pequeño, no es capaz de alcanzar a una bicicleta de carretera con plato pequeño.

Aun así no me importó, puse mi velocidad de crucero y, animado por el público (y con más fervor que los que llevaban bicicletas de carretera) y por otros triatletas (del Triatlón Fuengirola, del Alhaurín y del Benalmádena sobre todo), afronté el segmento de ciclismo, muy duro psicológicamente pero menos de lo que esperaba físicamente.

Mi presupuesto para el segmento de ciclismo fue de 140 euros para mi bicicleta de segunda mano y 15 para el casco; por la mañana en la feria del corredor escuché decir a un triatleta "... sí, me costó 350 euros, pero eso es un sillín de verdad, puedes ajustar el grado de inclinación y el grosor de la parte delantera placer... la verdad es que se nota la diferencia..."

Tengo que agradecer el apoyo especial a Mayte, que aunque no la vi en persona capturó mi paso vuelta a vuelta por las 5 que realizamos, Álvaro, que se desgañitó animándome prueba a prueba y a todos esos animadores anónimos que me insuflaban energía cada vez que pasaba cerca de la zona de meta, ¡muchas gracias!








Creo que el ciclista que no me dobló al menos dos veces o estaba en mala forma o tuvo problemas con su bicicleta, pero para justificar mi alegría en el tiempo empleado en el segmento de ciclismo diré: nadie que llevase bicicleta de montaña me adelantó, y !adelanté a un ciclista de carretera!

Me costó las cinco vueltas, pero al girar en la zona del estadio olímpico en la última vuelta vi que estaba a mi alcance y, mientras me adelantaban ciclistas que seguramente pertenecían a la modalidad sprint (creo que detrás de mi no había más de una decena de ciclistas cuando comencé la última vuelta), acabé alcanzándolo, poco antes de llegar a la zona de boxes.

Llevaba los pies agarrotados, húmedos del agua que usé para limpiarme los pies al salir del segmento de natación (grandísimo consejo de Fozem) y del sudor, y rígidos de la tensión que llevaba en la bicicleta, así que al bajarme de la bici al llegar a la zona de transición y apoyar los pies en el suelo por primera vez en casi hora y media, tomé una resolución... correría descalzo el segmento de carrera a pie...


Busqué mi lugar en la zona de boxes (donde estaba mi botellín y im piel de plátano junto a mi gorro y gafas), y aparqué la bici.


Sin prisa pero sin pausa, me quité el casco, la camiseta, desenganché el dorsal y lo coloqué, con cuidado, en el pecho (no quería dejarme los pezones debido a colocarlo con prisas, así que valió la pena emplear cerca de un minuto en la tarea).



Mayte se encontraba al otro lado de la valla, animándome mientras me cambiaba y me fotografiaba, y cuando vio que, estando listo para salir de la zona de transición, me sentaba y me desabrochaba las zapatillas y me quitaba los calcetines, más sorprendida que preocupada, me dijo "¡¿descalzo?!"

Asentí y, sonriente, comencé a notar como se me desentumecían los pies al contacto con el tapiz, y salía de la zona de transición mientras escuchaba comentarios de los más variopintos, desde "¡un bigfoot!" (barefoot querría decir, ¿no?) a "¡mira mami, un penitente!"

Lo primero que me encontré hizo que me arrepintiese de haberme descalzado, un suelo sucio, mojado, ya que la zona de avituallamiento fue lo primero que me encontré al dejar atrás la zona de transición, pero corriendo por la zona menos mojada con precaución "resbalé un par de veces" iba adelantando a corredores que iban resoplando pesadamente, alguna incluso andando (posiblemente sería su última vuelta de este segmento).

Cuando llevaba unos cuantos metros el suelo estaba un poco más seco, y pude acelerar significativamente. Llevaba 2:12:12, ¡el sub 3:00:00 estaba a mi alcance!

Notaba las piernas torpes tras el segmento de ciclismo, y nunca había corrido más de 8 kilómetros descalzo sobre asfalto, pavimento o acera (sobre arena he llegado a 16 kilómetros descalzo), así que no sabía como reaccionaría, pero los ánimos de otros corredores y espectadores hicieron que me fuese creciendo.

La parte baja, tras girar en el control de carrera y volver a la zona de meta/avituallamiento, fue terrible, ya que los surcos de la acera hacían que, pisase donde pisase, unos dedos entrasen en ellos y otros no, provocándome molestias paso a paso; al menos, esta parte no estaba mojada.

Posiblemente fuese el 10k más técnico y psicológico que haya hecho nunca, iba totalmente concentrado en mi técnica de carrera, en la parte superior para no resbalar y evitar la zona mojada, y en la inferior, para evitar los surcos.

Aun así, pese a retenerme y no avanzar todo lo rápido que me hubiese gustado, adelanté e incluso doblé a varios corredores en el segmento de carrera, y pocos de la segunda oleada olímpica me adelantaron a mi, aunque del sprint me pasaron varios.










Tras completar la cuarta y última vuelta de la carrera de 10 kilómetros más "larga" que recuerdo, me desvié hacia la izquierda, hacia la zona de entrada a meta...


Un largo tapiz se extendía ante mí pasada la zona de acera, a lo lejos, un triatleta llegaba de manos de una niña pequeña a meta...

Pensé en adelantarlos, pero el momento era precioso y no quería arruinar la imagen de llegada a meta, así que me mantuve detrás de ellos, pegado al margen derecho...

Crucé la meta; ya era oficialmente triatleta.

2:58:20, sub 3 horas, tiempo que hubiese firmado esa misma tarde antes de comenzar... 

Nos entregaron una pulsera finisher (concepto que no conocía aún) una botella de Powerade fresquita y una de agua igualmente gélida, pero ni medallita ni camiseta conmemorativa... no sé si es lo normal o no, ni cuanto cuesta montar un triatlón (obviamente más que una carrera a pie), pero eché en falta un detallito en meta nada más cruzar la línea de llegada (eso al momento ahora estoy súper feliz con la muñequera).

Me reencontré con Mayte, recogí mis cosas y me dirigí hacia casa... fin de un capítulo más en mi vida deportiva, intenso pero muy divertido.

No sé si repetiré en triatlón olímpico, en cuyo caso intentaría por todos los medios hacerme con una bicicleta de carretera y luchar por el sub 2:30:00, pero si tengo la oportunidad de pasar al medio ironman o al ironman (económicamente ahora mismo lo veo muy complicado), daría el salto ahora mismo.

Por cierto, para todas esas madres preocupadas cuando me vieron por el paseo marítimo de la misericordia, descalzo, estas fueron las secuelas de 10k barefoot, un par de ampollitas y una rozadura que a día de hoy ya sanaron:



Espero que os haya gustado la crónica de mi debut en triatlón, gracias a todos por vuestros ánimos antes y durante la carrera, por vuestro apoyo incondicional y por vuestro interés; ¡Va por vosotros!


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