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II Carrera Litoral Holiday World


Tras varios meses sin competir y retomar las carreras recientemente, esta semana participé en la II Media Maratón Rural Villa de Mijas el martes, y hoy tocaba otra segunda edición, de la Carrera Litoral.

Continuo acumulando kilómetros, con el objetivo de estar preparado por si resulto agraciado en la selección del Spartathlon, pero entre tanta tirada larga y ritmo de ultra apetecen pruebas de este estilo para desconectar.


Me levanté poco después de las 8, nervioso; apoyé los pies en el suelo y mis temores se confirmaron... ¡Tenía rozaduras en los pies!

El sábado a eso de las 6 salí a correr, estrenando las Hommo Sandals Godzilla Race 2 (si mejoran las heridas, la semana que viene os traeré las primeras impresiones), y entre que nunca me las había puesto, las llevaba quizá demasiado apretadas y que pillé lluvia y la humedad me dejó los pies blanditos, cuando me quise dar cuenta tenía los bordes de las correas hincados en la piel.

Diría que es un fallo de novato, pero casi me alegré de haberlas probado el sábado, ya que aunque son de montaña, por lo cómodas y suaves que son me hubiese metido en una competición de asfalto con ellas.

Pero así no... mientras me vestía buscaba alguna solución y tras desayunar se me ocurrió ponerme tiritas.

Me calcé las Nunche 2 y noté, aliviado, que aunque con la presión notaba molestias, entre que la zona que cubre este modelo es diferente y las tiritas, podía andar bien.

El problema sería correr, ya que quería sumar más kilómetros a la cuenta semanal y mi idea inicial era ir corriendo, hacer los 10 kilómetros de la carrera, y otra decena extra antes de volver a casa, también corriendo.

Pero con los pies en carne viva por la zona de las correas, iría y veríamos a ver que pasaba.

Me puse en marcha con paso suave pero seguro; molestaba, pero tampoco demasiado.

Tras unos 10 minutos comencé a sudar, y el escozor en las heridas era horrible... estaba llegando al carril bici de Los Boliches y por un momento me planteé si no era mejor echar a andar (tenía un margen de tiempo amplio) y olvidarme de correr.

Me concentré en la pisada, la respiración, el viento y mis pensamientos y aunque inicialmente no surtió efecto, cuando me quise dar cuenta iba ya por los Olimpos y llevaba tiempo sin recordar el dolor; si pensaba en las heridas me molestaban, pero si conseguía evadirme llegaba a olvidarme del dolor.

Así llegué a la cuesta de los Elefantes, donde me di cuenta de que se me habían caído las tiritas, aunque curiosamente ahora no notaba molestia alguna.


Trayecto del piso a la salida
Llegué a la zona de salida, preparé la app del móvil para registrar la carrera (aparte de mi perenne Garmin Forerunner 310 XT) y estuve charlando con amigos y conocidos, como Julio, de Onda Cero, corredores con los que coincidí el martes en la media y otros con quien hacía más que no coincidía.


Gran ambiente en la zona de salida
El ambiente era fenomenal, buena música (Kiss, Metallica, Scorpions, AC/DC... pero las más conocidas, las que le gustan hasta a quien no soporta el rock habitualmente), mucha animación por parte del speaker... y aunque había nubes, la temperatura para correr era ideal.


Imagen de las Nunche 2, que levantaros muchas miradas; se puede apreciar el sistema de enganche de chip

Emotivo minuto de silencio en memoria de Pablo Ráez
Nos fuimos colocando en la salida, preparé la APP, que activé en la cuenta atrás y... ¡comienzo de carrera!


Salida realmente rápida

Como le comenté a Julio, esta no es mi distancia ni lo que estoy entrenando, así que mi idea no era salir a por todas... pero en el comienzo de la prueba me dirigí hacia la cabeza de carrera, cogí impulso aprovechando la pendiente y puse un ritmo más fuerte del que debía.

Me di cuenta pronto, cuando vi pasar a Bodo a mi lado, y aprovechando que ya estábamos afrontando la primera tachuela regulé un poco; me adelantaron dos corredores del Torremolinos, el corredor del Veteranos Linense al que conocí en la II carrera El Torreón, Victoriano, así como otro par de corredores.

Mantuve el ritmo, refrenando las ganas de colgarme de ellos, pero pronto tuve compañía, ya que Corral me había alcanzado y avanzábamos codo con codo.

Supongo que sería por haber empezado pasado de revoluciones, pero la segunda tachuela se me hizo más larga y Corral me dejó atrás antes de llegar al Playabonita; aun así, del grupo delantero, que ya comenzaba a dispersarse, se fueron descolgando corredores.

Al primero que cogí fue a Victoriano, al que animé a pegarse y tras el avituallamiento, donde di un buen buche a una botella de agua, alcancé a otro corredor mientras trataba de dar caza a un grupo de atletas del Torremolinos.


Llegando al avituallamiento, seguido de cerca por Victoriano

Me encontraba ya más fuerte, casi diría que espoleado por el escozor entre los dedos, que en subida no notaba pero en bajada escocía; poco a poco iba acercándome al grupo, al que decidí atacar en la tachuela previa al Casino.

Conozco muy bien la zona y sabía lo que quedaba, así que me propuse apretar un poco antes del giro en el Sunset, para coger a Corral, intentar pegarme a su ritmo y a la vuelta, si podía, tirar yo de él, y si no, intentar no descolgarme.

Dimos la vuelta y rápidamente lo alcancé, pero o yo estaba más fuerte de lo que pensaba o Corral estaba en un momento de bajón, ya que no tardé mucho en sobrepasarle.

Por un lado de la carretera íbamos cruzándonos los corredores que llegaban al giro y los que ya nos dirigíamos a meta, animandonos mutuamente, y por el otro lado escuché una voz conocida... ¡era Miguel, mi tutor de prácticas de siempre del Acapulco!

Verle me alegró muchísimo, y entre que me estaba viniendo arriba por encontrarme tan bien en la vuelta a meta y los ánimos me entraron ganas de meter una marcha más.

Pero aun quedaban algo más de 4 kilómetros para llegar a meta, y como escuchaba pasos cerca y sabía que Fernando López Sevilla venía pisándome los talones, lo animé a pegarse.

Apreté un poco en la bajada, con el objetivo de evitar el escozor en los dedos cuanto antes, y en la subida ya lo notaba un poco más lejano, así que, en vista de que tenía fuerzas, mantuve el ritmo en la pendiente.

Al coronar la cuesta vi a lo lejos la zona de giro de la prueba de 5 km, que discurría en paralelo a nosotros, y a lo lejos, dos corredores, uno de ellos un viejo amigo del Torremolinos.

Estaban muy, muy lejos, pero sin quitar la vista de ellos y esquivando a los corredores de la prueba de 5 km que ocupaban todo el carril (no fueron demasiados, pero aun así hubo bastantes), aprovechaba la subida a las tachuelas para ir cogiendo referencias, y en las bajadas alargaba la zancada.

Parecían estar muy, muy lejos, pero poco a poco los fui teniendo a tiro.

Una vez subida la que pensaba que sería la penúltima cuesta me puse justo tras ellos, ya con la meta a la vista, y entonces me entró la duda... ¿se llegaba directamente o había que hacer más distancia? 

Me parecía haber leído que había que dar la vuelta en otra rotonda, y la distancia por el GPS no me cuadraba, pero Corral y otros corredores me habían comentado antes de la salida que la llegada era directa a meta.

Cuando afrontábamos la última subida se lo pregunté a los dos corredores que llevaba a la par, pero ninguno respondió, al contrario, aumentaron el ritmo, así que decidí lanzarme tras ellos.

El corredor de Torremolinos tenía una potencia enorme para estar en el km 9 ya y el otro corredor se quedó más atrás... ¡y como temía, no se entraba directo a meta!

Por un lado, los de la prueba de 5 km giraban a la izquierda y entraban pasada la meta en ella, por el lado contrario al sentido de la marcha, pero a los de 10 nos hacían bajar hasta la rotonda previa al arco que separa Fuengirola y Benalmádena, para volver a subir, cuesta arriba.

Tenía el corazón en la boca y la bilis me inundaba la boca por el esfuerzo, pero tocaba apretar un poco más...

Por el otro lado ascendía Álvaro Fernandez, el atleta del Nerja que se adjudicaría la victoria, y entre otros corredores que reconocí, a Bodo y a un corredor joven que me llamó la atención en la salida porque llevaba una camiseta de Spiderman... ¡y no veas como corría!

Bajé a todo lo que daban las piernas, giré, y afronté con toda la fuerza que me quedaba la (¡por fin!) última pendiente.

Fui animando a los corredores con quien me cruzaba, sobre todo a Corral, que ya intuía yo que no se esperaba esta bajada, y llegué a meta como una exhalación mezclándome con corredores de la prueba corta.

Paré el GPS, cogí agua, aquarius y una manzana y fui recuperando; posteriormente recogí mi ticket; ¡era el segundo corredor entre 17 y 25 años! "spiderman", con quien estuve charlando brevemente antes de coger el ticket había sido el justo vencedor.

Llamé a Mayte, ya que cuando el sol se nublaba hacía fresco y aunque en ese momento no sentía los pies sabía que después me escocerían aun más, y vino al rescate, como siempre.

La entrega de premios no se hizo esperar, por tandas, con trofeo para el primer clasificado y medalla para los demás.

Estuve charlando con Víctor, el alcalde, ya conocido por pruebas míticas como la Carrera del Pavo y especialmente el Reto 360º Solidarios, y cuando me quise dar cuenta me estaban llamando para subir al podio.

Me extrañó porque nos llamaron como corredores "hasta el año 92", y yo soy del 91, pero el nombre era el mío, eso estaba claro.

Saludé a y di la enhorabuena a los compañeros y recibí la medalla.


En la entrega de premios
Es curioso, ya que tengo 25 años, como indica la categoría del reglamento (de 17 a 25), pero soy del 91, este año cumplo 26; en esta segunda categoría hubiese sido primero, pero realmente me da igual, la experiencia con la que me quedo es la misma: excelente.

De hecho, ya en casa me di cuenta de que la medalla que tengo es la de la categoría femenina, si encuentro por Facebook a la segunda clasificada femenina y está de acuerdo, quedaré con ella para cambiársela, si no, tampoco pasa nada, como digo, lo importante es la experiencia.

¡Y hasta aquí la crónica! me despido con el resumen de la prueba, segunda mejor marca personal en 10 km pese al desnivel y mis comentarios sobre la organización.

¡Un abrazo!



Lo mejor

-Es de recalcar el ambiente en salida, meta y durante el transcurso de la prueba; una auténtica fiesta para toda la familia, con niños, abuelos, carritos de bebé... una mezcla muy bonita entre el corredor ocasional y el corredor semi profesional (obviamente menos abundante), en una jornada en la que todos disfrutamos.

-Fin benéfico, con recaudación a beneficio de Proyecto Hombre, una causa con la que creo que todos hemos estado orgullosos por colaborar.

-La sensación en el tempo de los eventos ha sido muy fluida, el speaker hizo que los momentos previos a la salida no se hiciesen pesados, el minuto de silencio a Pablo Ráez fue precioso, la salida fue puntual y la entrega de premios no se demoró.

A mejorar

-Creo que en la zona entre el giro a meta de los corredores de 5 km y la meta en sí debería haber habido algún voluntario separando a los corredores más lentos a un lado del carril y a los rápidos al otro, ya que en una ocasión he tenido que saltar bruscamente para no comerme a otro corredor, que se giraba, en esa zona.

-La aplicación de la prueba no me ha funcionado, no pude pararme a comprobar si se había iniciado o no y a posteriori vi que no se había guardado la actividad; esta tarde la bichearé con tiempo, pero me da pena porque me hubiese gustado haber subido el track nada más acabar la prueba.

-Para finalizar, pienso que aunque con un volumen tan elevado de corredores es complicado, se podría habilitar un servicio de "guardarropa benéfico" para futuras ediciones, ya que por un euro o dos que se pueden destinar a la causa, yo creo que la mayoría de corredores hubiésemos dejado al menos un bulto para correr más tranquilos, con ropa de abrigo, cartera, llaves...

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