Suscríbete para ser el primero en leer las novedades. ¡Es gratis!

Reto 360º Solidarios, etapa 5: Villanueva del Rosario-Cuevas Bajas

11/15/2015 08:00:00 a. m.



Sobre las 7 menos cuarto de la mañana, bastante más tarde que días atrás (hoy desayunaríamos en el albergue), desperté, tras una noche de sueño reparador sin interrupciones.

Bajé de la litera y me sentí fenomenal, ya que tenía dolores musculares similares a los del despertar de la segunda etapa, que hasta el momento era en la que mejor me había levantado.


Hoy, además, disfrutaríamos de una etapa no excesivamente larga y con un desnivel muchísimo menor al de cualquiera de las etapas previas, por lo que nada podía ir mal.

Cuando toqué el suelo, somnoliento, se me quitó el sueño de golpe... ¡estaba helado!

Probé a ponerme los huaraches, y tanto los modelos de Enix como los de Pies Sucios me abrochaban a la perfección; ¡ya habían comenzado a deshincharse los pies!

Me decanté por las Enix 100, me vestí y fui al baño, tiempo suficiente para decidir que hoy volvería a ir calzado... ¡volví tiritando y estábamos a cubierto y en una instalación perfectamente aislada!

Al ponerme las Skechers Go Run Ultra noté molestias en los empeines, así que me decanté por las Merrel Trail Glove 3, que a priori no daban problema.

Durante mi desayuno mi padre se empeñó en "bautizarnos" a todos, por lo que, sin rastro de sueño y con el estómago lleno, salimos de Albergue, todos enfundados en nuestros cortavientos.

La temperatura podía perfectamente rondar los 0 grados, lo que unido a la humedad del arroyo que cruzaba justo enfrente del edificio provocaba una sensación térmica devastadora (al menos para mi, acostumbrado a la TMA de 18º de Fuengirola).

Fuimos andando a la plaza del ayuntamiento, donde nos esperaban las autoridades y varios atletas voluntarios para acompañarnos hasta Archidona, primera parada de la jornada, y tras echarnos la foto que encabeza la crónica, nos pusimos en movimiento.

Nos acompañaba también, una comienzo de etapa más, mi padre, con quien compartimos varios kilómetros.

Al salir de Villanueva del Rosario cruzamos una corriente de agua, que sin yo saberlo, era el Guadalhorce, y poco después dimos con una ancha pista.

El desnivel era prácticamente nulo, la sensación térmica mejoraba (por el propio calor que desprendíamos, más que nada), y charlando sobre pruebas como la Gran Vuelta al Valle del Genal o Transgrancanaria, donde habían participado varios de nuestros acompañantes, comenzaron a sucederse los kilómetros.

La  mayoría de corredores nos acompañó hasta una de las rotondas de salida de la A-92, desde donde se despidieron de nosotros las autoridades locales, mi padre y otros acompañantes, continuando Paco, Pascal, dos corredores locales y un servidor.

Pese a encontrarme físicamente mucho mejor que otros días y llevar un ritmo muy "competitivo" (8 kilómetros y medio en la primera hora en camino), psicológicamente se me estaba haciendo duro el comienzo, por el frío en primer lugar, y por los paisajes en segundo, muy bonitos en los exteriores de Villanueva del Rosario pero ahora, siguiendo la A-92 entre llanos y campos de labor, algo monótono.

Conforme comenzó la ascensión y el sol comenzó a desperezarse fuimos quitándonos capas de ropa (la primera ya la llevaba mi padre de vuelta a Villanueva del Rosario), y poco a poco y casi hora y media después de ponernos en marcha, entré en calor.

En esta zona aun no se había comenzado a recoger la aceituna, es curioso como conforme avanzábamos en nuestra aventura íbamos pasando de zonas con olivos completamente vareados a otros que en breve se varearían.

Poco a poco el paisaje fue cambiando y tornándose más bello, con dehesas a ambos lados del camino y a lo lejos una gran arboleda.

Íbamos acercándonos ya a nuestro destino, que según nuestro guía, estaba a lo lejos, tras la arboleda que nos aguardaba en la distancia, zona que habían recorrido hacía unas semanas en el II Trail de Archidona.

El terreno se volvió más exigente, con cerca de un kilómetro de sube y baja antes de comenzar la penúltima subida de este primer tramo (la última sería la que nos llevaría a la propia Archidona), que ascendimos andando.

Cuando llegamos al punto más alto comenzó el descenso hacia la Hoz del Arroyo de Marín, un descenso casi vertical entre pinos que en durante los primeros metros fue muy divertido, pero entre el manto de agujas de pino y la escasa solidez del terreno pronto se volvió un experiencia bastante dura.


La pared que descendimos, con segmentos casi totalmente verticales

Los tibiales comenzaron a cargárseme, pero era peor bajar andando, ya que no paraba de derrapar, que trotando, aunque lo que comenzó como simple molestia muscular acabó siendo un dolor crepitante que me subió ambos tibiales a medio camino de finalizar.

El primero en llegar fue Paco, después, uno de nuestros acompañantes, en tercera posición llegué yo, y tras de mí el segundo de nuestros acompañantes y Pascal.

Aproveché el breve instante de bajada para masajearme ambos tibiales, bastante cargados, que me siguieron molestando durante un buen rato incluso al trotar a ritmos "facilones" en llano.

A mano izquierda quedaba una arboleda con un arroyo, que en algún punto debíamos cruzar, pero fuimos avanzando mientras charlábamos y cuando quisimos darnos cuenta, el último hito que habíamos visto era el del final de la bajada por el pinar.

Ya nos salía más "rentable" continuar que retroceder, y en cuanto pudimos vadeamos el arroyo y nos dirigimos a una casona derruida.

Detrás de ella parecía intuirse un sendero, al cual nos aproximamos campo a través durante el siguiente kilómetro, en el que ascendimos casi una centena de metros, llegando a la carretera y posteriormente, a la Calle del Gallardo; ya estábamos en Archidona.

Pedimos indicaciones al llegar a la rotonda de la Avenida de Andalucía, y nos desviaron a mano izquierda, pendiente a favor, hasta llegar a la barroca Plaza Ochavada, donde llegamos justo con la primera campanada que anunciaba las 11 de la mañana; imposible ser más puntual.

Durante el ascenso a la carretera me había olvidado de los tibiales, pero me dieron un par de calambrazos llegando a la Plaza Ochavadas, por lo que decidí tomarme con calma la pausa.

Allí nos esperaba la televisión local, las autoridades y los miembros del Club Archidona Gymrunning, que nos acompañaría durante el siguiente tramo.


Foto de familia a nuestra llegada
Tras las fotos reglamentarias nos dirigimos al interior del consistorio, donde nos tenían preparado el avituallamiento.

Nos tomamos un buen respiro, visité a Roca, comprobando aliviado que todo estaba en orden con el estómago y no me acordaba de los tibiales... ¡fenomenal!

Me entrevistó brevemente la televisión local, para no retrasarnos, y nos dirigimos al exterior, donde los miembros del Archidona Gymrunning nos hicieron entrega de un cheque a beneficio de la Fundación Cudeca.


Momento de la entrega del cheque
50 euros más destinados a la Fundación Cudeca

Foto de despedida, antes de poner rumbo a Villanueva de Tapia
Perfectamente escoltados por los corredores del Gymrunning salimos de Archidona por la esquina opuesta a la que habíamos accedido, siguiendo la Avenida Pablo Picasso hacia el polígono.


¡En camino!
El coche de apoyo de Mundorutas.com nos alcanzó y preguntó a los nativos sobre la ruta que seguiríamos; sería de onduladas lomitas por ancha pista, por lo que nos iría siguiendo.

Pascal, Paco y yo íbamos marcando el ritmo, y los compañeros archidoneses iban dándonos conversación y compañía mientras avanzábamos.

El paisaje, acostumbrado al montañeo y cambio de vegetación de las anteriores etapas, se me antojó algo aburrido, y además comencé a notar pinchacitos en ambos tibiales, sobre todo el derecho, en los tramos de bajada, aunque eran muy suaves.

Iba charlando con Paco sobre pruebas de triatlón, Ironman, Ultra Man y Ötillö (pruebas que combinan la natación y el trail running) cuando la molestia soportable tomó un cariz alarmante con una contracción súbita que hizo que se me secase la boca, pero como llevaba un rato necesitando ir al baño, aproveché para masajearme un poco la zona al terminar de orinar, mejorando bastante el dolor.

¿Qué me pasaba? había soportado ya más de 300 kilómetros, en etapas muchísimo más duras y con muchos problemas añadidos (falta de sueño, gastroenteritis, temperaturas mucho más elevadas...) y en una de las etapas más sencillas estaba sufriendo más que nunca.

Los kilómetros empezaron a hacerse más y más largos, y pese a estar en zonas perfectamente corribles nuestro ritmo medio escasamente bajaba de parciales de a 8 minutos el kilómetro...

En uno de los descensos, cuando el posterior dolor era solo molestia


Que mal me estaban sentando las "bajadas"...
Tras cruzar al otro lado de la A-92 nos separamos del coche de apoyo, que nos esperaba un kilómetro más adelante en un improvisado avituallamiento.

No tenía hambre ni sed, pese a no haber bebido ni comido nada desde Archidona; solo quería llegar a Villanueva de Tapia y descansar un poco...

Avancé andando unos pocos metros, pero me detuve al comprobar, horrorizado, como el dolor era hasta más intenso caminando que trotando.


El coche de apoyo, pisándonos los talones
Al retomar la marcha traté de ignorar por todos los medios el dolor; estábamos a poco más de 5 kilómeros de Villanueva de Tapia, no quedaba nada...


Aun así duré poco a la par de Paco, ya que la pendiente estaba horriblemente situada a nuestro favor hasta prácticamente donde alcanzaba la vista... que irónico, en cualquier otra situación ello hubiese sido una delicia para poder estirar las piernas.

Me coloqué entre los últimos corredores, que escoltaban a Pascal, que, sin prisa pero sin pausa, parecía correr casi sin esfuerzo pendiente abajo.

No pude ni pensar en acercarme a Paco y el resto de compañeros hasta que prácticamente estábamos en Archidona, ya con la pendiente en contra, que pude ascender sin atisbo de dolor.

Vimos a mi padre al final de una larga cuesta, animándonos, y hacia el trotamos, girando a la derecha en la Avenida de la Constitución para dejarnos caer hasta el ayuntamiento.


Llegada a trote vivo al Ayuntamiento de Villanueva de Tapia

Con el equipo de apoyo y los compañeros del Archidona Gym Running, ya que nadie nos aguardaba aquí
Supuestamente recibiríamos avituallamiento en Villanueva de Tapia, y unos nativos le habían comentado al equipo de apoyo que sí, que "algo había", pero que por la mañana estuvo el equipo de gobierno en el ayuntamiento y ya se habían ido todos.

Bueno, en la mayoría de municipios nos habían proporcionado avituallamiento sobrado que traíamos en el coche de apoyo, junto a lo que Pascal, Paco y yo habíamos traído de casa, así que improvisamos nuestro propio avituallamiento.

Tras despedirnos de los compañeros de Archidona me encontraba bastante mejor, del tibial izquierdo sin problema, pero el derecho lo tenía bastante rígido, y al extenderlo o flexionarlo me pinchaba en la mediación de la pierna.

Pese a que personalmente había estado arrastrándome (y sin duda, lastrando el ritmo) durante varios kilómetros, habíamos llegado casi media hora antes de lo previsto a Villanueva de Tapia, lo que me daba mucha tranquilidad de cara al resto de la jornada, sabía que se me iba a hacer eterna.

Terminamos el almuerzo sentados sobre el maletero del coche de apoyo y nos dirigimos a Villanueva de Algaidas... o eso intentamos.

Pedimos referencias a los nativos mientras el GPS de Paco pillaba señal, ya que no había hitos de la Gran Senda de Málaga por ningún lado, y tras despistarnos un par de veces, uno de los lugareños al que habíamos preguntado vino a nuestra busca en coche.

Nos indicó que siguiésemos por la carretera cuesta arriba hasta la A-333, y allí girásemos a la izquierda hasta encontrar el camino.

Nos plantamos en la carretera, desierta, con el sol ahora sí cayendo a plomo sobre nosotros, y decidimos trochar hacia arriba para ganar visión sobre el terreno.


Hete aquí el recorte que le pegamos al terreno...
Tras casi 4 kilómetros de ascenso, andando, y con las piernas bastante cansadas pese a no haber afrontado prácticamente apenas desnivel durante la jornada (en comparación a las previas), comenzó el descenso, donde nada más cambiar la inclinación vi las estrellas...

De repente me di cuenta de que la opresión de las Merrel y las medias de compresión posiblemente tenían que ver con el dolor, así que me descalcé, notando un alivio instantáneo, me quité la media derecha, y me volví a calzar, dejándome los cordones poco apretados.

El alivio era considerable, podía incluso volver a trotar, pero a poco que avanzamos... de nuevo un dolor inmenso me bloqueaba la piernas.

Decidí descalzarme totalmente en la pierna izquierda, por un tramo que discurría a la sombra de los olivos y estaba mojado (por desgracia), por lo que se me heló el pie al momento, pero casi mejor, ya que la sensación de frío de la planta del pie me ayudaba a evitar pensar en el tibial, bastante contracturado.

Contacté con el equipo de apoyo para que me trajese unos huaraches, los primeros que pillasen, ya que pese a que iba mucho más cómodo ahora era molesto, estaba apoyando mal y finalmente sobre cargaría otros grupo musculares.

No tardaron en aparecer los chicos de Mundorutas.com y mis padres (gracias mil, como siempre), y me pasaron un par de huaraches.

Había esperado demasiado y estaba totalmente acalambrado, pero, ¿que podía hacer sino continuar?

Entre terribles dolores, cada vez yendo a más, llegué a un punto en el que no era capaz de andar si quiera, y debía usar los bastones a modo de muletas y arrastrar, literalmente, la pierna, con el pie, inservible debido al fuerte dolor, que me llegaba hasta el cráneo, colgando.

El ritmo llegó a subir hasta casi los 20 minutos el kilómetro, y a 2 kilómetros de Villanueva de Algaidas vino mi padre, montado en el todoterreno de un lugareño, a auxiliarnos.

Traía avituallamiento y ánimo, que realmente me hacía falta, y cuando alcanzamos a Paco decidimos parar a descansar, ya que, pese a que físicamente no estaba cansado, no era ya capaz ni de andar.

Paco me dio un masaje con Réflex en gel que me alivió bastante, pero ya era tarde... el tibial se marcaba a lo largo de toda su extensión, como queriendo salir del músculo, y el roce del mismo con la vaina paso a paso era insoportable.

Casi 22 minutos tras la parada y apenas 2 kilómetros después, decidí esperar a que el coche de apoyo me recogiese y me acercase a Villanueva de Algaidas, con todo el dolor de mi corazón.

Aguantándome las ganas de llorar y la impotencia llegué a Villanueva de Algaidas, donde tampoco había preparada recepción por parte del consistorio local; casi mejor, lo último que quería era que me viesen en ese momento de debilidad...

Mis compañeros Raúl y Rafa pidieron hielo en un bar cercano al ayuntamiento y me lo apliqué en el tibial, que me ardía tanto por dentro que apenas notaba el frío, y me dispuse a comerme una tableta de chocolate entera, sin miramientos; después de tantos días teniendo cronometrado el tiempo para comer me daría el lujo de disfrutar de uno de mis vicios favoritos...

A los 20 minutos llegaron Pascal y Paco; no sabía como mirarles, y traté de, al menos, acompañarles hasta la salida de Villanueva de Algaidas, pero ahora que me había enfriado no era capaz ni de mantenerme en pie; quería desaparecer de la faz de la tierra.

Le entregué el GPS a Paco, tragándome mi herido orgullo, y les deseé suerte en el camino hacia Cuevas Bajas.

En coche tardamos apenas 10 minutos, y esperamos en el bar de la entrada del pueblo donde debíamos recoger las llaves del albergue municipal; Pascal y Paco llegaron una hora y 10 más tarde, con la noche encima, escoltados por el coche de apoyo.

Mientras tanto, uno de los parroquianos del bar que comprobó el estado de mis tibiales, se solidarizó con mi dolor y me regaló un bote de Physiorelax, que me unté vigorosamente por todo el tibial, notando una mejoría a los pocos minutos.

Habían bajado por la carretera, haciendo 9 kilómetros (no sabía por donde habrían tirado, pero tenía el track para verlo a posteriori), por lo que eran 12 los kilómetros que me había dejado atrás en la etapa.

Solo esperaba que a la mañana siguiente fuese capaz de, al menos, andar... Pascal y Paco podían adelantarse para no dejar colgada ninguna recepción en los avituallamientos, pero yo, aunque fuese a gatas, estaba dispuesto a recorrer todos y cada uno de los kilómetros que me quedaban por delante.

La llegada al albergue nos supuso una sorpresa mayúscula, ya que parecía estar completamente ocupado... y nuestro contacto en Cuevas Bajas no respondía a las llamadas.

Decidimos colocar nuestras pertenencias en la parte baja del hostal e ir duchándonos mientras veíamos qué hacíamos.

Nuestros compañeros de albergue, dos peregrinos del Camino Mozárabe de Santiago (al pensar que estaban solos habían ocupado todo el espacio de la planta superior), entraron mientras íbamos duchando, nos conocimos y nos organizamos sin problema ninguno.

Empleé todo el tiempo que pude bajo la ducha (unos 20 minutos, para racionar el agua caliente) haciendo cambios de agua gélida a agua hirviendo, "regando" ambos tibiales, pero sobre todo, el derecho, y salí con una cojera ya disimulable.

Mucho más animado y antes de salir a cenar, nos echamos la foto de grupo de final de etapa.


Paco, un servidor, mi padre, Rafa, Pascal y Raúl
De camino al bar donde cenamos Paco me animaba comentándome que solía ser habitual en este tipo de retos multietapa que aquella que consideras más sencilla sea precisamente aquella en la que te lesionas, ya que vas con la musculatura muy dañada y el más mínimo esfuerzo a poco que te confíes puede tensar de más la cuerda... lo importante ahora era descansar y cruzar los dedos para que la cuerda no se hubiese roto...

Tras la cena nos dirigimos al albergue, nos repartimos las camas (en esta ocasión dormiría en la parte baja de una litera) y nos fuimos a dormir, al igual que en la jornada anterior, bastante "temprano".

Di muchísimas vueltas en la cama, pero finalmente, el sueño acabó por llegar.

Así finalizó la quinta etapa del Reto 360º Solidarios...



You Might Also Like

0 comentarios