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IV Carrera Urbana Arroyo de la Miel


Primera carrera tras los 101km en 24h y primera carrera que disputaría con calzado minimalista desde la pasada maratón de Madrid.

Solo había entrenado 14 kilómetros tras el ultra rondeño, íntegramente con las Fivefingers, en dos sesiones al comienzo de la semana, pero pese a no tener agujetas ni dolor, sabía que no llegaba "a tope".

Mi idea en la carrera era comprobar mi estado de forma a la vuelta de una semana en la que recorrí casi 160 kilómetros (la mayoría concentrados entre sábado y domingo), y descubrir como reaccionaba mi cuerpo ante ritmos altos.

No pensaba ir a por podio (como senior b sería muy difícil aun estando a pleno rendimiento), y como la carrera sería de varias vueltas en torno a un circuito, pensaba salir "reservón" y tratar de recuperar posiciones en las últimas vueltas.

Incluso barajé participar en la milla del circuito de carreras populares de Mijas, pero, dado que su salida tomaría lugar a las 11:00, no iba a llegar a tiempo para la salida de la carrera urbana, así que deseché la idea.

Tras desayunar, ligerito para lo que acostumbro (una sola tostada y un vaso de cantidad razonable de leche con cacao en polvo), recogí a Mayte, que pese a cumplir 21 años esa mañana quiso acompañarme a la prueba.


Mis compañeros del Club Atletismo Fuengirola habían quedado con antelación en Mercacentro, punto de encuentro para acudir a las citas deportivas, y cuando llegamos al Arroyo de la Miel llevaban rato allí.

Fueron a los primeros que vimos nada más llegar, con una comitiva bastante numerosa: Manolo, Rocío, José Luis, José Gutiérrez, Míchel, Javi, Cuesta y Desi.

Estuve charlando brevemente con Míchel, que reaparecía tras la lesión sufrida el 9 de Febrero en Calamorro.

Cuando Rocío me entregó la bolsa del corredor caí en la cuenta de que no había cogido imperdibles (la bolsa del corredor no traía), y al preguntar en la zona de recogida de dorsales me dijeron que se habían agotado (como en la XIX Carrera Urbana de San Pedro, eso me pasa por no llegar antes), pero me dejó el que sujetaba su acreditación como voluntaria.

Mientras pensaba de donde podría sacar los otros imperdibles (o uno más al menos) me encontré con Álvaro, que correría también la prueba pese a estar recuperandose de unas molestias, y pocos metros más adelante a David Picón, profesor de educación física del Villa de Mijas al que conocí hace unos años, cuando llevaba los equipos de fútbol del centro.

Me comentó que me había visto en la maratón de Málaga en diciembre (corrió 30 kilómetros acompañando a un amigo) y me dijo que me veía muy en forma; nos pusimos brevemente al día y nos sentamos a la sombra en las escaleras que guiaban al guardarropa.

Vi de lejos llegar a Bodo, un grande del atletismo que últimamente no está teniendo mucha suerte, con el que charlé un buen rato.

Qué diferencia entre correr cerca de casa y correr en otra provincia o comunidad autónoma, conocía al 90% de los corredores, aunque fuese de vista.

Decidí pasar por el baño, en cuya cola un corredor sacrificó uno de sus imperdibles para que, al menos, tuviese dos, un gesto que seguro que muchos se hubiesen pensado dos veces.

Ya a punto de acceder al cuarto de baño me encontré con Oliver, atleta al que conocí en la pista interior tras correr la media maratón de Málaga, con quien estuve charlando sobre los 101 y que me dijo que acabase cuanto antes, que estaba enganchado al relato y quería saber ya como acababa (si hubiese tenido tiempo podría haber relatado más de un capítulo diario, pero creo que el formato estuvo bien, si se hubiese contado todo de golpe habría perdido expectación).

Me despedí de Mayte y me dirigí a la zona de salida, para entrar un poco en "modo de competición" antes de comenzar la prueba.

Me encontré con Cristóbal, corredor con quien coincido cada vez en más pruebas (la última el Desafío Sur Torcal), con quien me saqué un par de fotos con su Gopro.



Estuvimos hablando sobre maratones de montaña y asfalto, sobre los 101, sobre el minimalismo, sobre los Chochinos Runners (Antonio, Javi y Pedro, vecinos de Cristóbal, a quienes me encontré en la meta de la Alameda del Tajo)...

Fueron conversaciones muy interesantes que hicieron que el tiempo previo a la prueba volase, nos echaron una foto de familia y pocos instantes estábamos formando tras la línea de salida.


Finalmente el recorrido sería el mismo que el de la anterior edición (ésta era la primera vez en la que participaba, así que no m eimportó en absoluto), pasando a ser la distancia 7,5 kilómetros, 5 vueltas a un circuito de 1500 metros sobre asfalto y mármol, con un par de tachuelas.


Dado que no pensaba salir a tope, sino reservar durante las primeras vueltas, salí relativamente desde atrás, proporcionalmente mucho más de lo que acostumbro.

Con un bocinazo comenzó la carrera, en la que comencé corriendo en zigzag y un poco a trompicones hasta que encontré un hueco por el que avanzar cómodamente.




José Luis y Manolo comenzaron a muy buen ritmo, sacándome unos 5-6 metros de distancia al llegar a los aledaños de la estación de cercanías, y manteníendola en la recta que precedía a la cuesta del Tivoli.

En esos primeros metros me notaba pesado, como si me costase más esfuerzo de lo normal avanzar, y notando las piernas bastante rígidas al subir la empinada cuesta del Tivoli, donde Manolo y José Luis, objetivos en la distancia, aumentaron su margen de ventaja.

En llano estaba bastante bien, pero en cuesta notaba aun el reciente esfuerzo de los 101.

Recuperé en el tramo que avanzaba a través de los aparcamientos del Tivoli, cuyo asfalto, muy erosionado, fue molesto al apoyar las Fivefingers sobre él.

Acorté la zancada en la posterior bajada, en la que Cristóbal me adelantó, animándome, y aunque sentía que en el posterior tramo de llaneo sobre mármol podría pegarme a él, el ritmo que llevaba era bastante alto y aún quedaba la mitad de la primera vuelta, así que mantuve el mío.

Subimos una pequeña cuesta con bastante público, que llegaba hasta el Burguer King, giramos a la derecha y enfilamos la tenue pendiente hacia meta, mientras Cuesta se ponía a mi altura.






Primera vuelta, que pasé cuando el crono de la organización marcaba 5 minutos 25 segundos.

Corría, por primera vez en mucho tiempo, sin GPS, música ni nada por el estilo, guiado tan solo por mis sensaciones, pero no puede evitar realizar un rápido cálculo mental para saber a qué rimo me movía.

La primera vuelta la pasé a un ritmo inferior a 3:40 minuto por kilómetro, por lo que, aunque me sentía cómodo, me obligué a frenar suavemente.

Una vuelta menos, se me había pasado en un suspiro, pero sabía que quedaban 4 y no me quería confiar.

Llegando de nuevo a la zona de Renfe, ahora atestada con niños y niñas vestidos de comunión y sus familias, Cuesta tomó un par de pasos de ventaja, pero retomé la posición en los dos giros, a derecha e izquierda, previos a la recta de la cuesta del Tivoli.

José Luis estaba perdiendo ritmo y Manolo volvía a estar visible en la distancia, de mantener el ritmo los alcanzaría pronto.

Ya estaba en mi salsa, había cogido el ritmo, desde que Cristóbal me adelantase ningún corredor más me había ganado la posición y estaba muy motivado.

Enfilé la cuesta del Tivoli con energía y decisión, dejando atrás a José Luis llegando a la cima de la misma.

Antes de completar vuelta y media había comenzado a doblar corredores, con el sonsecuente subidón de adrenalina.

Al estar ya "activado" no noté molestia alguna al atravesar los aparcamientos del Tivoli, donde alcancé a Manolo.

Bajando la cuesta vi a lo lejos a Cristóbal, al que, sin prisa, comencé a acercarme; aún quedaban 3 vueltas y media.

Fui recortando distancia en la zona de mármol, aunque, pese a que las Fivefingers iban agarrándose bien hasta el momento, cogía las curvas cerradas con precaución para evitar resbalar, reduciendo la velocidad ligeramente en las mismas.



En la subida al Burguer King alcancé a Cristóbal, entrando en la curva que llevaba a la recta de meta un par de metros antes que él.


Entré en la recta avanzando a la par con un corredor del que portaba la equipación roja del Atletismo Cártama, aunque en la llegada completó la segunda vuelta un par de metros por delante de mí.



Pasé por meta en 10:56, completando esta vuelta 6 segundos más despacio que la anterior.

Tercera vuelta, en la que ya no tenía "objetivo" por delante, así que me propuse mantenerme a pocos metros del corredor de Cártama y olvidarme del reloj por completo.

Me sacó bastante ventaja hasta llegar a la cuesta del Tivoli, donde, pese a notar ya la fatiga comenzado a pesar en mis piernas, subí a buen ritmo, recortándole varios metros.

En el parking del Tivoli mantuvimos la distancia, bajando me sacó unos metros más, y nada más llegar a la zona de mármol empecé a atacarle desde lejos.

Vi una camiseta del club desde lejos, y al acercarme di con Míchel "ánimo crack" y seguí adelante, cogiendo con precaución las cerradas curvas.

Subimos la ligera pendiente y giramos para llegar a la recta de meta.




Alcancé al corredor y me dejé de ir a favor de la pendiente; cuarta vuelta, una y esto se acaba.

A punto de cruzar por meta escuché "aquí vienen aquí vienen" y un intensificado clamor acompañado de varios bocinazos, cuando los responsables del cronometraje me dijeron que me echase hacia la izquierda; ¡Por poco me dobla el primero!

Seguí a lo mío y adelanté con el impulso que llevaba a un corredor joven con la equipación del Cuevas de Nerja, y comencé a desacelerar con vistas a la cuesta del Tivoli, que me costó subir.

Escuchaba gritos de "¡ánimo Antonio, vamos vamos!" y similar, y supuse que se trataba del corredor de Cártama.

Llegué arriba con fuerzas, recorrí a velocidad de crucero los aparcamientos y bajé con ímpetu.

Bajé un poco el ritmo en la zona de mármol para no chocarme con nadie al girar y poder entrar con un buen sprint a meta, que inicié nada más ver el Burguer King a lo lejos.

Había un corredor muy por delante mía, al que sabía que no podía alcanzar, aunque, aun así, lo intenté, mientras los gritos de ánimo a Antonio se intensificaban.


No adelanté al corredor que llevaba delante, pero lo di todo en el intento.


Alcancé al corredor que entró justo antes que yo a meta y le felicité por la carrera, volviéndome después para felicitar a Antonio, esperando encontrarme con el corredor de Cártama, pero me encontré con el joven muchacho del Cuevas de Nerja.

Me dejó anonadado, más mérito aún aguantar el ritmo que llevaba (y subirlo) en la quinta vuelta, con lo que empezaba a apretar el calor y lo que menguaba el desnivel.

Mientras recuperaba con la botellita del avituallamiento de meta, comenzaron a llegar los compañeros del club, Cuesta, Manolo, José Luis, Rocío... Ella campeona absoluta femenina una vez más, ¡de escándalo!

El ambiente post-carrera era fenomenal, estuve charlando con amigos y compañeros, recogí un bocadillo y una bebida en el tenderete que puso la organización... Inmerso en un ambiente extraordinario, es verdad que de entrada la prueba me pareció cara para la distancia, pero entre la bolsa del corredor y los servicios pre y post carrera veo que fue un precio adecuado.

Las sensaciones fueron buenas en mi primera popular desde marzo, que se dice pronto (la minimaratón de la Peña del Bastón), me vi algo pesado, sobre todo al principio, pero fui de menos a más, escuchando a mi cuerpo y disfrutando mucho.

A veces apetece "bajar del monte" y también descansar un poco de medias y maratones y volver a sumergirse en el atletismo más popular, donde lo importante, lejos de marcas y tiempos, es pasárselo bien.

Por si alguno tiene curiosidad, este fue mi resultado:


A modo de anécdota, me encontré con Ale, un compañero de universidad tras la prueba, que me pidió una foto (es algo a lo que no me acostumbro todavía, aunque, habiendo confianza, es más normal) y al que informé de la carrera solidaria del 8 de Junio en Fuengirola.


Es solidaria, participativa y con dos distancias, 5 kilómetros (participativa) y 10 (competitiva, cronometrada por dorsal chip), cuyos beneficios irán destinados a Cooperación con Honduras.

Llevo inscrito semanas, así que, salvo condicionantes extremos, ¡allí nos veremos!

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