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Reto 360º Solidarios, etapa 10: Casares-Ojén

11/20/2015 08:00:00 a. m.


De tan exhausto que estaba casi no había podido conciliar el sueño, dando tumbos a uno y otro lado de la cama y casi cayéndome sobre la de Pablo en más de una ocasión, por lo que cuando sonó el despertador no me costó nada de trabajo ponerme en pie de un salto y bajar a desayunar; ya casi lo estaba esperando.

Avisé a Rafa, de Mundorutas, que venía ya en camino, y me dispuse a desayunar las sobras de la pizza de la noche anterior.


Poco después de acabarme la primera porción bajó Pablo, y después se incorporaron Paco y Pascal.

Mientras desayunaban fui recogiendo mis cosas y bajando todo hacia la puerta de la casa rural, y en cuanto Rafa llegó nos dispusimos a meterlo todo en el coche, casi preparados ya para partir.

Otros días se nos había hecho algo más tarde, pero hoy sabíamos que afrontábamos una etapa brutal, que debía haber acabado en Marbella, y ya habíamos llegado muy justos de fuerzas a Casares en la noche anterior; y hoy tocaría también trasnochar...

El cambio de temperatura con respecto a otros días había sido increíble, de hecho, más de uno salimos con el cortavientos puesto y nos dimos la vuelta a los 100 metros, ya que, sin hacer calor, la temperatura era muy agradable, y nada más salir el sol aumentaría considerablemente.

Una vez estuvimos listos nos tomamos la foto que encabeza la crónica y nos dispusimos a partir.

Cogimos la carretera para salir del pueblo, pero al llegar al Puerto de la Cruz, a poco más de un kilómetro en las afueras, paramos un momento para que Paco buscase señal con el GPS, ya que no veíamos otra opción, de momento, que seguir la carretera.


Si alguien me preguntaba, "estaba bien", ya que podía moverme de forma autónoma, pero el cuerpo estaba al límite...
Fuimos avanzando por el margen derecho, aguantando para que los músculos no estallasen tras el titánico esfuerzo de bajar las últimas rampas (especialmente el cortafuegos) de la noche anterior, algo que Pascal y yo acusábamos especialmente, ya que nos costaba ir a 7 minutos el kilómetro, aun con pendiente a favor...

Después de 45 minutos y 7 kilómetros aproximadamente por fin encontramos el GR-249, ya con el sol brillando con fuerza sobre nosotros, y mientras avanzábamos hacia el Arroyo Vaqueros, con Sierra Bermeja observándonos en la distancia, nos encontramos con varios compañeros del Club de Trail de Sierra Bermeja, que al igual que en la tarde anterior, venían a acompañarnos y guiarnos.

Vinieron como caídos del cielo, ya que dudábamos bastante con la señalización, y de hecho, nos dijeron que había un tramo al que no había que "hacer caso", ya que se llegaba por otro sitio que ellos conocían y donde volvían a aparecer hitos.

Estaba muy cansado y no procesaba con claridad, así que ante la opción de dejarme llevar no cabía opción; dimos algún rodeo inicial, pero cogimos carretera nuevamente y de seguro recortamos algún kilómetro a la previsión, mientras charlábamos con nuestros acompañantes sobre la marcha del reto e intercambiábamos presentaciones y anécdotas.


Con nuestros guías, marchando hacia Sierra Bermeja
Otros compañeros del Sierra Bermeja nos localizaron sobre la marcha, y mientras que algunos de los primeros tenían que darse la vuelta en breve, los nuevos nos relevaron, despidiéndonos de nuestros primeros acompañantes de la jornada en el polígono a los pies de Sierra Bermeja.

Por lo visto nos habían estado buscando por la parte del GR por la que habíamos trochado, pero finalmente dieron con nosotros.

Dejando atrás el polígono y el vertedero comenzamos un escarpado ascenso y poco a poco fuimos ascendiendo hacia Sierra Bermeja.


En pleno ascenso

Escarpados y bellos panoramas con la costa al fondo...
Nunca hasta al fecha había podido recorrer Sierra Bermeja, como tantas otras que me faltaban en la provincia, pero gracias al reto pude internarme en decenas de ellas.

Esta en concreto me encantó, me recordaba muchísimo a mi sierra "particular" (Sierra de Mijas), con las vistas de la costa al fondo, la temperatura estival (a más de uno le sobraba hasta la camiseta) y el escarpado terreno.

Los compañeros del Sierra Bermeja nos estuvieron contando cómo había ido el acondicionamiento, señalización y transcurso del I Trail de Estepona, y mientras Paco y Pablo se adelantaban, Pascal, los compañeros del Sierra Bermeja y yo nos colocamos en la retaguardia.

Estuvimos en la distancia, acusando el calor de la jornada y la dureza del terreno, pero disfrutando de las vistas, la conversación y la compañía.

Nos encontramos con ellos en un recodo donde un río formaba una poza, en la que Pablo aprovechó para refrescarse, y retomamos la marcha juntos, hasta que los hitos desaparecieron y tuvimos que afrontar un vertical descenso en campo a través que nos tomó varios minutos.


Menos mal que los compañeros del Sierra Bermeja conocían el terreno, si no seguimos buscando el sendero...
Una vez llegamos a la MA-8301, tras 18 kilómetros, se nos presentaba una disyuntiva: continuar por el GR-249, un camino más largo y técnico, o seguir la carretera hacia Estepona, donde nos esperaban los compañeros del Estepona, con José Juárez a la cabeza.

Íbamos ya muy tocados, pese a llevar apenas 5 horas de camino (en comparación con las jornadas previas, de hasta 14 horas), pero con las centenas de kilómetros que llevábamos a cuestas, nuestras capacidades comenzaban a mermarse, por lo que elegimos carretera.

Fueron casi 9 kilómetros de descenso hasta llegar a Estepona, donde esperamos a Pascal, sufriendo de forma palpable pero luchando como un jabato, y tras avisar a José y Rafa, nos dirigimos hacia el exterior del colegio donde nos habían preparado el avituallamiento.


Llegando al primer avituallamiento de la jornada


Con los compañeros del Sierra Bermeja, Estepona y las autoridades

Grandísimo avituallamiento en Estepona
Allí nos encontramos con Josemi, mi compañero de trabajo, Rafa, de Mundorutas, y el grandísimo avituallamiento que nos habían preparado, con geles, barritas, fruta, agua, isotónica... todo lo que podíamos necesitar y más.

Llegábamos con bastante retraso, así que avisamos a los compañeros de San Pedro.

Los corredores de Estepona relevaron a los del Sierra Bermeja, y tras avituallarnos, retomamos la marcha.

La temperatura era totalmente estival, nos sabíamos casi al final del largo camino que habíamos empezado el día 11 en Fuengirola, pero nuestras fuerzas menguaban por momentos.

Pedro, del San Pedro, nos guiaba, e íbamos en modo supervivencia, por encima de 10 minutos el kilómetro pese a ir en llano y sobre asfalto.

Mi cuerpo se derrumbaba, pero mi alma se negaba a caminar a menos que fuese necesario... lo que, por "suerte", acontecía cada pocos minutos, para reagruparnos en los sucesivos cruces.

Charlábamos sobre ultras, carreras, correr... ya había perdido la cuenta de cuantas veces había repetido algunas anécdotas durante el transcurso del reto, pero cualquier cosa con tal de distraer la mente del monótono "tap-tap" de mis huaraches golpeando el suelo zancada a zancada.


Un a nueva anécdota, relacionada con mi padre y una pancarta en Villanueva del Rosario
Rafa se iba reuniendo con nosotros cada vez que la autovía se lo permitía, pero pasada la playa de Los Granados tuvimos que pasar al otro lado de la autovía temporalmente.

Pascal decidió retirarse, y tras volver a la zona derecha de la calzada al pasar Parque Antena, Rafa lo recogió.

Nos despedimos en un momento muy emotivo, y ahí comenzó uno de los momentos más duros del reto...

Hasta ese punto, pese a estar físicamente destrozado, estaba más o menos a la par con Pascal, agradeciendo muchísimo las paradas o los tramos andando para reagruparnos; ahora era yo, en solitario, el cierre del grupo, y llegábamos tarde, por lo que de mi dependía el ritmo.

Pasamos a establecer un ritmo de 7:30-8 minutos el kilómetro, pero sufriendo cada zancada...

Me animó muchísimo el llegar a la Atalaya de Isdabe, municipio donde mi abuelo materno, que en paz descanse, pasó sus últimas semanas, ya que se encontraba en fase terminal de Alzheimer, al que estuvimos visitando todos los fines de semana durante varios meses.

Ahí me supe casi en casa, aunque aun quedaban más de 100 kilómetros por delante...

Nos reagrupamos todos, acompañados por los compañeros del San Pedro, en la Repsol, com Toni, Ágata, hija de Pedro, Rafa, Pascal... hasta un periodista, Julio, de Onda Cero, también deportista, que ya me había entrevistado antes de comenzar el reto.

4 largos kilómetros después realizamos una nueva parada, en el Polideportivo el Arquillo (donde, de entre todo el avituallamiento, destacaba el arroz con leche casero de Ágata), sede del San Pedro Atletismo, y tras recuperar y ser brevemente entrevistado, nos despedimos de los compañeros que allí se quedarían (como el gran Javier Carretero, que buscaría mínima para los JJOO en Sevilla), y nos dirigimos a Costa Jump, para saludar a los colaboradores del reto en persona.

Fue una parada breve, (alguien echó una foto, pero no recuerdo quién y no he conseguido localizarla), pero en cuanto terminamos, el nutrido grupo que formamos en San Pedro (al que se unieron Fran y Juane Viegas y Daniel Blanco, entre otros), pusimos rumbo a Marbella, descendiendo por el Rio Guadaisa.


Gran foto de Fran, tomada mientras montaba en MTB

Inmejorable compañía y apoyo... ¡me daban la vida!
Con la caída de la tarde me animé bastante, ya que aunque seguía igual o más cansado que durante el resto del transcurso de la etapa, en general, al llegar a las Playas del Duque y con 50 kilómetros ya a cuestas, establecimos una velocidad de crucero de alrededor de 7:30 minutos el kilómetro.

Llegó un punto en el que más que hablar escuchaba, y mientras atravesábamos Puerto Banús me asombraba por la determinación de Pablo y Pascal, que acudirían mañana a Jarapalos, Pablo a competir, tras recorrer varias centenas de kilómetros con nosotros desde que se incorporase a la marcha en Campillos, y Paco como corredor escoba, recorriendo cada paso del reto con nosotros desde el mismo inicio... ¡y yo no veía la hora de llegar a Sierra Blanca para poder ascender a Ojén y descansar!

Gracias a Dani, que iba frenando a los compañeros más frescos, el ritmo no acabó del todo conmigo, y aunque fuimos recorriendo el camino del albero del paseo marítimo a un buen paso, llegué con ganas al ascenso por el Arroyo Guadalpín.

Un periodista nos esperaba en la puerta del Palacio de Ferias y Congresos para tomar una foto nuestra, y de ahí continuamos hacia el Polideportivo Paco Cantos, donde se supone que habría montado un avituallamiento, pero no hubo ni rastro... no obstante, una gran multitud se había congregado para recibirnos, y eso me animó enormemente.


Enorme el apoyo de los clubes locales en esta etapa, supliendo el apoyo institucional, que brilló por su ausencia en Marbella
Nos echamos muchas fotos, y gracias a los compañeros del San Pedro Atletismo y Mundorutas, pudimos avituarnos antes de ascender a Sierra Blanca.

Pese a que iría a Jarapalos con su padre al día siguiente, Juane decidió acompañarnos, junto a Daniel, que no se podía perder el tramo Marbella-Ojén vía Sierra Blanca (no os perdáis la pedazo CxM que organizan cada año en febrero, más información aquí).

Sin desmerecer en absoluto a Sierra Bermeja (quiero volver descansado, para explorar a fondo sus senderos), el mejor tramo de la jornada (y el más duro), estaba al llegar... por Sierra Blanca.

Subimos por la Urbanización del Higueral cruzando la autovía, y tras despistarnos momentáneamente, subimos hasta la misma entrada del Arroyo Guadalpín por el mismo camino de la I CxM Sierra Blanca.

Nunca había corrido de noche por esa Sierra, y si ya es abrupta durante el día (puede correr alguien a 2 minutos de distancia y no verlo pese a estar al lado), de noche habría que poner todos los sentidos.

Por suerte, una luna casi llena y Daniel, una de las personas que mejor se conoce la sierra (con permiso de Dolores, presidenta de Mujeres en las Veredas), nos guiaban.

Todo estaba tal y como recordaba, las piedras, las rocas, los troncos, las... ¿balizas?

Me sorprendieron mucho y me planteé ir desbalizando (no sería la primera vez durante el transcurso del reto), pero pregunté a Dani y me respondió de forma un tanto enigmática que eran para una prueba que se estaba celebrando.

Paco se retrasó un poco para ir a mi par y me preguntó si sabía algo de Mujeres en las Veredas, un grupo de mujeres increíbles que se dedican a abrir veredas y mantener las existentes, desbrozando, limpiando... y organizando eventos para dar a conocer la maravillosa sierra que debería abrirse paso entre las postales de playa en Marbella, como jornadas de senderismo o micología.

Fue decirlo y ver un frontal a lo lejos... ¡con un avituallamiento de varias de estas compañeras!

Parecía que estaba en un sueño, ya que entre el sueño y el agotamiento que tenía, el aspecto misterioso de Sierra Blanca de noche, los sucesivos avituallamientos que nos íbamos encontrando y las balizas que guiaban nuestros pasos algo no cuadraba...

Los integrantes de Mujeres en las Veredas no podían correr por mi, pero me habían allanado (literalmente) el camino para que mi paso por su sierra fuese lo más placentero posible.

Habían limpiado, quitado piedras, desbrozado, señalizado... y además me estuvieron esperando en varios puntos clave para avituallarnos con productos caseros (como una deliciosa leche de arroz o frutos secos) e incluso acompañarnos... ¡Hasta Dolores en persona!


Servidor, Dolores y Paco, de izquierda a derecha

Mis pies, a casi mitad de camino de la cumbre
¡Enorme el grupo de Mujeres en las Veredas!
El último trozo, desde la despedida de los miembros de Mujeres en las Veredas hasta Ojén fue eterno... llegué a echar varias cabezadas mientras avanzaba (me daba miedo callarme por si me dormía y me caía, ya que tuve varios tropezones al cerrar brevemente los ojos), mientras trataba de localizar en qué punto del ascenso nos encontrábamos.

Los jabalís habían destrozado algunos de los senderos, así que fue el tema de conversación predominante durante un rato, posteriormente, la nueva edición del CxM Sierra Blanca, y después la montaña en general.

En el paso por el arroyo, ahora seco, me supe casi en Ojén, pero se me hizo eterno, a un ritmo de casi 20 minutos el kilómetro, recorrer los 3 últimos kilómetros hasta el Polideportivo de Ojén, donde pasaríamos la noche.


¡Meta! tras 70 kilometrazos y más de 4000 metros de desnivel acumulado
A Pablo lo acogerían Fran y Juane y lo llevarían a Jarapalos, así que, con el coche de apoyo ya descargado, gracias a Rafa y Pascal, fue llegar, ducharnos, inflar los colchones y echarnos a dormir, con todo el cuerpo acalambrado, desde las pestañas hasta los meñiques.

Mi novia, Mayte, me alegró la noche con un mensaje que decía "no eres consciente nene, pero ya lo tienes. Ya lo has logrado".

Fue una noche muy breve, de sueños recurrentes en vigilia en los que tropezaba sin cesar en una oscura montaña que trataba de ascender para escapar de algo... 

Al amanecer, nos pondríamos en marcha; por última vez...

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