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Reto 360º Solidarios, etapa 9: Benaoján-Casares

11/19/2015 08:00:00 a. m.


Me levanté para ir al baño en mitad de la noche, y me encontré la cama vacía al volver; pensé que mi padre no se habría acostado aun, pero poco después, sonó el despertador.

Me vestí, organicé las cosas, y bajé al vestíbulo, pero ninguno de mis compañeros, ya en pie, había visto a mi padre.


Probé a llamarlo al móvil, pero estaba en el salón, sobre el sofá; ¿dónde se habría metido?

Tras un buen rato esperando decidimos irnos a buscar algún lugar abierto para desayunar, ya que tenía la llave de la casa rural, ¡y justamente al salir por la puerta, nos lo encontramos de frente!

No podía dormir y se había ido a dar una vuelta por Benaoján, al trote, lo que había llamado la atención de todos los perros del pueblo y de la Guardia Civil, que también había comenzado temprano su jornada.

Ya había localizado un bar abierto, y mientras nos contaba sus peripecias mañaneras, nos dirigimos a él.

El desayuno fue el típico del reto desde que me encontraba bien con el estómago: un mollete tostado con aceite y tomate, elección de Pablo, oficialmente "secuestrado", Pascal y Paco.

Lo terminamos y nos dirigimos al ayuntamiento directamente para comenzar la jornada, ya que entre los compañeros de Mundorutas.com y mi padre terminarían de cargar los últimos bultos en el coche.

Los concejales comenzaban a llegar al consistorio, y decidimos echarnos una fotografía con Bartolo, hoy de "paisano", que horas atrás nos acompañó en el trayecto de Ronda a Benaoján, que podéis encontrar al inicio de la crónica; tras pedir referencias, nos pusimos en movimiento.

Cogimos la comarcal de salida del pueblo, giramos a la izquierda al llegar al Hotel Molino del Santo y tras cruzar sobre los railes del tren en el paso a nivel, nos internamos en el recorrido de la Marcha de la Cueva del Gato, a la inversa.

Notaba que mi cuerpo comenzaba ya a acusar el desgaste de las largas etapas del reto, ya que pese a bajar con precaución, los tibiales amagaban continuamente con acalambrarse, y me quedé el último en la primera bajada, hacia el sendero del río.

Con el Guadiario de testigo a nuestra derecha y recorriendo mentalmente el terreno antes de que mis piernas me transportasen sobre él, fui ganando confianza conforme la temperatura se iba incrementando, y tras quitarme la última capa ya iba a la par con Pascal; Paco y Pablo estaban un poco más adelante, pero en los tramos llanos nos poníamos a su altura, perdiendo algunos metros cuando el terreno variaba en altura, que no fueron muchas en ese tramo

Pablo nos comentaba la buenísima experiencia que había vivido este año en la I edición de la Jimera Tres Trails, cuya última prueba transcurría precisamente por el sendero que atravesábamos en ese momento.

Intercambiando las experiencias en la Marcha de la Cueva del Gato y en la Jimera Tres Trails, tras poco más de hora y 20, recorrimos los 8 kilómetros que separaban la Estación de Benaoján de la Estación de Jimera de Líbar, primera parada de la etapa.

Pablo conocía un ascenso al pueblo, no recordaba si de la primera o segunda prueba de los Tres Trails, y ascendiendo por una enorme rampa de cemento de cerca de un kilómetro, llegamos al pueblo, bien puntuales.

Llegamos a una plaza que pensábamos que era del ayuntamiento, pero unos lugareños nos comunicaron que se había desplazado, y efectivamente, en la puerta del nuevo ayuntamiento encontramos al equipo de apoyo de Mundorutas.com y a las autoridades locales, que nos esperaban con un avituallamiento en la puerta del consistorio.


Primera parada, en Jimera de Líbar
No nos detuvimos excesivamente en Jimera, pero dado que al transcurrir por el Valle del Guadiario el sol aun no nos había saludado esa mañana, me quedé congelado.

En el camino hacia Jimera el desnivel había estado prácticamente todo el rato a nuestro favor, pero ahora se iban sucediendo suaves lomitas mientras recorríamos tramos donde el camino se intuía entre la hierba y tuvimos que vadear algunas corrientes de agua, como el Arroyo de Atajate, donde me resbalé y metí los pies hasta el fondo (algo menos de la espinilla), congelándome los dedos de los pies y teniendo que parar para secármelos, ya que el sendero estaba en diagonal y el pie se me deslizaba contra los huaraches.

Fuimos adentrándonos en el Cortijo de las Dehesas, y tras cruzarnos con varios rebaños de cabras y ovejas y por primera vez desde el comienzo del reto, nos encontramos con un rebaño bovino, entre el cual y bajo la atenta mirada de algunos toros, nos echamos algunas fotos.


Ovejas y cabras, testigos de prácticamente cada etapa del reto

¿No os sentís observados...?

Echa rápido la foto, que el miura no nos quita ojo...
Tras cruzar la siguiente corriente, el Arroyo Judío en este caso (y seco), y mientras Pablo y Paco comentaban experiencias realizando barranquismo (Pablo ha trabajado como monitor en el sector), comenzaron las primeras pendientes en contra de la jornada.

Atravesando varias alambradas el paisaje fue poco a poco cambiando, adentrándose en territorio bandolero en ocasiones, y con Cortés de la Frontera aguardando en la lejanía, aunque en esta ocasión no nos dirigiríamos allí.

Con el sol ya dejándose caer y disfrutando de una temperatura muy agradable completamos el ascenso y volvimos a bajar nuevamente, encontrando algunos mensajes de ánimo para los bandoleros, y balizas en algunas zonas, pero al acercarse el fin de semana decidimos no quitarlas, no sea que estuviésemos desbalizando alguna prueba.

Desde Laguna Honda tuvimos que echar a caminar, buscando el camino hacia el paso de montaña que nos aguardaba y que todavía no terminábamos de ubicar, y llegamos a una alquería preciosa, típico diseminado de postal que perfectamente podría haber sido un pueblecito suizo del cantón de Zug o Luzern, la Alquería Siete Pilas.

Allí paramos brevemente para beber agua y rellenar nuestros depósitos, pero pese a que me parece recordar que echamos alguna foto de las casitas, no he podido encontrar ninguna.


Imagen de archivo de las siete pilas que dan nombre al asentamiento
Ya se acercaba la hora a la que teníamos previsto llegar a Benalauría, y nos quedaban varios kilómetros de ascenso por una pendiente embarrada, así que avisé al equipo de apoyo de Mundorutas.com de que previsiblemente llegaríamos con retraso, justo antes de continuar la marcha.

Ascendimos 500 metros en 5 kilómetros empleando algo más de media hora, con un tramo final de zetas bastante duro, en el que nos encontramos bajando a un nativo que tenía una casa en Siete Pilas; bajaba con un pantalón vaquero y una camisa blanca de manga corta abierta, lo que teniendo en cuenta el vientecillo que soplaba en el Puerto de Benalauría y la sombra, indicaba lo bien adaptado que se encontraba al entorno.

Tras el ascenso comenzó una bajada brutal hasta Benalauría, y en vista de que llegábamos ya tarde, avisé a mi compañero José Miguel, natural de Jubrique y que hoy estaría apoyándonos en algunos de los pueblos de paso, y de nuevo, al equipo de Mundorutas.

Pascal y Pablo se adelantaron sin dificultad, pero comenzaba a notar los tibiales tremendamente agarrotados, así que frené el ritmo todo lo posible; Pascal debía estar sufriendo el mismo problema, ya que cuando me giré para ver por donde venía lo encontré varios metros más atrás, trotando en bajada con ayuda de los bastones para irse frenando.

Probé a andar, para esperarlo y dar descanso a las piernas, pero el simple hecho de aguantar de pie en la pronunciadísima pendiente era más doloroso que continuar, así que, ayudado con los bastones, fui descendiendo metiendo cadera a izquierda y derecha para intentar alternar grupos musculares.

Alcancé a Pascal y Pablo algunos minutos más tarde, donde el sendero se unía con la carretera, y aproveché para ir al baño mientras Pascal llegaba; una vez reunidos, bajamos juntos por la carretera de acceso a Benalauría, hasta la plaza del pueblo, donde nos estaban esperando hacía ya un buen rato...


Llegada a Benalauría

Saludando a las autoridades locales

Foto de rigor

Con mi compañero Josemi
La jornada estaba siendo más dura y más larga de lo que preveíamos (al menos yo), así que aprovechamos para avituallarnos en uno de los bancos de la plaza, mientras buscaban a los estudiantes del cole local para que viniesen a saludarnos.

Les habían hablado de nosotros y de nuestra iniciativa, habían investigado qué era la Fundación Cudeca y habían estado bicheando mi blog; como maestro que soy es todo un honor que piensen en nosotros como referentes, me sentí profundamente halagado.

Nos echamos varias fotos con los peques, pero por respeto a la privacidad de los menores he preferido no colgar ninguna.

Una vez estuvimos listos avisé a Rafi, corredora del Sierra Bermeja que nos esperaría en Genalguacil, de nuestra posición, y tras despedirnos de Josemi y de Raúl, de Mundorutas.com, salimos del pueblo en dirección al Valle del Genal.

En la salida del pueblo encontramos el cartel de la Gran Senda de Málaga, que calificaba este tramo de una forma muy curiosa...

No sabíamos muy bien a qué hacía referencia lo de etapa de "emoción", pero nos resultó curioso
Desde la señal descendimos casi 200 metros en 2 kilómetros hasta llegar a la veredilla, y comenzamos un rápido descenso hacia el Valle del Genal mientras Pablo nos comentó su experiencia en la prueba, en la que se proclamó campeón promesa de Ultra Trail pese a realizar el trazado íntegramente andando.

Pese a contar con el GPS de Paco nos perdimos en un par de ocasiones, realizando varios metros de más que pesaron mucho, tanto por la dureza del terreno (con tramos de más de 200 metros descendidos en un kilómetro, a veces por canutos donde apenas cabía un pie) como por la paliza que llevábamos ya encima.

Fue un tramo donde sufrí mucho, y tuve la primera caída del reto, ya que al apoyar los bastones en uno de los canutos casi verticales se me fue un pie y caí de culo durante un par de metros, hasta que pude frenarme con el otro bastón y la rodilla derecha, que se me quedó pinzada a causa de la súbita contracción.

Durante algunos metros avancé con una breve cojera, sufriendo muchísimo hasta llegar al final del canuto, pero después una vez que entró en calor de nuevo el dolor quedó más distante.

Una vez que llegamos al fondo del valle y el terreno se hizo más corrible el tramo fue muchísimo más llevadero, con un paisaje espectacular que fue descubriendo ante nosotros setas de todo tipo, alcornoques, quejigos, multitud de castaños, pinos resineros...

Inspeccionando algunas de las setas que encontrábamos por el camino

Un tamaño enorme... como muestra, mi pie de 26,5 centímetros...
Comenzamos a charlar sobre micología mientras avanzábamos por un bosque de galería por el que colgaban helechos, enredaderas, e incluso zarzas... ¡y una de ellas casi me arranca una oreja!

Al girarme para ver por donde venían mis compañeros, discurriendo por un sendero precioso y totalmente cerrado, de repente mi buff salió volando, noté una laceración aguda en mi oreja izquierda y al tocarme con la mano me empapé con varias gotas de sangre.

Paramos para buscar el buff y tras comprobar que mi oreja seguía en su sitio aproveché para ajustarlo en torno la oreja con ánimo de parar la pequeña hemorragia, de apenas unas gotas ya.

Bastante mejor ya desembocamos en la comarcal, desde donde continuamos hasta el Puente de San Juan.

Entrando en el término municipal del pueblo de mi compañero, Josemi

Nos tomamos con más calma este tramo, disfrutando de la flora y fauna de uno de los rincones más bonitos de todo el reto, el paraíso escondido del Valle del Genal, realmente increíble en otoño.

Con la oreja aun un poco dolorida

Preciosos senderos, que nada tienen que envidiar a los alemanes 

Nuestro compañero Paco, haciendo amigos

Precioso ejemplar, no sabemos si salvaje o no, pero suelto estaba dándose un paseo

Si señores... ¡esto está en Málaga!

Las Pasarelas del Genal, un entorno único

Con el Genal a un paso, en plena naturaleza

Esos momentos se me quedarán grabados para siempre en la memoria

Cuando el Genal no es más que una pequeña corriente
Los hitos de la Gran Senda estaban bastante dispersos, pero al ir siguiendo el margen del Genal no había riesgo de pérdida; lo que si notamos en este tramo fue que las indicaciones de distancia no estaban bien medidas, ya que desde La Escribana el hito indicaba algo más de 2 km hasta llegar a Genalguacil, cuando al final superaron los 4.

El ascenso fue muy duro, por unos canutos estrechos y empinados, donde Pascal comenzó a quedarse.

Paco se ofreció a rezagarse un poco con él mientras Pablo y yo ascendíamos, charlando sobre la CxM Faraján, que según me comentaba, si no pasaba por esos mismos canutos eran realmente parecidos.

Durante el trayecto encontramos un madroño, donde nos entretuvimos cogiendo frutos hasta que Pascal nos alcanzó, y ya reagrupados, continuamos ascendiendo.

Excelente avituallamiento en el madroñal
Paco y Pascal completando el ascenso por el canuto

Según el GPS debíamos haber legado a Genalguacil hacían ya más de dos kilómetros, y aun no había ni rastro... hasta que de repente, ascendiendo por un carril a media ladera, apareció ante nosotros, a poco más de un kilómetro.

Imagen que nos echó Raúl desde Genalguacil
Fuimos intercalando la carretera con el PR-A240 hasta el Mirador del Lentisco, donde ya cogimos la carretera hasta el pueblo.

Debíamos acceder al ayuntamiento, y como siempre que llegábamos a un pueblo, empezamos a mirar por si veíamos algún nativo al que pedir direcciones; por suerte, Genalguacil fue el único municipio donde el trazado de la Gran Senda de Málaga estaba señalizado en el interior del pueblo.

El trazado que unía las etapas 27-28 del GR-249 estaba marcado con losetas de cerámica en Genalguacil
Llegamos en un momento al ayuntamiento, donde nos esperaban Raúl, Josemi, Rafi y las autoridades locales.

Recibimiento en Genalguacil, donde nos avituallamos a placer
Estuvimos un buen rato recuperando en el abundante avituallamiento de Genalguacil, donde teníamos hasta tabletas de chocolate a nuestra disposición para recuperar, además de agua, fruta, bebida isotónica, bocadillos...


Tras recuperar y ponernos al día nos dirigimos al exterior de Genalguacil, preparados para afrontar el último tramo

Foto de despedida en la última baldosa del GR en Genalguacil
Salimos de Genalguacil a buen paso, charlando con Rafi sobre el transcurso del reto, dejando atrás las umbrías laderas del valle del Genal y el increíble bosque caduco que esconde para internarnos en este tramo en las pistas forestales de bosque mediterráneo que iba anticipando nuestra llegada a la costa, 9 días después de comenzar el reto.

En el Arroyo de la Pasada me rezagué un poco para ir al baño, cogiendo al grupo algunos minutos después, y fuimos ascendiendo por un sendero a media ladera mientras el sol se iba ocultando en el horizonte conforme los kilómetros iban quedándose atrás. 

Las vistas de las sierras al otro lado del Genal

Comienzo de la puesta de sol

Pocos minutos después...

Algunos minutos más tarde...

Y otros más...
Se nos echó la noche encima bajando hacia el rio, donde nos encontramos con otros compañeros del Trail Sierra Bermeja, Juan Serrano y Juan José Vargas (inicialmente había subido Jody, otro corredor, pero ante nuestro retraso tuvo que volverse) que habían subido para acompañarnos, pero como había mucha luna aguantamos todo lo que pudimos sin sacar los frontales.

En pocos días tendríamos luna llena
El trayecto fue bastante duro, sobre todo para Pascal y para mi, que ya en la bajada al arroyo comenzaba a renquear por culpa de la rodilla que me había aplastado en la caída, pero en subida íbamos bastante bien.

Mucho mejor
El peor tramo con diferencia fue la bajada hacia el arroyo Zaharanes por el cortafuegos, donde tuve varios resbalones y llegué destrozado de los tibiales, pero al sabernos cerca de Casares aguanté y mantuve el ritmo todo lo que pude.

Peor iba Pascal, muy cargado ya el pobre, así que disminuimos el ritmo (desde mi punto de vista me vino hasta bien) y continuamos más andando que trotando por el Monte del Duque, donde escuchamos ruidos un tanto extraños, procedentes de un jabalí que merodeaba por la distancia.

Merodeando por el monte... ¡estábamos para vernos!
Cuando llegamos al Puerto de las Viñas y vi Casares en la distancia me animé bastante, y alcancé a mis tocayos y Pablo, que lideraban el grupo, y estuvimos charlando por el descenso, que realicé en zigzag para descansar los maltrechos tibiales y la rodilla, mientras esperábamos a los compañeros que se habían quedado un poco más rezagados.

Nos reagrupamos cerca del mirador, y entramos juntos por Calle Montes, donde una enorme multitud aguardaba nuestra llegada y nos recibió con aplausos en unos minutos muy emotivos; hacía más de 13 horas que habíamos salido de Benaoján, pero por fin estábamos en nuestro destino.

Últimos metros, llegando ya a la plaza

¡Mayte me estaba esperando!

La recepción en Casares Pueblo... ¡de película!
Nos esperaban Mayte y mi suegra, los padres de Pablo, Raúl, las autoridades...

Foto de familia con los compañeros del Sierra Bermeja
Juanjo nos cedió la casa rural que él mismo había edificado para que descansásemos esa noche, pero la recepción se alargó un poco, así que antes, pasadas ya las 10, nos despedimos de los compañeros del Sierra Bermeja, que tanta compañía, guía y apoyo nos habían brindado en el tramo final de una etapa que fue mucho más dura de lo que me podía imaginar en un principio.

Una vez nos despedimos de todos nos encaminamos a la casa rural, donde Raúl tuvo que dar mil y una maniobras para encajar el coche, descargar y darle la vuelta, y fuimos a buscar algún lugar para cenar mientras nuestro compañero iba a buscar una camiseta de recuerdo.

En principio íbamos a traernos la cena, pero llegamos a una pizzería cercana donde estábamos calentitos y nos sentamos, así que fue imposible no cenar allí.

El pizzero además era apicultor, y Pablo aprovechó para comprar un litro de miel, muy bien de precio además.

Llegamos ko a la casa, pero aun quedaba ducharnos y organizar las cosas para el día siguiente...

Lo preparé todo lo más rápido que pude, mis compañeros me cedieron el primer turno en la ducha, y en cuanto repartimos cuarto, que hoy compartiría con Pablo, caí muerto en la cama.

Así finalizó la novena etapa del Reto 360º Solidarios...




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