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VI Media Maratón de Fuengirola

 


Otro año más, llegaba una cita ineludible para los corredores populares de Fuengirola y la provincia de Málaga, la media de nuestra ciudad (aunque esté a una acera de distancia y viva en Mijas, sigo haciendo vida en Fuengirola).

Ya cambiado y desayunado, pasé por casa de mis padres a dejar la mochila con la ropa limpia (había recogido los dorsales en el ayuntamiento para no madrugar) y salí de casa con mi madre, que haría los 5k paralelos a la media maratón marchando.

Estuve calentando por las calles paralelas y por el propio recinto ferial y bajé al arco de meta, donde esperaba hacerme la foto con los compañeros del club de atletismo.

Estuve saludando a amigos y conocidos de todos los clubes y ciudades pero del club veía a pocos y finalmente me puse en línea de salida, viendo que quedaba poco para comenzar la prueba (finalmente la foto se hizo en el arco del kilómetro 1).

Delante estaban los favoritos para ganar la prueba, Javier Arcas, actual ganador y dorsal 1, Antonio Conejo, Cristóbal Ortigosa... y los gallos de la carrera de 5 km, entre otros, Hugo Fernández, Dani Gámez o Pablo Comino entre otros.

Mi idea era aparentemente sencilla, intentar mejorar el 1:14:04 del año pasado, saliendo a un ritmo de 3:29 y aguantar, aunque el viento no tenía buena pinta.

Nos congregamos en la línea de salida, que compartiríamos las dos pruebas, y tras comenzar Ángel un minuto antes al competir con handbike, nos preparamos para la cuenta atrás.

Con el bocinazo de salida los galgos de los 5 km y los pros de la media tomaron la delantera, y tras ellos íbamos un buen grupo de atletas y un servidor.

Completé el primer kilómetro en 3:29 sin problema y empezando a recoger a aquellos que habían salido más fuertes de la cuenta y tras pasar por el arco de meta, cogimos la avenida en dirección Mercacentro.

Vi a mi abuela al lado de la rotonda de los caballos y me dio ánimos para seguir, por lo que me lancé un poco y completé el segundo kilómetro en 3:28, cómodo aún, pero tras dar el giro en la mediana de Mercacentro y encontrarme el viento de cara decidí regular el ritmo y olvidarme de mejorar el tiempo...

Pasé de ir a 3:32 a ir a casi 3:40 y estaba aislado, así que esperé a los corredores que oía acercarse por detrás y tras la división con los de 5 kilómetros llevaba ya un grupo compacto a mi alrededor, con galgos de la talla de José Antonio Urbaneja, que venía de hacer la Gran Vuelta al Valle del Genal o Juan Miguel Caravaca.

Este año el circuito se había modificado por las obras y al tradicional trazado por el paseo Marítimo le sucedió uno a varias vueltas por el centro (aunque también saldríamos al paseo) con algunos giros de 180º, como el de la rotonda de Torreblanca, donde nos cruzamos con la cabeza de carrera, que lideraba ya con claridad Javier Arcas.

En ese momento íbamos séptimos en mi grupo y seríamos unos cinco o seis corredores, seguidos por otro grupo a varios segundos.

Con lo que molestaba el viento de cara parecía que apenas empujaba al llevarlo de cola y tras coger agua del avituallamiento bajo el puente, ascendimos la pendiente hacia el sol de Torreblanca.

De nuevo en la avenida comenzamos a relevarnos y me dio la sensación de que había como niebla y olía a humo, algo ya típico en algunas zonas en esta época del año cuando se asan castañas, pero ni era hora de asarlas ni olía a castañas (luego sabría que se estaba produciendo un incendio en Mijas...).

Los corredores que llevábamos por delante se iban distanciando más y más y por momentos tiraba Juan Miguel, seguido por el noruego Marius, tras los que íbamos Urbaneja y un servidor.

Llegamos hasta la rotonda del torso junto y salimos al paseo, donde el levante era muy fuerte y por primera vez en toda la prueba, llegando al ecuador, nos echó por encima de 3:40, que era el ritmo que llevábamos como un metrónomo.

Con menos de media carrera por delante y restando decidí echar mano al bolsillo trasero de la calzona, donde llevaba una de las gomas energéticas de Vitaldin que nos dieron de muestra en la media maratón de Málaga.

Estaba buena de sabor, pero la saliva no era suficiente para bajarla y me pegué un buen rato masticando hasta poderla deglutir, quedándoseme trocitos por la boca hasta que pude beber agua de un avituallamiento.

Tras el giro de 180º pasado el monumento romano ascendimos por la avenida y volvimos a girar en la rotonda de Torreblanca.

El grupo que venía detrás nuestra en el primer giro había desaparecido, pero algunos corredores sueltos venían desde atrás con energía y nos iban comiendo terreno.

Urbaneja empezó a tirar y poco a poco el grupo se fue estirando, pero no fue capaz de aguantar y me fui quedando poco apoco atrás.

Volvimos por la Avenida de los Boliches y veía cómo poco a poco se iban escapando mis perseguidores y por detrás oía pasos cada vez más cercanos y al girar en la rotonda del torso para ascender a la Avenida Jesús Santos Rein me pasaron primero uno y después otro corredor.

Me costaba mantenerme por debajo de 4 minutos el kilómetro y de nuevo el viento soplaba con fuerza de frente, frenando el avance y haciendo que los últimos kilómetros fuesen eternos.

Cuando por fin comenzaba la leve bajada de la rotonda de los caballos a la rotonda de los arcos empecé a apretar y me espoleó mucho Luis Enrique, compañero del club que estaba en la prueba como policía local y puso la sirena de la moto al verme llegar.

Subí la recta con las pocas fuerzas que me quedaban y entré por meta, finalmente en decimosegunda posición absoluta y cuarta de categoría, pero a casi 4 minutos de mi tiempo objetivo, que a estos ritmos es más de un kilómetro.

Ha sido una experiencia más, dura y lejos del objetivo inicial, pero estoy contento por al menos haberme podido adaptar a las circunstancias y completar la prueba, otro año habrá más y mejor.

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