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II Carrera Nocturna Puente Genil



Con incertidumbre hasta casi la semana previa recibí el mensaje de mis jefes; finalmente libraba el viernes, por lo que un año más podría correr la carrera nocturna de Puente Genil.

Tras perderme la media en febrero, al coincidir con la vecina prueba del CxM Calamorro, y el duatlón el pasado junio, al coincidir con el primer examen de las oposiciones, no quería perderme esta prueba, en la que precisamente volví a la localidad cordobesa por primera vez tras muchos años.


Como el año pasado montaría al menos un coche con corredores y acompañantes, pero a última hora, por lesión o para dar descanso al cuerpo, algunos compañeros del Club Atletismo Fuengirola no pudieron asistir, y por motivos laborales, los acompañantes.

No obstante iría en muy buena compañía, ya que mi padre, aunque sigue con quimioterapia y precisamente esta misma semana ha tenido una nueva biopsia de médula, se animó a venir; a venir y a participar.

Y tras cerca de hora y media de carretera, perdernos un poco y aparcar, con más tino que en la primera edición, bajamos al Paseo de Miragenil.

Salvo por algunos detalles (este año el spinning estaba situado donde el año pasado las mesas de ajedrez, y en su lugar en el Paseo Miragenil se encontraba una exhibición de baile), el tiempo parecía haberse detenido en Puente Genil.

Este año la compañía era diferente, y también hacía menos calor, pero el ambiente era fenomenal, y mientras me dirigía a la mesa de inscripciones me fui encontrando con muchos atletas del Club Atletismo Pontanés Amigos del Canal, a los que no veía desde la pasada Subida a la Aldea de Cordobilla.

Mientras esperábamos la cola de la recogida de dorsales nos encontramos con Juan Leyva, que nos estaba guardando los dorsales por si llegábamos con el tiempo justo. todo un detalle, y otro mayor aún: La gymsac y la camiseta técnica de la Media Maratón de Puente Genil, con, entre otros, mi nombre en ella.



Algunos corredores me preguntan cómo voy "tanto" a Puente Genil con las de carreras que hay cada fin de semana, en las que sin salir de Málaga pueden coincidir hasta 3 y 4; creo que detalles como este responden a la pregunta, el ambiente y las experiencias que allí se viven amortizan de sobra el viaje.

Me quedé con ganas de saludar al hermano de Juan, José Leyva, que precisamente pasó con el coche cuando su hermano me hacía entrega de la camiseta y la gymsac.

Dejamos las cosas en el coche, nos cambiamos y volvimos a la plaza, donde aprovechamos la presencia de Belén, una de las fotógrafas, y los móviles de otros corredores para echarnos algunas fotos.


Los Camacho, padre e hijo.

Fotografía con Juan Leyva

Tan iguales y tan distintos... Pies Sucios vs New Balance...

Algunos se preguntaban si correría con las sandalias, y parecía no terminar de creérselo cuando mi padre les contaba que había corrido maratones y más ya con ellas, y con calzado minimalista en general hasta 114 kilómetros de una vez.

El año pasado corrí con las Vibram Fivefingers Bikila LS, este año, tocaría el turno a las Simna 3, de Pies Sucios; para hacerla descalzo con el empedrado que hay me doy varios años de margen, no hay necesidad ahora mismo de tanto tute.

Conforme se acercaba la hora de la salida el ambiente iba siendo más distendido, sin llegar a multitudinario, pero con presencia de muchos atletas, entre los que destacaban los del Club de Atletismo Pontanés Amigos del Canal, local, de la Escuela Provincial de Atletismo Miguel Ríos, y los vecinos Maratón Lucena.

Poco antes de la salida de los veteranos, entre ellos, mi padre, me encontré con el corredor de fosforito (no consigo recordar el nombre, ¡perdón!) al que conocí en la Subida a Cordobilla, con quien tuve una buena pugna en los últimos kilómetros, y después, a Óscar, que este año se había afeitado la perilla; sería mi marca a seguir, ya que en las dos ocasiones previas en las que hemos corrido juntos no había podido darle alcance.

Mientras corrían los veteranos me situé en el tramo final del primer kilómetro, con un botellín de agua, animando a todos los corredores y abasteciendo a mi padre vuelta a vuelta.

En ninguna de las vueltas repitió "grupo", y las iba realizando de forma progresiva, adelantando a gente, al menos, las dos primeras.

En la tercera llegué a preocuparme, ya que tardaba en aparecer, pero finalmente hizo aparición en la curva, acompañado por dos muchachas jóvenes, con las que entró junto a meta (bueno, de una, cogida de la mano, la otra les esprintó en los últimos metros).

Vino empapado en sudor, y tras humedecerse la cabeza bajo la fuente de la plaza, beber y comprobar que estaba bien no me quedé tranquilo, ya que con lo hablador que suele ser no decía ni palabra.

Nos pusimos en la zona de llegada, en el lateral, mientras acababa la prueba de los veteranos, y posteriormente me coloqué en el puente, para ir cogiendo sitio para la salida.

Me coloqué en el extremo izquierdo, entre primera y segunda línea, para coger la curva sin prisa, dejando a los que comenzasen más fuerte las primeras posiciones, y yo ir acelerando progresivamente desde fuera para comenzar a apretar el paso ya dentro de la primera curva (al estar ahí el avituallamiento este año esperaba que el suelo estuviese mojado, y no quería entrar muy fuerte en el primer giro por si los huaraches resbalaban).

Este año mi estrategia de carrera sería totalmente diferente al anterior, como conocía el circuito, comenzaría con una vuelta a buen paso y poco a poco (si podía) iría mejorando el ritmo.

Llegando al final de la primera subida, en el giro a la izquierda, habían tomado la delantera una veintena de corredores, y en el posterior tramo tras la bajada, en ensolado, unos 3-4 corredores más me pasaron; yo estaba haciendo "mi" carrera.

Al final de esa calle, antes de llegar al giro de la valla, ya comencé a recuperar posiciones; conté 26 personas por delante, 24 al realizar yo el giro.

Iba bastante por detrás con respecto al año pasado en cuanto a posición, pero me notaba muy fresco y fenomenal de sensaciones, así que ya tendría tiempo de recuperar posiciones en las siguientes vueltas.

Me crucé con Óscar a mitad de calle, llegando él al giro, por lo que en cuanto a ritmo, tampoco iba tan "mal" como pensaba; sería cuestión de mantenerlo.

Bajé a buen paso por calle Guerrero, detrás de un grupo de tres corredores, a los que alcancé en la posterior curva, acelerando para adelantar al siguiente corredor al final de calle Lemoniez; pasé el primer kilómetro en 3:39, a muy buen ritmo, teniendo en cuenta el perfil de la prueba y el circuito.

Antes de girar escuchaba las voces de un grupo de chicas animando, al grito de "¿A quién animo yo? ¡al Real Madrid!", que repetían a nuestro paso mientras aplaudían.

Ascendí por el callejón Cantaor Pedro Lavado, manteniendo el ritmo, y mientras unos corredores del Pontanés Amigos del Canal me animaban, aceleré el ritmo en la Calle Don Gonzalo.

La animación del público en la curva de entrada a la segunda vuelta fue increíble, se me pusieron los pelos de punta mientras aceleraba, camino a la segunda vuelta.

Me sentía fenomenal, con el corazón a 180 pero notándome muy relajado, y centrándome en el siguiente corredor cuando alcanzaba al previo.

Iba tan eufórico que hasta deceleré ligeramente ante el fotógrafo de la Calle Don Gonzalo para que me echase una fotografía.

En el cruce de esa misma calle, en la valla, donde tuve que controlar ya que casi se me va el pie, ocupaba la décimo octava posición.

Parecía que estaba corriendo en el tiempo, ya que recordaba ala perfección cada adoquín, cada curva, cada giro... parecía que había tenido una segunda oportunidad para disfrutar de una carrera que ya el año pasado me encantó.

Cuando completé la segunda vuelta volví a emocionarme en el giro ante todo el ánimo del público, y sentí un poco de nostalgia al saber que la prueba estaba ya a medio camino de finalizar...

Como en la segunda vuelta, cogí un botellín de mano de una de las jóvenes voluntarias y me lo bebí directamente de un buche, echándolo al extremo opuesto de la calle por el que descenderíamos.; había alguno suelto por el suelo y no se veía bien en el tramo que descendíamos, por lo que había que ir con ojo.

Me abrí mucho en el giro a la derecha, por el estrecho callejón, y nuevamente en el siguiente giro a la izquierda, ya que en la vuelta anterior había un coche a media calle, aunque ya no estaba.

Aproveché que me había abierto mucho para recortar en el giro a calle Don Gonzalo, por donde aceleré con fuerza pasando a otro grupo de corredores antes del giro.

Abandonando esa misma calle en el giro de la calle Capitán Corbeta vi por el rabillo del ojo a Óscar, bajando hacia el giro; estaba haciendo una muy buena carrera, era consciente de ello y esta disfrutando muchísimo con las sensaciones.

Bajé a buen paso por Calle Lemoniez, doblando corredores (ahora se hacía difícil saber quien iba delante y quien no, ya que los que habían salido más rápido de la cuenta se mezclaban con los que habían salido reservando y ahora apretaban el paso).

Zigzagueando me abrí paso hasta el final de callejón del Cantaor Pedro Lavado, y enfilé la recta por calle Don Gonzalo (ahora en cuesta abajo) por penúltima vez.

No sabía cuantos corredores llevaría por delante, al menos, 13 o 14, pero no me preocupaba en absoluto; sabía que no iba a entrar en el podio, pero el rebajar mi marca del año anterior era ya una enorme motivación.

Me sentía en estado de Flow completamente, y me acordé de mi compañero del máster Fernando Carmona, autor de Sopa pa' correr, que finalmente tampoco pudo acudir a la cita en Puente Genil; os recomiendo mucho la visita a su blog.

El ritmo medio que llevé en esta última vuelta (durante el resto del tiempo desde la primera ni miré el GPS, corrí por sensaciones), mi ritmo medio fue de 3:41 minutos el kilómetro, solo 3 segundos más "lento" que en la primera vuelta, y reservando.

En todas las vueltas anteriores mi padre me gritaba que corriese con cabeza y reservando, ya que "iba muy fuerte"; en esta me dijo "vamos errante, aprieta que sólo queda una" y ratificando mi estrategia de carrera, aceleré cuesta arriba.

Aceleré a toda velocidad en la subida donde se encontraban las jóvenes voluntarias, a las que, en este turno, no liberé de la carga de un bidoncito de agua, giré a gran velocidad, motivado al ver que a la derecha acababa de desaparecer un corredor a gran velocidad, y me fui tras él.

Lo cogí en la zona enlosada de calle Don Gonzalo, así como a otro corredor al final de la misma, justo en el giro, y aceleré rápidamente para intentar ponerme a la par de un triatleta que estaba abandonando la calle, por la derecha.

En esta vuelta no vi a Óscar, pero esperaba que estuviese haciendo una buena carrera.

El descenso por el empedrado en esta última vuelta, hacia calle Lemoniez, se me pasó en un suspiro.

Solo escuchaba el retumbar de mis chanclas (entre la superficie y la velocidad que llevaba eran muy escandalosas) y prestaba atención al latir de mi corazón en el pecho, mi respiración, y mis apoyos sobre los adoquines, tan rápidos que me daban la impresión de que en vez de correr, me deslizaba.

Tanto el triatleta como yo seguíamos doblando corredores, pero pese a ir recortándole metros, me sacaba una veintena al llegar al giro hacia el callejón, donde las fans del Real Madrid nos espolearon una vez más.

Al final del callejón Cantaor Pedro Lavado un grupo del público me animó fervientemente, al grito de "vamos, que lo coges" y por un momento desaparecieron de mi campo visual todos los elementos que no fuesen el triatleta y yo.

Estaba muy lejos y había muy pocos metros, pero tenía que intentarlo...

Avancé derrochando toda la energía que había guardado durante las primeras vueltas, especialmente para un momento como éste, disfruté del aliento del público y me lancé a la persecución, que acabó bajo el mismo arco de meta, con menos de un segundo de diferencia entre los dos.

Le di la enhorabuena por el final al chico triatleta, que perdió una centésima al desdoblar el dorsal para enseñarlo en la entrada a meta, y que de lo contrario habría entrado a mi par.

Me encontraba fenomenal, con las piernas como si nada, aunque con una sensación de fatiga enorme que apareció nada más acabar la carrera, como era de esperar.

Caminé hasta la fuente, me refresqué y me bebí un botellín de isotónica que me había traído mi padre del coche.

Estuve viendo la llegada de varios corredores, hasta que me acordé del GPS, que por instinto había apagado al llegar a meta.

Realicé los últimos 300 metros a un ritmo de 3:14 minutos por kilómetro; buen sprint para tener la competición 5300.

Fuimos al coche a cambiarnos y volvimos para ver el final de carrera y las clasificaciones.

Mi tiempo en esta segunda edición fue de 19 minutos 43 segundos y el año pasado, de 21 minutos 47 segundos; había mejorado más de 2 minutos en tan solo un año, y evolucionando en mi transición (de casi 3 años ya) al minimalismo de calzando cubierto estilo Fivefingers a huaraches.

Según la primera clasificación en meta (no sé si posteriormente habría alguna incidencia que resolver), ocupaba la novena posición en la categoría senior, todo un logro, ya que aunque la participación no fuese excesivamente elevada (iba acorde al circuito, mucha más gente lo hubiese colapsado, el límite de 200 es muy bueno), el nivel si que lo era, y para mi fue una sorpresa encontrarme en el top 10 de la carrera.

Mi padre había completado el circuito a 5:16, ritmo que para llevar apenas unos meses volviendo a correr, continuando con el tratamiento de quimioterapia y habiendo tenido una biopsia de médula pocos días atrás tiene más mérito que mi propia carrera.

Tras charlar con varios corredores e intercambiar experiencias sobre la prueba, buscamos a Juan Leyva y Miguel Ríos para despedirnos, ya que a la mañana siguiente me tocaba trabajar, pero tras varias vueltas a la plaza y alrededores no pudimos encontrarnos, así que nos encaminamos al Pidepizza, donde teníamos encargada la cena.


Cena de campeones.

No pudimos acabarla, ya que se nos echaba la noche encima, así que guardamos pizza y media para el almuerzo del día siguiente y nos echamos a la carretera.

El evento ha salido fenomenal un año más, mientras pueda continuar asistiendo, será un "fijo" de mi calendario.

A modo de crítica positiva, quiero finalizar esta crónica con los aspectos que más me han gustado de la prueba, y aquellos que creo que se pueden mejorar de cara a otras ediciones:


Lo mejor

-La animación, sin lugar a dudas; los pasos por la calle Don Gonzalo, tanto en bajada como en subida eran una maravilla, especialmente al paso por cada vuelta, donde la zona de la curva, atestada de gente, nos llevaba en volandas cuesta arriba.

-Los avituallamientos, mejor colocados este año, ya que en la zona de adoquines, de derramarse agua, se drena con mayor facilidad, mientras que el año pasado, en la zona enlosada, formaba charcos y podía propiciar resbalones.

-El espíritu de la prueba, íntimo, familiar... evento gratuito organizado por el ayuntamiento (quedan pocos...) y en colaboración con los dos clubes más fuertes de la localidad, el Club Pontanés de Amigos del Canal y la Escuela Provincial de Atletismo Miguel Ríos.

A mejorar

-Creo que el elemento más sencillo de mejorar de cara a otras ediciones son los dorsales; al ser adhesivos tienen mucha menor resistencia al agua o sudor, y por ejemplo mi padre llegó a meta con el suyo literalmente desintegrado, así como otros corredores.

-Algunos de los giros, demasiado bruscos; hacen de la carrera un circuito divertido y variado, pero hay alguno, como el giro en las vallas, que al ser de 180º, sobre todo en la primera vuelta, cuando avanzamos en pelotón, que puede propiciar algún accidente.

-Incluir algún detalle como una gorra, manguitos o camiseta de la prueba, que contactando con casas comerciales puede salir muy barato o incluso gratis y es un modo de promoción indirecto muy eficaz; no obstante, al ser una prueba gratuita para el corredor (que no para la organización), no se puede exigir tanto.

¡Nos vemos el año que viene!

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